Tradueix

25 de gener 2020

Dos artículos interesantes

Recomendamos a nuestros lectores estos dos interesantes artículos publicados sobre laicismo y libertad religiosa:



LEVANTE - El mercantil Valenciano

El laicismo como prueba de coherencia política





eldiariocv.es

Mónica Oltra y la libertad religiosa

por Raquel Ortiz, colaboradora de Valencia Laica

24 de gener 2020

Las Iglesias Cristianas Sí Odian a los Homosexuales

por Víctor Salmerón
Licenciado en filosofía

«La primera tentación de Cristo» es una película de comedia que ha desatado una controversia definitivamente asombrosa, tanto así que «ha unido a más de 2,2 millones de personas» que han firmado una petición en Change.org pidiéndole a Netflix que retire la cinta de su catálogo y pidiendo una disculpa del grupo «Porta dos Fundos», grupo de comedia brasileño creador de la película, pues afirman que han «ofendido seriamente a los cristianos» (Medina, 2019).

Tres cosas han hipostasiado los cristianos al personaje de Jesús, especialmente aquellos con extremo conservadurismo:
Primero, ese sujeto, siempre que sea posible, es pensado como un Europeo, y si ese no es el caso, al menos tiene que parecerlo; y pues como es de esperarse, por ser Europeo, tiene que ser blanco; no porque sea el único color de piel que allí exista, sino porque es el que más se ha universalizado y con el que las iglesias identifican a Cristo.
Segundo, por lo que a la constitución corporal respecta, lo piensan como esbelto, un sujeto bien proporcionado.
Tercero, casi siempre se lo imaginan como un individuo absolutamente gazmoño, a saber, que habla a solas con Dios, que se comporta y se viste de manera estrafalaria y como un fabricador de milagros. Resulta obvio pues que sin esos atributos le será muy difícil a un cristiano imaginarse a Cristo.

Los cristianos han hipostasiado tales atributos a la persona de Jesús por dos razones fundamentales:
Primero, la Iglesia Católica así como las evangélicas se han dedicado por siglos, empezando quizá con Pablo de Tarso, fundador real del cristianismo, con gran dinamismo a enseñar al Jesús teológico, o sea el mítico; y un Jesús teológico sí es una construcción ideológica; por tanto su historia teológica ya no corresponde a la realidad. Los teólogos de la liberación intentaron señalar esto, pero la persecución de la iglesia ortodoxa-burguesa no se hizo esperar, enmudeciéndoles así su grito de honradez.
Segundo, producto de la desfiguración histórica que ha hecho el cristianismo oficial del Jesús histórico, aquellos poseen una profunda ignorancia de aquél. Sí. Una investigación seria sobre el Jesús histórico reduciría o curaría, se cree, la virulencia que la cinta de Netflix está causando en las cabezas de los líderes y feligreses cristianos más ortodoxos.

Hay muchos atributos que los cristianos no consideran como dotados de hermosura y por tanto no aplicables al personaje de Cristo. Lo negro, por ejemplo, no ha sido visto como algo bueno en el terreno religioso cristiano; es asociado con el diablo o el mal. Un Cristo negro, en consecuencia, no sería bien visto por los cristianos conservadores. Pero lo que les resulta más abominable es el que Cristo sea personificado como un homosexual y con una pareja. Para la mayoría de jerarcas y cristianos conservadores la sola idea de pensar que Jesús podría haber sido gay les parece de naturaleza aberrante y monstruosa.

La hipótesis de que Jesús haya podido ser un homosexual es, desde una perspectiva teológica —que es una construcción ideológica— inverosímil, pero desde un punto de vista estrictamente histórico no lo es. Como se podrá notar si se lee la biblia detenidamente y con sentido crítico, las principales figuras del mundo hebreo, a saber, los patriarcas, los jueces, los profetas y los líderes religiosos no eran célibes. El Dios judío tal como se dice en el génesis, ordenó a los primeros humanos que poblaran la tierra (Génesis 1:28). Es más, la falta de simiente era vista, en el mundo hebraico, como una maldición. El celibato no era, pues, una práctica común entre los judíos. Esto forzosamente genera la interrogante del porqué —si es que es cierto lo que los biógrafos dicen de él— de la soltería de Jesús. El celibato es una práctica muy antigua, en el hinduismo y el budismo es donde esta idea se puede apreciar de manera más clara, pero quien la popularizó a escala global fue la Iglesia Católica.

Una de las principales máximas de Cristo, que la hizo muy famosa mientras vivía, fue que se debería amar al prójimo como a nosotros mismos. Sin embargo, las iglesias cristianas con su actitud pueril demuestran que esa sentencia es imposible que sea vivida y practicada de manera plena en sus círculos; su intolerancia con las personas que no se ajustan a sus moldes o que los exceden es, sin duda, poco humana. Todo el furor que ha desatado esta producción satírica, muestra la poca caridad de las iglesias cristianas hacia las personas homosexuales.

Lo que ha originado todo este fanatismo cristiano no es pues el que se haya presentado a un Jesús de heterodoxa y extravagante actitud, sino el hecho que se le haya presentado como un homosexual activo y con pareja. Los cristianos no están dispuestos a aceptar tal cosa, su intransigencia a respetar esta idea muestra que ellos, por más que lo nieguen, sí odian a los percibidos en sí diferentes; pues no resisten el que se les compare a su máximo líder con una persona gay. Pues algo de naturaleza inferior no debería ser comparado con Cristo. Con su reacción, poco evangélica de hecho, la piedad cristiana y su supuesto amor por el prójimo caen por el suelo. No son los ateos, agnósticos, librepensadores y humanistas seculares sus máximos detractores; son ellos mismos y su actitud incoherente. Y si Jesús en realidad, suponiendo que haya sido el caso, era homosexual, ¿cuál es el problema? ¿Le resta tal cosa importancia a su humanidad? Al parecer, para los cristianos, sí. Y después dicen que aman a todos, bueno.

De todo lo que se está generando en torno a esta producción una cosa se debería enfatizar: las iglesias cristianas casi nunca han estado a favor de las víctimas, como no lo estuvieron en el pasado, tampoco hoy se debería esperar lo contrario. Las víctimas sólo son el medio para que ellos puedan justificar la razón de su innecesaria existencia.


Bibliografía:
Medina, P. B. (2019, Diciembre 19). CNN Español. Retrieved from ¿Un Jesús gay? Millones de personas piden a Netflix retirar esta parodia brasileña sobre la vida de Cristo:
https://cnnespanol.cnn.com/2019/12/19/un-jesus-gay-millones-de-personas-piden-a-netflix-retirar-esta-parodia-brasilena-sobre-la-vida-de-cristo/

02 de gener 2020

Barbarie de la creencia

León Moraria


“Es más fácil bombardear el núcleo de un átomo,
que erradicar una creencia”.
ALBERT EISTEIN.

Nada mejor para comenzar un nuevo año que festejar la libertad de la mente de la servidumbre de la creencia. Libertad que día a día atrae a más adeptos, feligreses que abandonan religiones y sectas para declararse librepensadores, materialistas o ateos.

Al ateísmo se llega por propia y libre convicción, por cuanto no hay preescolares ni escuelas ni universidades que lo enseñen. Tampoco tiene templos, curas o pastores que lo prediquen. Ni periódicos, emisoras de radio o canales de TV que propaguen ideas ateas. El ateísmo nunca ha participado de guerras para imponerse ni está enfrentado a quienes predican y creen en la existencia de dioses. No ocurre igual con las religiones que han impuesto sus creencias por medio de la guerra. El emperador Constantino, fundador del cristianismo, lo impuso por medio de la guerra y desde entonces hasta el presente, no ha parado. Continúa con el oscurantismo de la Edad Media durante 500 años; sigue con Carlomagno para fundar su Imperio Romano Cristiano de Occidente bendecido por el Papa; Las 12 Cruzadas durante 200 años al Medio Oriente para asesinar sarracenos; las Cruzadas del Papa a Lombardía, Languedoc y Carcassone para asesinar herejes; las guerras campesinas de Alemania; la evangelización de América y el genocidio de 70 millones de aborígenes; el decreto papal que condenó a la esclavitud a los pueblos de África; y como trasfondo de esta historia de crímenes, el horror de La Inquisición. De no haber impuesto el cristianismo el oscurantismo que identifica a la Edad Media, los grandes adelantos científicos y tecnológicos del siglo XXI, hubieran ocurrido hace 500 años con Leonardo da Vinci, Giordano Bruno, Copérnico, Galileo y la pléyade de maestros del Renacimiento.

Cada religión inventa su propio Dios. En esa vitrina de dioses ¿Cuál será el verdadero? ¿El del hinduismo, judaísmo, islamismo, catolicismo, protestantismo, testigos de Jehová, mormones? Cada religión dice, “mi Dios es el verdadero”. ¿Una verdad que tiene varias explicaciones es verdad? Elemental argumento para demostrar que Dios no existe. Quien afirme lo contrario tiene la carga de la prueba, por cuanto las inexistencias no se demuestran.

Para conocer el origen y evolución de Dios no hay que acudir a las culturas actuales (religiones), sino, a la ciencia antropológica, a la evolución del homo sapiens. Dios es el invento surgido de la ignorancia y primitivismo propios del hombre del Paleolítico que no tenía como explicar, conocer, entender los fenómenos de la naturaleza (lluvia, nevadas, frío, calor, día, noche, viento, terremotos, erupciones volcánicas). A esos fenómenos les atribuye movimiento, animatismo; luego les inventan un ánima, animismo; luego los pinta en la roca o los tallan en madera con forma humana, totemismo. Proceso evolutivo que conduce al politeísmo y monoteísmo. Aterrorizado por su invento, cae de hinojos, le ofrece sacrificios de aves, corderos, doncellas, niños, para aplacar su ira, hacerse grato y pedirle perdón. ¿Por qué hacerle sacrificios al propio invento? Eso no es inteligencia ni sabiduría, es imbecilidad. ¡Liquídelo y problema resuelto! Es lo que hace el librepensador, materialista o ateo y consigue tranquilidad y felicidad.

Ateísmo es la actitud que se asume para liberar la mente de la barbarie de la creencia. La única libertad posible que el hombre puede disfrutar a plenitud está en la mente, que sólo puede ser libre si expulsa el perro guardián de la creencia que nos colocan desde la niñez por la educación en el hogar, en la escuela y ¡horror! en la universidad que se autodenomina “Madre de la Ciencia”. Las pretendidas libertades que el hombre pueda desear están sometidas a la necesidad. Nada escapa a la necesidad (comer, dormir, vivienda, vestido, salud, aborto, trabajo, etc.). Es la gran tirana. Sólo el pensamiento como función cognitiva (cognoscere = conocer) de la mente, escapa a la tiranía de la necesidad.

Para hablar de libertad, primero hay que liberar la mente de la servidumbre de la creencia, del “perro guardián”. Es un necio quien habla de libertad y permanece atado a la creencia de dioses o prohibiciones religiosas. La única libertad posible que el hombre puede disfrutar a plenitud, sin frenos ni cortapisas, está en la mente. No existe otra libertad.

Ciencia y religión no pueden armonizar por cuanto son ámbitos diferentes. Se considera ciencia lo que puede explicarse por un procedimiento a seguir, llamado Método Científico. Religión es toda disquisición mítica (teológica) que se alimenta de leyendas narradas en textos conocidos como “sagrados” (Biblia, Corán, Talmud, Torá, Veda, Mormón; cada religión inventa su libro sagrado). La Ciencia pertenece al ámbito de la Razón y la religión al ámbito de la Fe, que es ciega por cuanto niega la racionalidad.

El cerebro no se hizo para creer = Fe
El cerebro se hizo para razonar = Ciencia      

La teología la inventaron los sacerdotes egipcios que oficiaban en los templos dedicados a los numerosísimos dioses que adoraban. Desde Akenatón hasta el presente, el monoteísmo ha sido derrotado. El politeísmo de la antigüedad impera en el mundo actual, por cuanto cada religión tiene su Dios y cada región sus creencias y apariciones. Hace 12 mil años, el hombre cruzó el estrecho de Bering (Alaska) y se expandió por gran parte del continente. Otro grupo llegó por el océano Pacifico, desde La Polinesia. Durante 11.500 años en América no hubo aparición de vírgenes, ángeles ni cristos. Pero, desde hace 500 años, con la evangelización de los curas doctrineros, hay epidemia de vírgenes y aparecidos en cada país, región y lugar. A cada país le colocan su virgen aparecida: Guadalupe, Chiquinquirá, Coromoto (la única sentada), Luján, etc. Y cosa curiosa, sólo se le aparecen a un “indiecito”.

El Bien y el Mal son conceptos teológicos que no tienen nada que ver con la naturaleza, en la cual, nada es bueno o malo, todo es útil. Pero el Bien y el Mal sirven para sembrar el temor, (terror) por el premio o castigo en el más allá. El mundo de las religiones no está aquí, sino, en “el más allá”, que ofrece dos posibilidades: premio (cielo) o castigo (infierno). Para ir al cielo hay que practicar la virtud, concepto creado por los filósofos griegos, cuya práctica proporcionaba satisfacción personal, concepción que el cristianismo tergiversa, pervierte al transformarla en premio. Practicar la virtud para satisfacción personal no es lo mismo que, para recibir un premio, eso es chantaje. Pero, así funcionan las religiones, sus prédicas tienen ribetes de chantaje.

Dios es el Ser Supremo, inventado por las religiones, dotado de máximos poderes: omnipotente, omnipresente, omnisciente y eterno. Supremo hacedor del mundo. Decide todo, tanto el temblor de la hoja movida por el viento, como, la erupción del volcán que produce el terremoto o el tsunami. Le atribuyen el poder de haber “creado de la nada la luz y todo lo que existe en la Tierra y en el Cielo”. El aforismo científico dice, De la nada, nada adviene. Dios sirve para todo. Los creyentes lo invocan para todo. Ordena el Bien o el Mal a su antojo. Si ordena realizar la maldad, luego castiga al que ejecuta la orden. Para eludir el castigo, las religiones inventaron el perdón. “El que peca y reza empata”. Es el burladero que se le ofrece al que actúa mal, para que evite el castigo. Pero, el perdón no existe. Si el perdón existe ¿Para qué Infierno? Si el Infierno desaparece, el andamiaje teológico se derrumba. Si no hay Infierno ¿Para qué Dios? El Infierno es lo que le da vigencia a Dios, que necesita del mal para existir, de la misma manera que las religiones necesitan de los pobres, de su ignorancia, de su credulidad, de sus necesidades ¡Acabad con la pobreza y las religiones se quedan sin feligreses! Es por eso que el Papa habla de la “Iglesia de pobres para pobres.” La pobreza hay que mantenerla, hay que preservarla ¡Bienaventurados los pobres! Labor cristiana cumplida a cabalidad por Lula, Chávez, Ortega, Mújica y ahora toma el testigo, López Obrador. El cristianismo tiene 1700 años - desde que lo fundó el emperador Constantino - compadeciéndose de los pobres, y en todo ese tiempo ningún pobre ha dejado de serlo, todo lo contrario, la pobreza aumenta en la misma medida que el crecimiento demográfico. ¡Quién se va a acordar de Dios en un mundo de bondades!

El ateísmo es la actitud personal de mayor crecimiento en el mundo. El socorrido lugar común, “Si Dios quiere”, no es la afirmación de Dios, es el permanente cuestionamiento de ese Dios que se invoca. “Si Dios quiere” es una frase condicional, dubitativa, que cuestiona el poder que el creyente le atribuye a su Dios. Es duda que implica negación. Por ahí comienza el ateísmo. Cada quien lleva en la conciencia el germen del ateísmo, es por ello que las religiones deben realizar cada día actos, ceremonias, invocaciones para recordarle a los feligreses que Dios existe. Los musulmanes, desde el alminar (“minarete”) de las mezquitas, cinco veces al día llaman a orar. Igual ocurre con las sectas y religiones cristianas, tienen campanas para llamar a los feligreses a sus templos, para asistir a misas y cultos (prédicas, rosarios cotidianos, antropofagia de la comunión, catecismos), actos acompañados de la lectura repetitiva, empalagosa de pasajes y versículos de sus libros sagrados. Si cómo dicen “Dios es la verdad” ¿Por qué esa verdad hay que invocarla, repetirla cada día, cada hora, cada minuto? ¿Por qué hay que recordársela a los creyentes por todos los medios de difusión posibles? Se cumple el aforismo de Goebels “la mentira repetida mil veces se transforma en verdad”. A pesar de esa prédica, recordatorio constante, cada día más y más feligreses abandonan las religiones y sectas. La redundancia de invocaciones, la sobresaturación de lecturas bíblicas (evangelios, pasajes, versículos) no cumplen el propósito. El feligrés permanece en la creencia por temor, no por convicción. No cree en Dios, cree en la creencia que Dio existe.
En Francia, en 1981 el 70% de la ciudadanía se declaraba católica. Hoy, sólo el 50% y, de este porcentaje, sólo el 50% cree que Dios existe. En España el 80% de la población se declara católica, pero asisten a misa semanalmente, 10 millones, o sea, la cuarta parte de la población. El 55,5% de españoles con estudios superiores creen en Dios, pero el 43,7% no rezan nunca. El 80% de los españoles se declaran católicos, pero, el 75% de los nacidos desde 1970 se declaran poco creyentes. El Vaticano habla de 1.200 millones de católicos en el mundo. Si le aplicamos los porcentajes anteriores, el catolicismo si acaso llega a la mitad (600 millones). Hace 50 años, el 90% de la población de Latinoamérica era católica. Hoy, esa cifra debe estar reducida a la mitad, por el creciente auge de las sectas evangélicas y protestantes, financiadas desde Estados Unidos por las iglesias y por la CIA. Más el crecimiento de librepensadores, materialistas y ateos que en varios países se han organizado y fundado Uniones o Asociaciones de ateos (Venezuela: ULMAVEN2016@gmail.com).
En Colombia en un programa de TV referido al tema de la existencia de Dios, se constituyó un jurado con Fiscal (ateo), Defensor (arzobispo), Juez, Jurado y testigos. Se escenifica el juicio y al final se consulta a los televidentes para que expresen su veredicto. Resultado de la encuesta: 90% dijo Dios no existe; y sólo el 10% afirmó su existencia.
En Estados Unidos el 80% de la población se declara cristiana y están convencidos que la Biblia es historia, en consecuencia, consideran que las leyendas allí narradas ocurrieron, son ciertas: el paraíso de Adán y Eva; el Arca de Noé; el Sol y la Luna que se detienen en la batalla de Jericó; Jonás tragado por la ballena; Sansón y los filisteos, etc. Como seguidores de la Biblia - El Destino Manifiesto - sus gobernantes cometen toda clase de genocidios en los países que invaden, e internamente ocurren masacres de niños en escuelas, de jóvenes en universidades o de civiles en centros comerciales. Invasiones, genocidios y crímenes inspirados en “el libro más letal, la Biblia. (Terry Eagleton).
En Venezuela el ateísmo tiene sus raíces sembradas en el propio nacimiento de la República. Miranda, Bolívar, Sucre, Manuela, Simón Rodríguez, que pertenecían a logias masónicas, en consecuencia, ateas. ¿Cómo alguien puede declararse bolivariano si desconoce la esencia del pensamiento de los próceres de la independencia? Bolívar era librepensador, jacobino, republicano, liberal, materialista y ateo. Nuestra condición de República Laica no tiene discusión. El mayor empeño debe estar en rescatar el laicismo del Estado y de las instituciones públicas, hundidas en la barbarie de la creencia.

26 de novembre 2019

Breu història d’un llibre

La rebuda del llibre «L'Església immòbil» entre els catòlics italians
per Marco Marzano

Crec que puc dir que el meu llibre “L’església immòbil. Francesc i la revolució fallidaˮ té com a mínim el mèrit de tenir una tesi molt neta i decididament a contracorrent, dividida en dues parts. En la primera, analitzo amb detall totes les decisions més importants del papa argentí, arribant a la conclusió que es van situar en continuïtat absoluta amb les dels seus predecessors i que, per tant, no suposaven cap reforma de l’Església catòlica, ni un canvi real en les estructures de la institució o en les relacions de poder entre Roma i la seva perifèria, entre el clergat i els laics i entre homes i dones. En la segona part, afirmo que l’immobilisme a partir del qual apareix la vida institucional de l’Església catòlica i el pontificat de Francesc no és gens sorprenent, sinó que es pot explicar sociològicament pel fet que les grans organitzacions burocràtiques decideixen canviar de forma només quan es veuen restringides per contingències històriques i, en particular, per l’aparició d’una situació de crisi que requereixi introduir canvis estructurals, sota pena de decadència o extinció. Al meu parer, l’Església catòlica no es troba en aquest moment —per les raons que explico detalladament al segon capítol del volum— davant d’aquest risc i, per tant, no se’ls insta a innovar de forma seriosa i profunda.

Aquesta veritat, però, sembla difícil d’acceptar per alguns sectors del catolicisme (diguem-ne els més “progressistes”) i per un públic occidental àvid i ansiós d’innovacions contínues. Per aquest motiu, argumento al llibre, es va trobar que alguns moviments del papa argentí eren brillants, en mantenir intacta l’estructura eclesial, i van aconseguir proporcionar —amb la complicitat dels mitjans— la impressió d’un canvi gegantí, fins i tot del començament d’una «revolució».

Una primera reacció que vaig percebre dels lectors davant les pàgines de l'Església immòbil va ser de por. Al meu parer, aquest és el sentiment predominant i més estès cap al meu llibre a les redaccions dels dos diaris propietat de la Conferència Episcopal italiana, Avvenire i L'Eco di Bergamo. D’una manera diferent, els dos diaris havien donat un espai molt ampli a les meves publicacions anteriors sobre el món catòlic italià: Avvenire fins i tot havia batut tots els altres diaris, publicant una ressenya (òbviament crítica) de "Catolicisme màgic" i "Què queda dels catòlics" el mateix dia de la aparició dels dos volums; L’Eco di Bergamo (el diari de la ciutat on visc i treballo des de fa anys), després de la publicació, el 2012, de “Què queda dels catòlics”, no només havia revisat puntualment i generosament totes les meves obres posteriors, sinó que fins i tot va proposar-me un contracte de col·laboració pels anys posteriors, d’una intensa activitat com a columnista i comentarista de fets nacionals i locals.

L'Església immòbil ha paralitzat els dos diaris, destruint de sobte tot interès per la meva obra. Avvenire ha ignorat rigorosament la publicació del llibre i L’Eco di Bergamo va fer igual. No he rebut la més mínima sol·licitud de la redacció per col·laborar amb el diari. Prou. S'acabat. El silenci de la tomba. Com si hagués mort de sobte i ni tan sols em mereixés un esment a l'obituari.

Un dia —un parell de mesos després de la publicació del llibre— intrigat per aquesta insòlita i inesperada reacció, vaig trucar per telèfon a un col·laborador extern de L’Eco que creia que era un amic i que m’havia revisat i entrevistat en diverses ocasions. Li vaig demanar que em donés una explicació d’aquell silenci. Li vaig dir que, certament, no esperava només elogis, però que em va sorprendre que el diari i ell —com a expert en el tema— no haguessin dedicat ni una sola paraula al llibre al que havia dedicat gairebé dos anys de la meva vida, i que tenia com a objecte un tema que devia ser rellevant per a un diari catòlic. El tipus va començar a embarbollar-se i a dir frases doloroses com «eh!, però aquest és un llibre bastant peculiar... és un text que fa vergonya... aquest cop has apuntat alt...» i sobretot: «...si aquest llibre arriba a mans dels crítics del Papa —aquells que no els hi agrada— pensa quin profit en poden treure... no pots esperar que contribuïm a donar a conèixer l’existència d’un llibre com el teu». En les setmanes següents, al silenci d’aquests diaris també s'hi va unir la negativa sense precedents d’alguns intel·lectuals catòlics —més o menys reticents— a participar en la presentació del meu llibre, a més d’altres formes de boicot més o menys explícit. Un cop superada una certa amargor, vaig intentar entendre l'arrel d'aquesta reacció i sobretot perquè no s’havia produït cap ostracisme igual en les meves obres anteriors, com el Catolicisme Màgic on havia ridiculitzat moltes pràctiques supersticioses i miraculoses del catolicisme contemporani i denunciava els molts riscos de l'expansió del sectarisme pentecostal dins l'església catòlica; o cap a Què queda dels catòlics, on vaig anunciar la mort social i espiritual del catolicisme a Itàlia, l'avanç triomfal de la secularització i la descristianització del nostre país.

L’explicació que he trobat és que en els dos treballs anteriors no havia destacat el caràcter institucional, autoritari, monàrquic i conservador del catolicisme, ans al contrari, m'aturava en fenòmens que fàcilment es podrien anomenar marginals i minoritaris (Catolicisme màgic) o almenys parcialment independents de la voluntat de l’Església (la secularització desenfrenada denunciada per Què queda dels catòlics). A L'Església immòbil vaig tractar el nucli de la institució, el paper de l'oligarquia i dels jerarques, els mecanismes de perpetuació del poder clerical, el caràcter indiscutiblement reaccionari de l'organització i el caràcter manipulador de la comunicació. I sobretot em vaig permetre discutir críticament l’obra del papa i fer-ho amb arguments racionals, tranquils i científics, sense recórrer a la ridícula parafernàlia dels opositors d’extrema dreta de Bergoglio, que el defineixen com anticrist, dimoni, usurpador, etc.. Aquelles bajanades delirants troben un espai considerable en el debat públic —també intento explicar-ho al llibre— perquè ens permeten donar suport, en termes negatius, a l’excepcionalitat revolucionària i subversiva d’un pontificat que de revolucionari i subversiu en realitat no té res, tret del efecte que produeix en la ment dels tradicionalistes fanàtics o d’alguns oportunistes astuts que han construït la seva fortuna amb el fanatisme d’aquells gallines.

En definitiva —ho dic sense por de semblar presumptuós—, el grup de persones temibles que han pensat amb terror la possibilitat que es pugui llegir el meu llibre, és per a mi la millor confirmació de la precisió i la veracitat de la meva tesi. Imaginant-se que les conseqüències s’estendrien àmpliament a causa de la reputació del seu promotor, aterrits per la idea de contribuir personalment a aquest resultat i sense tenir cap argument concret per oposar-s’hi, van pensar que el millor que es podia fer era boicotejar el llibre. No en parleu, apliqueu-li una censura estricta, transformeu-lo en un objecte inexistent o escabellat, per enviar-lo aviat a l'oblit en virtut de la seva evident irrellevància.

Una segona reacció a les tesis de L'Església immòbil, molt més interessant i estimulant que la primera, pertany al gènere que jo anomenaria "benaltrista" (que afirmen que la solució és una altre). Els "benaltristi" (tinc en compte sobretot els teòlegs Grillo i Salvarani junt amb Daniele Rocchetti) militen tots a l'Església però, a diferència dels "temuts", van desafiar la conspiració de silenci al voltant del llibre i no van dubtar a desafiar la ploma per criticar —de manera educada i civil— les tesis de L'Església immòbil. Els anomeno benaltristi perquè no critiquen la correcció de la meva anàlisi, sinó que afirmen que és insuficient, que no ens permet entendre completament el significat del pontificat i que en definitiva hi ha altres indicis importants que haurien d’empènyer un observador a considerar el papat de Bergoglio com el començament d'una nova etapa en la vida de l'Església.

Un primer element que obtinc de la seva anàlisi es refereix al calendari de les reformes. Segons ell i per utilitzar el llenguatge del mateix Bergoglio, el pontificat de l'argentí ha desencadenat «processos» que podrien produir progressivament innovacions importants amb el pas del temps. Sobre això, la meva opinió és molt clara: les reformes no es produeixen com a conseqüència d’un lent degoteig, sinó com a conseqüència del trencament d’una allau, del trencament d’una presa, de la propagació d’una febre. En les grans organitzacions burocràtiques, la resistència al canvi, els interessos consolidats per mantenir l'estatus quo, els hàbits mentals vinculats a la tradició són tan arrelats i profunds que només poden ser abordats des d'una estricta voluntat política reformista, un cicló que arrasi l'oposició i una imposició del canvi a qualsevol preu. Dit d'una altra manera: en organitzacions amb solidesa institucional, amb la història i dimensions de l'església catòlica, certament no es pot imaginar que els canvis es produiran per pura casualitat, sense una rigorosa planificació de reformes. L’organització més autoritària i jeràrquica del món, la monarquia absoluta més antiga i més forta del planeta no canvia espontàniament a causa d’un accident de la història, o màgicament a causa del desencadenament de processos de micro-canvis que en un cert moment —com en un avió inclinat fictici— ningú no és capaç de governar. Si la mà d’obertura dels processos de reforma és tan feble i insegura com la de Bergoglio, la tendència actual de l’organització serà la de retornar el mínim possible les innovacions modestes després de la continuïtat institucional, domar l’amenaça, fer-la inofensiva i silenciar-la.

Per inaugurar un procés de reforma en organitzacions altament institucionalitzades com l’Església catòlica, és imprescindible tenir un líder o una elit en possessió d’un pla estratègic precís i una voluntat de ferro per implementar-lo, decidit a lligar el seu nom a una gran reforma històrica. L’esperança que una petita pedra llançada al vent o alguna bona paraula serà suficient, una exhortació verbal aquí pronunciada juntament amb una altra pronunciada allà, perquè aleshores l’Esperit Sant completarà l’obra, em sembla que representa —a nivell d’anàlisi racional i estratègic— una forma de fatalisme terriblement ingènua. Les reformes dels agregats humans no es produeixen d'aquesta manera. A això podem afegir —per empitjorar el panorama— que molts dels processos concrets desencadenats per Bergoglio van en el sentit exacte oposat als d’una reforma de l’Església: per exemple, el fet que la reforma tan esperada de la cúria proposada per Francesc serà resolta, com ja se sap, en una modesta reorganització administrativa que impedirà durant moltes dècades —amb l’argument que ja s’ha fet una reforma— que es pot iniciar un procés similar i més eficaç de canvi de govern catòlic. Un efecte similar serà el produït per l’encàrrec sol·licitat pel papa de fer llum sobre el paper del diaconat femení en la història de l’Església. L’organisme està presidit per la conservadora Ladària (desitjat també pel Papa a la cimera de la Congregació per a la Doctrina de la Fe) i produirà, com ja se sap, un punt mort que durant molts anys perjudicarà qualsevol intervenció de reforma sobre aquest tema.

Una segona objecció que prové dels benaltristes és la subestimació que hauria fet de les innovacions lingüístiques introduïdes per Bergoglio, i en particular les relacionades amb la reflexió sobre els textos evangèlics. Segons Salvarani, per exemple, Francesc seria un pontífex especialment capaç de ser fidel a l'"estil de Jesús", tant en l'ús de les paraules com en el mode de vida, del qual emanaria aquella "fragància de l'evangeli (Evangelii gaudium 34)", són paraules de teòleg: que es propaga exclusivament gràcies a l’essencialitat, la sobrietat i la pobresa”, del qual Francesc seria aficionat i campió.

No vull entrar en el mèrit de l’anàlisi lingüística sòbria i científica (i no somiadora i mística) de les pronunciacions de Francesc que també necessitaríem. Només faré una observació inspirada en les consideracions de Salvarani (signat també per Grillo): constato que, per poder jutjar el papat de Francesc com a innovador, els seus apologistes es veuen obligats a oblidar que és també, de passada, el cap de l'Església Catòlica, és a dir, el líder d’una organització global que manté relacions polítiques, diplomàtiques i comercials amb els règims de mig món, que inclou mil milions de fidels, mig milió d’oficials, cinc mil bisbes, immensa riquesa i béns immobles. Entenc perfectament la fascinació que prové de considerar Bergoglio com un escriptor o un artista, un Saviano o un Benigni, o si prefereixes un Vito Mancuso, i això és com un lliurepensador, un intel·lectual solitari, un fascinant teòleg, predicador, autor de reflexions més o menys profundes sobre el sentit de la vida i sobre les paraules de l’evangeli. L’entenc perfectament i m’adono que aquesta és precisament la imatge del pontífex que construeix cada dia per als seus lectors el Corriere della Sera, la República i tota la resta d’informació itàlica, però em veig obligat a recordar que es tracta d’una qüestió de imatge falsa i enganyosa, ja que el papa és, en primer lloc, el cap d’una organització immensa, propietària d’una infinitat d’interessos materials i polítics molt concrets, i que la seva obra (aquella a la qual dedica la immensa majoria del seu temps) consisteix, en primer lloc, en la gestió d’aquesta immensa i complexa màquina organitzativa i no en la pronunciació de discursos breus o en la redacció de refinades consideracions teològiques, amb tota probabilitat l’obra de sofisticats escriptors fantasma.

Jutjar el papa pel seu llenguatge significa valorar un polític a partir dels discursos que fa a les places, de la seva capacitat per entretenir el públic en una manifestació. L’avantatge del papa sobre el polític és que molt poques persones fan el que vaig fer a la L'església immòbil: és a dir, reconstruir amb precisió com actua i no només el que diu, estudiar les opcions i decisions, i no només deixar-se captivar per la seva persuasiva retòrica evangèlica amanida amb salsa llatina. Tota l’opinió pública italiana és víctima d’aquest malentès: considerar el papa com un guru, un profeta, un Jesucrist en miniatura i no pel que realment és, el líder polític d’una gran organització planetària, que es mostra encantada amb les paraules del papa sobre aquest tema i gairebé mai veurà, de fet, quines conseqüències han comportat en la vida de la institució. Per exemple, pel que fa a les promeses de sobrietat i pobresa evangèlica, la premsa (i molts teòlegs) estan satisfets amb les sabates desgastades i la vella bossa del papa, o pel contingut d’alguns dels seus sermons lloant una gran consideració per als "últims"; molt pocs veuran quants diners segueixen fluint cap a les arques del Vaticà, com funciona el seu institut bancari, quines relacions mantenen la jerarquia vaticana pel realpolitik i per assegurar tota mena de beneficis per a la institució, amb dictadors i sàtrapes de tot el planeta. El mateix argument s'aplica a totes les altres àrees de la vida eclesial. Per no parlar de consideracions sobre el medi ambient, la societat i el capitalisme: tots els temes sobre els quals el papa no té cap responsabilitat política i, per tant, sobre els quals no serà mai cridat a rendir comptes sobre la coherència entre paraules i fets.

L’església és una gran organització política, però els seus intel·lectuals i la premsa aconfessional (perquè anomenar-la secular seria un compliment excessiu) afirmen jutjar-la com si es tractés d’un cenacle socràtic, un grup informal de lliurepensadors reunits en la pobresa al voltant d’un senyor vestit de blanc, per entendre quin sentit donar a la vida i a la relació amb Déu.

I arribem a l’última objecció dels benaltristes, la més decisiva. Andrea Grillo escriu:
«Marzano afirma dir-ho “tot” de l'Església, excepte la seva dimensió misteriosa, sagrada i transcendent. Ara les coses són molt delicades. L’església no s’esgota en la seva visibilitat: tot cristià coneix aquesta veritat i la converteix —fins i tot en les diferents confessions— en una qüestió decisiva. En canvi, Marzano afirma simplificar el discurs clàssic i mil·lenari sobre l'Església amb una “reducció del que és sagrat al que és social”, que és només un gran invent de Durkheim. No crec en l’església de Durkheim, sinó en la de Jesucrist, tot i que crec que aprenc moltes coses importants a partir dels textos dels sociòlegs. Sempre que ho facin els sociòlegs i no pretenguin fer judicis a nivell sistemàtic, esglesiològic i cristològic, sobre els quals no tenen competència. I també demanaria que poguessin concebre un món i una Església una mica més complexos que les seves simplificacions estructurals. Parlar de gràcia, de l’Esperit Sant, de la resurrecció no és “ser ideològic”, sinó donar veu a l’estructura complexa de l’existència dels homes davant Déu».

Aquest passatge és realment il·luminador, ja que clarifica implícitament els límits infranquejables del diàleg entre disciplines i mons socials, entre científics i teòlegs, entre laics racionals i creients catòlics. Potser Grillo no ho nota (perquè és massa intern des del punt de vista catòlic), però el que veu en l’Església, la "dimensió misteriosa, sagrada i transcendent", és visible i rellevant només als ulls d’un creient, no només i no tant dels que creuen en Déu, sinó dels que creuen en la santedat de l’Església, és a dir, d’aquells que accepten que d’alguna manera és una criatura divina, un instrument al servei de Déu. Si falta aquesta convicció, tot allò que escriu Grillo perd sobtadament validesa i concreció, es dissol i ja no existeix. Tal com ens ensenya la psicologia social de Karl Weick, la visió no és neutral ni objectiva, sinó que es guia per la creença: veiem (i creiem que és veritat) allò en el què creiem. Naturalment, el mateix discurs és aplicable, almenys en part, ho sé, també al meu raonament sociològic, que parteix de la pressuposició essencial d’excloure aquella dimensió misteriosa, transcendent, etc., tan estimada per Grillo, i a la qual tothom s'hauria de sotmetre —segons la seva singular i una mica medieval visió del món—, i acabar considerant la seva obra auxiliar i subordinada respecte a allò principesc i sublim del teòleg.

En definitiva, la competència entre aquests discursos acaba sent una competència entre valors, entre concepcions fonamentalment diferents de la vida i la societat i d’alguna manera irremeiablement antagònica. Aquí els arguments ja no són vàlids, sinó que són les conviccions profundes les que tenen el millor: la fe. D’una banda, la que porta a tolerar totes les faltes, les injustícies, els límits, les monstruositats protagonitzades per l’Església catòlica en nom de l’esperança d'una palingenèsi de regeneració futura, per l’altra la que s’aplica —en nom d’un humanisme racional i d’una consciència democràtica— a l’església de Roma amb els mateixos criteris estrictes, vàlids per a totes les altres institucions (del partit nazi fins a Amazon), sense descomptes per a ningú. Crec que sé a qui es dirigiran les preferències dels lectors de L’Ateo .


Marco Marzano és catedràtic de sociologia de la Universitat de Bèrgam. És autor de nombroses publicacions científiques nacionals i internacionals i col·labora regularment amb Il Fatto Quotidiano. Entre els seus llibres destaquem, a més de L'església immòbil (2018), La societat horitzontal. Lliure sense pares (2017, amb Nadia Urbinati) i Què queda dels catòlics. Investigació sobre la crisi de l’Església a Itàlia (2012).

Aquest article ha estat traduït amb permís de: Unione degli Atei e degli Agnostici Razionalisti 
L'original d'aquest article (en italià) el podeu trobar a:
https://www.uaar.it/uaar/ateo/archivio/120/breve-storia-libro-messo-quasi-all-indice/