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dissabte, 15 de desembre de 2018

La ilusión del Libre Albedrío.

El libre albedrío es un tema complejo que ha preocupado a los humanos desde tiempos inmemoriales. Las religiones han hecho lo imposible para mantener la creencia en el libre albedrío —que les permite premiar a los que siguen sus leyes y castigar a los que no lo hacen— para seguir manteniendo su poder. Y siempre han salido bastante mal parados del lío. También los ateos, los agnósticos y los indiferentes hemos hecho a menudo un penoso papel.

Sam Harris nos propone una salida inteligente y nos abre la puerta a un debate interesante en este vídeo de 01:25h en Inglés (subtitulado en Español).

Los que queráis practicar el idioma de Shakespeare haced clic en la imagen o aquí.

Para los que preferís una lectura más reposada (unos 45 minutos), transcribimos a continuación el texto de la conferencia.

https://youtu.be/qVbJmC-RTx4

La Ilusión del Libre Albedrío


Presentación


Sam Harris es autor de best-sellers como "El Fin de la Fe" (premio PEN de 2005 en no ficción) , "Carta a una Nación Cristiana", "El Paisaje Moral", "Mentir" y "Libre Albedrío". Es co-fundador y CEO de Proyecto Razón, una fundación sin ánimo de lucro dedicada a la difusión científica y valores seculares.
Tiene un título de filosofía por la Universidad de Stanford y un doctorado en neurociencia por la Universidad de Los Angeles.
Estamos particularmente honrados de que haya podido venir al Festival de Ideas Peligrosas, porque aunque no estamos pendientes de eso, este es el cuarto de los "Cuatro Caballeros del Nuevo Apocalipsis Ateo" que honra nuestro escenario.
Y aquellos que hayan asistido al primer Festival de Ideas Peligrosas, quizás hayan llegado a ver a Christopher Hitchens abriendo el primer festival en 2009.
Por supuesto, luego hemos recibido no una sino dos veces a Richard Dawkins y una a Daniel Dennett el año pasado.
Más importante que eso, sin embargo, lo que Sam Harris nos brinda esta noche es una mezcla única de ciencia y filosofía en una disección intrépida de ideas grandes y peligrosas, y su trabajo sobre el libre albedrío no es una excepción.
Al observar lo que la neurociencia ha revelado sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, él ha desarrollado un argumento conciso y convincente sobre lo que esto significa en cuanto a cómo y por qué hacemos lo que hacemos y cómo de esto se desprende que el libre albedrío es una ilusión.
En el primer párrafo del libro, dice:
"Si la comunidad científica declarara al libre albedrío como una ilusión, precipitaría una guerra cultural mucho más beligerante que la que se ha llevado sobre la evolución."
Así que, cuando esa guerra empiece, ustedes estuvieron aquí, muy cerca de su comienzo.
Sam está escribiendo sobre un tema donde las complejidades de la ciencia cognitiva, la neurociencia y la filosofía se juntan, y hace un gran esfuerzo intentado darle claridad a su argumento de que el libre albedrío es en realidad una ilusión.
Incluso aquellos que somos afortunados —o no— de no ser filósofos o neurocientíficos podremos participar completamente en lo que será una discusión maravillosa.




Sam Harris

Es para mí un honor estar aquí, en un evento tan hermoso, y poder seguir a los otros "Caballeros". Es grandioso poder estar aquí. Voy a hablar esta noche sobre la ilusión del libre albedrío.
Y para mi sorpresa, este un tema increíblemente sensible. Quizás sea el más sensible de los que he tenido el honor de tocar.
Es sensible para personas religiosas —por supuesto— porque sin libre albedrío, el Judaísmo, el Cristianismo, el Islam no tienen sentido, si es que se imaginan tal cosa.
Pero en realidad la existencia del libre albedrío es un tema sensible también para ateos, porque parece tocar todo aquello que les importa a los humanos.
De hecho, parece tocar todo lo que nos hace humanos; la moral y las leyes y la política y la religión, las relaciones íntimas, la sensación de logro personal, sentimientos de culpa y responsabilidad.
Parece que lo que más nos importa de la vida depende de que seamos capaces de ver a otros y a nosotros mismos como la fuente consciente de los pensamientos y acciones.
Así que, en esta charla, espero lograr dos cosas: Espero convencerlos de que el libre albedrío es una ilusión y espero convencerlos de que esto es importante.
Y esas son dos cosas diferentes.
Quiero empezar —sin sonar muy a la defensiva— contándoles las dos maneras en que se suele malinterpretar mi argumento.
Y esto es como iniciar una propuesta de matrimonio diciendo: "Estos son los dos motivos más comunes de porque nadie se ha querido casar conmigo". Y les explicaré por qué están equivocados.
La primera manera de no entender el planteamiento es simplemente creer que no sabemos lo suficiente. Que la ciencia está incompleta, que algunas de nuestras premisas científicas pueden ser falsas. Que quizás haya verdades por descubrir sobre la naturaleza del universo que pondrían al libre albedrío —la noción popular de libre albedrío— como un nuevo fundamento.
Es demasiado pronto para decir que el libre albedrío es científicamente una ilusión. Esto no es verdad. Estoy argumentando que el libre albedrío —como concepto— es tan incoherente que no puede aplicarse a ninguna realidad concebible.
El segundo desvío que pueden llegar a tomar —como muchos han hecho— es decir que: "Bueno, por supuesto que la noción popular de libre albedrío no tiene sentido, no encaja con los hechos. Pero... nada de eso importa. Es un argumento académico. Aún nos sentimos libres. Esto no cambia nada."
Es como decir que los átomos son mayormente espacio vacío. Pero no es un espacio vacío que podamos usar, nada cambia en nuestras vidas.
Ya saben, "Todo no es más que espacio vacío, (pero aún así no me entran unos pantalones viejos de hace cinco años.)"
Muchos están de acuerdo en que el libre albedrío no tiene sentido y que es una especie de ilusión, pero creen que nada importante cambia, y eso también es falso, según como yo lo veo.
Imaginen que están durmiendo una siesta en el jardín botánico de al lado. (No sé si eso es legal o no, pero imaginen que lo hacen). Y te despierta un sonido que no conoces. Y abres los ojos y ves un cocodrilo grande que está a punto de poner sus mandíbulas en tu cara. (Deben haber ocurrido cosas muy extrañas para llegar ahí). Es bastante fácil ver que tienes un problema.
Ahora intercambien al cocodrilo por un hombre con un hacha en la mano. El problema cambia en manera interesante. Pero la aparición repentina del libre albedrío en el cerebro de tu atacante no es una de ellas.
Imaginen la diferencia entre estas dos experiencias. Digamos que sobrevives al incidente. Y fue una experiencia aterradora y terminaste lastimado, digamos que pierdes una mano.
Ahora imagínate enfrentándose al atacante humano en el estrado de testigos durante su juicio. Si eres como la mayoría de la gente, vas a tener sentimientos de odio tan intensos como para que te genere un trauma importante. Quizás pases años de tu vida fantaseando con la muerte de esta persona.
¿Cuánto tiempo vas a gastar odiando al cocodrilo? Quizás hasta lleves a tus amigos y tu familia al zoológico por diversión, solo para señalarlo y decir: "Esa es la bestia que casi me mata." (Quizás estés señalando con la otra mano).
¿Qué estado mental preferirías tener? Creo que esta idea del libre albedrío es responsable de la diferencia.
El cocodrilo solo estaba siendo un cocodrilo. ¿Qué otra cosa puede hacer un cocodrilo hambriento si te encuentra durmiendo en el parque?
Pero esta idea de que el humano tenía libre albedrío y podría haber hecho otra cosa —y debería haber hecho otra cosa— tiene varias consecuencias diferentes.
La mayoría imagina que una creencia en el libre albedrío es necesaria para la moral; la moral debe fundarse sobre esta idea, y es necesario, por lo tanto, para obtener aquello que queramos de la vida.
Creo que esto es claramente falso. La diferencia entre felicidad y sufrimiento existe con o sin libre albedrío.
No quiero que me coma un cocodrilo, menos de lo que quiero ser asesinado por un hombre con un hacha.
Estas son cosas que hay que evitar. Y podemos hacerlo. Y podemos hablar de casi todo lo demás que queremos en la vida sin tener que sufrir cualquier ilusión obvia sobre los orígenes del comportamiento humano.
Ahora, el concepto popular de libre albedrío parece sostenerse en dos asunciones:
La primera es que cada uno fue libre de pensar y actuar de modo diferente al que lo hizo. Eliges A, pero podrías haber elegido B. Eres policía, pero podrías haber sido bombero. Pediste chocolate pero podrías haber pedido vainilla.
Para la mayoría parecería que ciertamente este es el mundo en el que vivimos.
Ahora bien, la segunda asunción es que somos la fuente consciente de nuestros pensamientos y acciones. Sientes que quieres moverte y luego te mueves. Tus deseos e intenciones y pensamientos que preceden tus acciones parecen ser su origen verdadero.
La parte consciente de ti que está experimentando tu vida interior es en realidad el autor de tu vida interior y su conducta subsecuente.
Desafortunadamente sabemos que ambas afirmaciones son falsas.
El primer problema es que vivimos en un mundo de causa y efecto.
Todo aquello que pueda constituir tu voluntad es:
    • o bien un producto de una larga cadena de causas anteriores —y no eres responsable de ellas—
    • o el producto de la aleatoriedad, y tampoco eres responsable de eso, obviamente,
    • o es alguna combinación de los dos.
Y en cualquier equilibrio que definamos entre la vieja ley del determinismo y la mera aleatoriedad, el libre albedrío no tiene sentido.
¿Qué significa decir que una persona actuó con libre albedrío? Debe significar que podría haber hecho conscientemente otra cosa. No por otras influencias aleatorias, sobre las cuales no tiene control, sino porque —como autor consciente de sus pensamientos y acciones— podría haber pensado y actuado de otra manera.
Ahora, el problema es que nadie nunca ha descrito una manera en que los eventos mentales y físicos puedan surgir para que esa afirmación tenga sentido.
Piensen en un asesino en serie. Su elección de cometer su último asesinato fue precedida por una larga serie de causas anteriores, un cierto patrón de actividad electroquímica en su cerebro, que fue el producto de causas anteriores, una combinación de malos genes y efectos de desarrollo de una niñez infeliz; cualquier otra influencia que estaba incidiendo sobre él el día que cometió su crimen.
El momento en que empezamos a ver esta corriente de causas que preceden cualquier experiencia consciente y que llegan hasta la niñez y más allá —o más allá que la propia persona— esa sensación de su culpabilidad desaparece. El lugar donde ubicaríamos la culpa desaparece.
Decir que podría haber hecho otra cosa es realmente como decir que podría haber estado en un universo diferente —si hubiese estado en un universo diferente—, o que podría haber sido una persona diferente —si hubiese sido una persona diferente—.
Y tan perturbador como encontremos la conducta de una persona, debo admitir que si yo me cambiara por él, átomo por átomo, yo sería él. Y me comportaría exactamente como él y por las mismas razones. No habría una parte extra de mi que pudiera resistir el impulso de victimizar personas inocentes.
Incluso si alguien cree que cada humano posee un alma inmortal, el problema de la responsabilidad persiste. No puedo atribuirme ningún mérito por el hecho de no tener el alma de un psicópata. Si yo realmente estuviera en el lugar de esta persona, si tuviese un cerebro idéntico, un alma idéntica, en un estado idéntico, yo me habría comportado exactamente como él.
Entonces el rol de la suerte en nuestra vida parece determinante.
Uno debe tener muy mala suerte para tener la mente y cerebro o el alma de un psicópata.
Pero el significado moral de la suerte es muy difícil de admitir. Parece que nos desestabiliza por completo. No sabemos cómo pensar sobre la maldad en este contexto. Y aún así —en casos específicos— ya hemos modificado nuestra visión sobre la maldad.
Siempre que vemos la causa de la conducta de alguien, cuando vemos, por ejemplo, que un asesino tenía un tumor cerebral, y el tumor cerebral justo se encontraba en un lugar que generaba sus impulsos violentos, esa persona repentinamente se convierte en una víctima de la biología, nuestras intuiciones morales se modifican.
Ahora, estoy argumentando que un tumor cerebral es un caso especial de eventos físicos que hacen surgir pensamientos y acciones.
Si entendiéramos completamente la neurofisiología del cerebro de cualquier asesino, sería tan exculpatorio como encontrar un tumor en él.
Si pudiéramos ver como los malos genes fueron transcritos implacablemente, si pudiéramos ver como sus primeras experiencias de vida esculpieron la microestructura de su cerebro de tal modo que hizo surgir impulsos violentos, la idea entera de atribuirle la culpa desaparecería.
Por supuesto, este es un problema del cual científicos y filósofos son conscientes, y muchos creen haber llegado a una noción de libre albedrío que puede resistir los hechos. Trataré de lidiar con eso.
Quiero argumentar por un momento que el problema del libre albedrío es en realidad más profundo que el problema de causa y efecto.
Es decir, la mayoría cree tener esta experiencia de libre albedrío pero que simplemente no podemos incorporarla a la realidad física. Creo que esto es una ilusión.
El libre albedrío ni siquiera se corresponde con un hecho subjetivo sobre nosotros mismos.  Y si prestan mucha atención a su experiencia, podrán verlo.
Sus pensamientos simplemente aparecen en la conciencia, de forma similar a mis palabras.
¿Qué van a pensar a continuación? ¿Qué voy a decir a continuación?
Podría empezar a preguntarme por qué no comemos búhos.
¿Por qué no comemos búhos? Se ven perfectamente saludables. ¿De dónde vino eso?
Bueno, hasta dónde ustedes saben, no vino de ningún lado; lo mismo sucede en la privacidad de su propia mente. Está ocurriendo ahora mismo.
Todos hicieron el esfuerzo de venir aquí esta noche, presumiblemente porque querían escuchar lo que iba a decir sobre el libre albedrío, y están tratando de escucharme; pero hay una voz dentro de su cabeza que simplemente dice cosas. ¿Lo han notado?
Estoy aquí parado tratando de razonar con ustedes y quizás piensen:"Se parece un poco a Ben Stiller." (Estaba esperando que no me pareciera tanto a Ben Stiller).
Los pensamientos simplemente surgen en la conciencia. No somos sus autores. No podemos pensarlos. No podemos elegirlos antes de pensarlos.
Para eso haría falta que los pensáramos antes de que los pensemos. Si no puedes controlar tu próximo pensamiento, y si no sabes qué va a ser hasta que aparece, ¿dónde está tu libertad de albedrío?
Ahora, en este momento, algunos están pensando: "¿De qué diablos está hablando?" De esto estoy hablando. No eligieron ese pensamiento tampoco.
Si lo que digo los confunde, ustedes no crearon ese estado.
A la inversa, si entienden lo que estoy diciendo y les parece interesante, no crearon ese estado tampoco.
Todo simplemente está ocurriendo. Y eso incluye sus pensamientos, intenciones y deseos y sus esfuerzos más deliberados. Ya regresaremos a ese punto.
Por supuesto, en un sentido nuestros cerebros sí piensan sus pensamientos antes que nosotros, y piensan en muchas cosas que nosotros nunca escuchamos.
Somos conscientes solo de una pequeña fracción de lo que ocurre en nuestras mentes, y continuamente notamos cambios en nuestra experiencia, en nuestros pensamientos, intenciones y humores y comportamiento resultante, pero somos completamente inconscientes de los cambios neurofisiológicos que producen esos cambios.
Consideren la sensación de tocar su nariz con el dedo. Siéntanse libres de hacerlo.
Parece simultáneo. Pareciera que la nariz toca el dedo al mismo tiempo que el dedo toca la nariz.
Y aunque parezca simultáneo en el mundo, sabemos que a nivel del cerebro debe ser diferente.
Lleva más tiempo que la información vaya desde el dedo a la corteza sensorial, que la nariz.
Esto es verdad sin importar cuan cortos sean tus brazos o larga tu nariz.
Así que la experiencia del momento presente —incluso de la sensación más simple— está construida sobre capas de procesamiento inconsciente del cual no somos conscientes.
Incluso eventos conscientes que parecen ser muy simples no son lo que parecen.
El momento presente es —de algún modo— ya un recuerdo que está siendo almacenado.
No hace falta decir que esta maquinaria inconsciente no solo produce nuestra percepción, sino también nuestros pensamientos, intenciones, acciones y decisiones.
Y es aquí donde la noción de libre albedrío y responsabilidad moral empiezan a estrecharse.
Muchas personas han demostrado en un laboratorio —en muchos laboratorios—, que la decisión consciente de una persona llega después de procesos que pueden ser detectados y que hay una diferencia de tiempo entre el momento en que piensas que has decidido algo y el momento en que tu cerebro lo decidió.
Y esto ha sido demostrado. Benjamin Libet hizo esto con EEG y ha sido realizado con FMRI y con grabaciones directas de las cortezas cerebrales de pacientes que estaban por someterse a cirugía.
Sabemos que incluso la decisión más simple aparentemente voluntaria —como la decisión de mover tu brazo izquierdo contra la de mover tu brazo derecho, o la decisión de tocar el botón izquierdo o el botón derecho— cuando pruebas a la gente en este paradigma y los haces mirar un reloj, —un reloj especial que les permite discriminar incrementos muy finos de tiempo— y les pides que elijan mover su mano izquierda o su mano derecha cuando quieran, observando qué marcaba el reloj en el momento de ser conscientes de la elección que iban a tomar, sabemos que en algunos momentos, (medio segundo, a veces cinco segundos antes de que una persona sea consciente de lo que va a hacer), ya podemos ver en el cerebro lo que había decidido hacer.
Así que la experiencia de decidir durante este periodo donde aún sientes que eres libre de hacer lo que sea que quieras, ya había sido determinada por el estado de tu cerebro.
No hace falta decir que esta diferencia de tiempo es muy difícil de reconciliar con el libre albedrío porque en principio le permitiría a alguien predecir lo que vas a hacer mientras tu crees que todavía estás decidiendo.
Pero la verdad es que incluso si no hubiese diferencia de tiempo, incluso si la intención consciente fuera verdaderamente simultánea con los marcadores neurofisiológicos, aún no habría lugar para el libre albedrío, porque aún no sabrías por qué razón haces lo que haces en ese momento.
Y nuevamente, pueden notar este hecho sobre ustedes directamente. Hagamos un pequeño experimento. Piensen en una película, cualquier película, no importa. Una buena, una mala. Y noten como es el proceso consciente de la selección. Observen que esta es la decisión más libre que puedan tener. Tienen todas las películas del mundo para elegir, y yo apenas he dicho: "Elijan una."
¿Todos tienen una película ya?
Lamento decirles que todos eligieron la película incorrecta. No me pregunten cómo, pero lo sé. Háganlo de nuevo, elijan otra película y traten de sentir cómo es la experiencia.
¿Ven alguna evidencia de libre albedrío? Busquémosla.
Primero, si no está aquí, no está en ningún lado, así que mejor que la encontremos.
Primero descartemos las películas cuyo nombre no conocen, las que no han visto y las que no podrían recordar incluso si su vida dependiera de eso. No hay libertad en eso, obviamente.
Pero luego están todas las películas que conocen perfectamente pero que simplemente no aparecieron en la conciencia.
Saben que "El Mago de Oz" es una película, pero simplemente no pensaron en "El Mago de Oz". Piénsenlo.
¿Fueron libres de elegir aquello que no se les ocurrió elegir?
Por cualquier motivo, sus circuitos del "Mago de Oz" no fueron disparados de modo que esta película fuera una posible elección. (Por supuesto, si alguien pensó en "El Mago de Oz", que se considere un genio).
Así que probablemente pensaron en varias películas.
Digamos que pensaron en "Lawrence de Arabia" y "Avatar" y "Mad Max".
Digamos que lo resumieron a esas tres películas y luego pensaron: "Bueno, soy australiano, elegiré 'Mad Max'".
Y luego pensaron: "No, no. Mel Gibson me asusta un poco en este momento."
Así que elegiré 'Avatar'. Y te quedas con "Avatar".
Bueno, aún así no sabes por qué elegiste "Avatar" sobre "Lawrence de Arabia".
Y esta es la clase de decisión que motiva la idea del libre albedrío.
Vas y vienes entre dos opciones y no estás sufriendo ninguna restricción obvia del mundo externo ni ninguna coacción.
Parece que lo estás haciendo todo. Sois solo tu y tus pensamientos. Pero si miramos de cerca, es un misterio por qué elegiste una película en lugar de otra.
Y quizás tengas una historia que contar sobre eso, podrías decir: "Bueno, vi una película animada la otra semana y Avatar es animada, así que me acordé de eso y por eso elegí Avatar."
Lo primero que hay que decir es que sabemos que esta clase de explicaciones casi siempre son erróneas.
Cuando metes a la gente en un laboratorio y manipulas sus decisiones, siempre tienen una historia sobre por qué hicieron lo que hicieron, y nunca tiene relación con lo que realmente los afectó.
Puedes probar gente en el laboratorio y darles una bebida con una taza caliente en lugar de una fría para que la sostengan y lograr que cooperen más. O que les guste una persona más que otra. Y no tienen idea de que la temperatura de la taza en sus manos esté influyéndolos en absoluto. La psicología está llenándose de esa clase de evidencias.
Pero incluso si tuvieran razón en este caso, incluso si el recuerdo de la película animada fue lo que los hizo elegir "Avatar" en lugar de "Lawrence de Arabia", aún así no se puede explicar por qué tuvo ese efecto. ¿Por qué no tuvo el efecto contrario? ¿Por qué no pensaron: "Bueno, acabo de ver una película animada así que voy a elegir otra cosa, elegiré 'Lawrence de Arabia.'"
Lo que hay que notar aquí es que ustedes, es decir, el testigo consciente de su vida interior, no está tomando estas decisiones. Todo lo que podemos hacer es presenciarlas.
En un sentido subjetivo, no pudieron elegir la película más que si yo lo hubiera hecho por ustedes.
Yo podría haber dicho: "Star Wars", "Hannah y sus hermanas ". Estos nombres solo aparecían en la conciencia.
Momentos antes de que dijera: "Elijan una película" no ocurrió nada y, de repente, tras pedírselo, los nombres de películas empezaron a aparecer. Y no sabían cuáles serían hasta que aparecieron.
Estoy diciendo que nuestra experiencia de la vida es totalmente compatible con la verdad del determinismo. Dejamos de tener esta fuerte sensación de libre albedrío el instante en que prestamos atención a la manera en que surgen los pensamientos y las intenciones.
Es importante notar que esto es verdad tengamos o no un alma inmortal. Y el caso que estoy construyendo contra el libre albedrío no presupone materialismo filosófico ni la idea de que la realidad es única y totalmente física.
No hay duda de que una gran parte de la realidad es plenamente física y que la mayoría de alteraciones de nuestra mente son producidas por cambios en nuestro cerebro. Sabemos que el cerebro es un sistema físico completamente dependiente de las leyes de la naturaleza.
Pero incluso su tuviéramos almas que de algún modo estuviesen integradas con el cerebro, la operación inconsciente del alma no te garantiza más libre albedrío que la neurofisiología inconsciente del cerebro.
Si no sabes qué va a hacer tu alma a continuación, entonces no tienes el control de tu alma.
Y esto es rigurosamente cierto cuando pensamos en toda la gente que hace cosas que desearía no haber hecho.
Piensen en los millones de cristianos cuyas almas son homosexuales.
Pero es cierto incluso cuando haces exactamente lo que deseabas hacer.
El alma que te permite no abandonar la dieta es tan misteriosa como la que te tienta a comer pastel de cereza en el desayuno.
Se puede decir que nadie ha ido contra el libre albedrío porque sostiene dicha promesa como una idea abstracta.
La resistencia a este problema en la ciencia y la filosofía es el resultado de esta sensación que la mayoría de nosotros tiene la libertad de ser el autor de nuestros pensamientos y acciones.
Y por el momento, la única manera filosófica respetable de defender al libre albedrío, es adoptando una visión filosófica que se llama compatibilismo. Y argumentar que el libre albedrío es compatible con la verdad del determinismo.
Mi amigo Dan Dennett, el filósofo, es un compatibilista, y esencialmente afirma que solo debemos pensar en el libre albedrío de otra manera.
Si un asesino comete su crimen basándose en su deseo de matar y no basándose en alguna otra cosa que lo esté secuestrando, pero sus acciones son de hecho una expresión de sus deseos e intenciones reales, ese es el único libre albedrío que hace falta.
Pero tanto desde un punto de vista moral como científico esto parecería olvidarse de lo central.
¿Dónde está la libertad de hacer lo que uno quiere...
...cuando los deseos de uno son el producto de eventos anteriores...
...de los cuales uno no es consciente ni tampoco participó en su creación?
Desde mi punto de vista, el compatibilismo es como decir que una marioneta es libre mientras ame sus hilos.
Los compatibilistas retroceden un poco aquí. Dicen que incluso si nuestros deseos, pensamientos y conductas son el producto de causas inconscientes, eso no importa, porque tú eres la totalidad de lo que ocurre dentro de tu cerebro y tu cuerpo. Así que tu vida mental inconsciente es tan parte de ti, y tu neurofisiología inconsciente es tan parte ti, como tu vida interior consciente.
Pero esto, me parece que es como una publicidad engañosa.
Esto intercambia al hecho psicológico, esta experiencia que tenemos de ser los autores conscientes de pensamientos y acciones por una concepción general de nosotros como personas. Es un poco como decir: "Estamos hechos de polvo de estrellas". Está bien, es verdad. Pero no nos sentimos como polvo de estrellas. Y el conocimiento de que somos polvo de estrellas no está conduciendo tu intuición moral e influyendo sobre nuestro sistema judicial.
El hecho es que la mayoría de las personas se identifica con un cierto canal de información en sus mentes conscientes, sienten que tienen el control, que son la fuente. Y esto es una ilusión.
El "tú" que te consideras ser en este momento presente, no está en control de nada.
Los compatibilistas intentan salvar al libre albedrío diciendo que eres más que esto, que eres la totalidad de lo que sucede dentro de tu cerebro y tu cuerpo.
Pero en este momento estás tomando decisiones con otros órganos además de tu cerebro.
Pero no te sientes responsable de estas decisiones. ¿Estás creando glóbulos rojos en este momento? Tu cuerpo lo está haciendo (esperemos).
Pero si de pronto se detuviera, no te sentirías responsable de eso, te convertirías en la víctima de ese cambio.
Así que decir que eres responsable o que eres idéntico a todo lo que ocurre dentro de cerebro y de tu cuerpo es hacer una afirmación sobre ti que no tiene ninguna relación con la experiencia de autoría y subjetividad en la conciencia que ha hecho del libre albedrío un problema de la filosofía en primer lugar.
¿Qué significa todo esto?
Bueno, primero déjenme decirles lo que no significa.
Hablar del determinismo como un hecho verdadero no es lo mismo que hablar del fatalismo.
Esa confusión suele dar lugar a preguntas como:
"Bueno, si todo está determinado, ¿por qué yo debería hacer algo? ¿Por qué no solo sentarse y ver qué pasa? ¿Por qué no arrojar los remos fuera del bote y simplemente ir a la deriva por la vida?"
Este pensamiento es no entender la cuestión. Sentarse a ver que pasa es una elección en si misma con sus propias consecuencias.
También es muy difícil de hacer. Traten de quedarse en la cama todo el día esperando que algo ocurra. Pronto tendrán el impulso de levantarse y hacer algo, y la única manera de quedarse en la cama en ese momento sería resistiendo ese impulso.
Tras un corto período de tiempo, no hacer nada se hace más difícil que hacer algo.
Así que el hecho de que nuestras decisiones y esfuerzos dependen de causas anteriores no significa que no sean importantes.
Si yo no hubiese decidido escribir un libro sobre el libre albedrío, no se hubiera escrito por sí mismo. No se puede escribir un libro por accidente. Así que el esfuerzo y la disciplina y las intenciones; todos importan... Metas.
Todos estos son estados causales del cerebro que llevan a conductas, y las conductas llevan a resultados en el mundo.
Así que en un cierto nivel, nada cambia mucho. Las decisiones que tomamos en la vida son tan importantes como se imaginan los entusiastas del libre albedrío.
Y entonces, por lo tanto, el fatalismo es falso. La idea de que tu futuro va a ser lo que va a ser independientemente de lo que pienses o hagas, no es verdad. Claramente no es verdad.
Pero lo siguiente que pienses y hagas provendrá de un conjunto caótico de causas anteriores, las cuales tú —testigo consciente de tu vida interior— no puede ver ni creó. No construiste tu mente.
Y en los momentos donde pareciera que lo haces, cuando haces un esfuerzo para aprender algo, cuando tratas de perfeccionar una habilidad, las únicas herramientas a tu disposición son las que has heredado de momentos pasados.
Nadie elige a sus padres o la sociedad en la que nace.
Nadie elige el momento de la historia en que llega.
Nadie determina como se modela su sistema nervioso desde el momento de la concepción en adelante.
Así que no eres más responsable de la estructura de tu cerebro, ni de sus estados de funcionamiento, más que que de tu altura.
No estoy diciendo que sea posible culpar a tus padres por cada cosa mala que te suceda y que no hagas un esfuerzo para modificarlo. Esta es una manera de malinterpretar el argumento. Cambiar es posible.
De hecho, cuando te ves a ti mismo como un sistema, abierto a innumerables influencias, hace que el cambio parezca mucho más posible.
No estás condenado, bajo ningún punto de vista, a ser la persona que fuiste ayer. De hecho, no puedes ser esa persona. El ser no es una entidad estática. Es un proceso. Pero es un proceso fundamentalmente misterioso.
Ninguno de nosotros sabemos cómo llegamos a este momento en nuestra vida.
Hay un misterio en el momento presente que no termina de irse incluso cuando tengas una historia que contar sobre por qué piensas que hiciste algo.
Estamos, a cada momento, simplemente descubriendo cual es nuestra vida.
Ahora, esto puede sonar escalofriante para algunos, pero en realidad puede ser bastante liberador mirar al mundo de esta manera.
Así que nuestras decisiones importan y hay caminos que podrían llevarnos a tomar mejores.
No se puede decir cuanto te puede cambiar una buena conversación o cuan importante podría ser que te rodees de personas inteligentes, o que te gradúes. Pero no eliges elegir lo que eliges en la vida. Hay un camino de regreso que siempre termina en la oscuridad.
Debes tomar el primer paso o el último por motivos que están condenados a permanecer inescrutables. Y declarar tu libertad en este contexto es solo una manera de decir: "No sé por qué hice eso, pero no me importó hacerlo y estaría dispuesto a hacerlo otra vez."
Ahora, no quiero redundar en el punto, pero a las personas les cuesta entenderlo. Piensen en el contexto en el que tomarán su próxima decisión.
Sea lo que sea, una decisión de cualquier tamaño; casarse o no, ir a la universidad o no, comer en el restaurante chino, o el italiano. Tu cerebro está tomando estas decisiones basándose en creencias e intenciones y estados que te han sido impuestos a lo largo de la vida.
No tuviste que ver con tu desarrollo físico.
No elegiste a tus padres, no elegiste tus genes, no elegiste ninguna de las influencias que modelaron tu neurofisiología. No elegiste tu alma, si tienes una. Y aún así, esta totalidad de influencias y estados van a ser la cosa que produzcan tu próxima decisión.
Si, eres libre de hacer lo que quieras, pero ¿de dónde provienen tus deseos?
Pero volvamos al problema que planteé al principio de la charla.
Parece que este tipo de discusión empieza a socavar un sentido de orden moral y, de hecho, esta es la posición de la Corte Suprema de los Estados Unidos.
Ha declarado que el libre albedrío no participa en términos del sistema criminal de justicia. Es "una asunción universal y persistente". Eso es una cita del sistema criminal de justicia.
Y el determinismo es incompatible con los preceptos subyacentes de nuestro enfoque a la justicia.
Así que la idea está en funcionamiento en nuestro mundo.
El problema es que si vemos a la gente como patrones de clima neuronal, pareciera socavar una base para ubicar la culpa.
Ahora, creo que esta es en realidad una afirmación falsa. Creo que se puede tener un sentido muy fuerte de moralidad y un sistema criminal de justicia que sea efectivo sin tener que mentirnos a nosotros mismos sobre las causas de las conductas humanas.
¿Qué es lo que más condenamos en las personas tanto moral como legalmente? Es la intención consciente de lastimar.
¿Por qué esta intención de lastimar a otros... es tan determinante de culpabilidad?
Bueno, la conciencia es el contexto en que todas las cualidades de nuestra mente parecieran activarse.
La conciencia es donde nuestras creencias, deseos y prejuicios rozan entre sí.
Lo que haces con una base de premeditación consciente tiende a decir mucho sobre ti y sobre lo que podrías hacer en el futuro.
Si decides asesinar a tu vecino tras semanas de deliberación e investigaciones en la biblioteca y debate con tus amigos, bueno, entonces, asesinar a tu vecino realmente dice mucho sobre ti. Esa es realmente la clase de personas que eres.
La cuestión no es si tú eres la única causa independiente de tu conducta. La cuestión es que, por cualquier motivo, tienes la mente de un asesino.
No eres responsable en última instancia del hecho de tener esa mente. No más que el cocodrilo, que no es responsable del hecho de ser un cocodrilo. Pero un cocodrilo es un cocodrilo y realmente te comerá. Si hoy ven uno andando por ahí, vale la pena tomárselo en serio. No hace falta atribuirle libre albedrío para tomarlo con seriedad.
Ahora, hay ciertos criminales que obviamente son más peligrosos que los cocodrilos, y debemos encerrarlos para mantener al resto seguro.
Ahora, la justificación moral de esto es completamente obvia.
Todos estamos mejor así.
Pero eso sigue teniendo sentido sin el libre albedrío.
Lo que no tiene sentido es el motivo de venganza, el motivo de castigar a alguien porque se lo merece. Eso deja de tener sentido.
No castigamos a los cocodrilos porque se lo merezcan.
De hecho, eso no siempre ha sido verdad.
Dice en el Éxodo que si un buey cornea a una persona y la mata, el buey debe ser apedreado hasta la muerte y su carne no puede ser comida.
Y, de hecho, durante cientos de años en la Europa medieval, los cristianos juzgaban a los animales que herían a personas.
Estos animales eran defendidos por abogados. Hubo un caso sobre el cual acabo de leer, sobre un abogado que representaba a un grupo grande de ratas que había destruido un cultivo, y el argumento que presentó al magistrado de por qué las ratas no podían asistir a la corte fue que había muchos gatos que podrían lastimarlas, así que sus clientes estaban ausentes. Esto siguió durante cientos de años.
El último linchamiento de un animal en los Estados Unidos fue en 1916, cuando un elefante de circo rodante se descontroló frenéticamente y aplastó a una persona en la calle. La buena gente de Tennessee decidió lincharlo para hacer justicia. Colgaron al elefante de una grúa. Estaban bastante contentos.
Actualmente vemos esos hechos macabros y graciosos. Se puede ver que somos propensos a las ilusiones en estas cuestiones.
Ahora bien, no estoy descartando la posibilidad de que ciertos castigos puedan ser necesarios para regular las conductas de las personas. Puede ser que ciertos delitos requieran ser castigados para que puedan ser desterrados.
Pero esa es una discusión puramente pragmática sobre la psicología humana y la eficacia causal del castigo. No tiene nada que ver con la venganza.
Deshacernos de la ilusión del libre albedrío nos permite enfocarnos en las cosas que realmente importan, como mitigar el daño, disuadir el delito, evaluar riesgos.
No estoy diciendo que nadie es culpable por estar loco. La gente mala debe ser encerrada si eso es lo único que podemos hacer para mantenernos a salvo.
Y todas las distinciones que nos importan sobre la diferencia entre actuar de forma voluntaria o involuntaria —o las responsabilidades morales de un adulto contra las de un niño— se pueden conservar sin la noción de libre albedrío.
En los Estados Unidos, hay chicos de 13 años que están cumpliendo cadena perpetua por sus crímenes. No sé si esto ocurre en Australia, pero esto sucede en Estados Unidos y no está basado en ninguna evaluación razonable de que estos niños no puedan rehabilitarse. Está basado en el sentido de que merecen este castigo. Ellos son la única causa de su comportamiento, que fue tan atroz que se merecen esto como venganza. Eso no tiene sentido cuando nos alejamos de la noción de libre albedrío.
Lo que hay que admitir a fin de cuentas es que incluso las más personas más terroríficas son, en el fondo, personas desafortunadas de ser quienes son. Y eso tiene un significado moral.
Y repito, incluso si alguien cree que todos tenemos un alma inmortal, el juego no cambia.
Cualquiera que haya nacido con el alma de un psicópata es profundamente desafortunado.
Podemos tomar una de las personas más odiosas en las que puedo pensar, el hijo mayor de Saddam Hussein, Uday Hussein. Es casi imposible sentir compasión por este hombre cuando pensamos en él y quién fue como hombre.
Es decir, fue alguien que, cuando veía que se celebraba una boda en Bagdag, bajaba con sus guardaespaldas matones y violaba a la novia. A veces la violaba y la asesinaba. Hizo esto más de una vez.
Así que, dado el hecho de que no se le pudo capturar en el curso de esa guerra, cualesquiera sean sus pensamientos sobre la ética de la guerra, fue bueno que lo hayamos asesinado. A menos que seas un pacifista total, debemos admitir que para esto están las armas, para dispararle a personas como Uday Hussein.
Pero simplemente retrocedamos en la línea de tiempo de su vida. Piensen en él cuando tenía 4 años. Su psicopatía debió haber sido evidente incluso a la esta edad . Debió haber sido un chico aterrador, pero también uno muy desafortunado. Su padre era Saddam Hussein. ¿Cuánta mala suerte se puede tener?
Él era este chico de 4 años que iba a convertirse en el psicópata Uday Hussein, sin ninguna intervención propia en última instancia.
Si pudiésemos haber intervenido en cualquier momento de su vida para ayudarlo, a los cuatro, a los cinco, seis, a los siete, a los ocho, eso hubiese sido lo correcto y la compasión hubiese sido el motivo correcto.
Así que la ironía es que si quieres ser como Jesús y amar a tus enemigos, o al menos no odiarlos, un camino para lograrlo es ver las conductas humanas a través del lente de una amplia imagen científica de causalidad.
Ahora, no estoy diciendo que sería fácil adoptar esta perspectiva si tu o alguien cercano a ti fue víctima de un crimen violento. Así debemos ver al mundo en nuestros momentos más desapasionados. Pero nuestros momentos desapasionados son la fuente de nuestra manera de pensar políticas públicas y verdades científicas.
Para ver como debemos cambiar nuestras intuiciones morales, imagínense que tuviésemos una cura para la maldad. Imagínense que entendemos exactamente qué es la psicopatía y todas sus variantes y que podemos hacer los cambios necesarios en el cerebro sin dolor, con cuidado y fácilmente. Solo debemos agregar el medicamento a la leche, como la vitamina D. La maldad se convertiría en una deficiencia nutricional.
Ahora imaginen la lógica, la lógica moral, de negarle a alguien la cura de la maldad como un castigo por sus actos malignos. ¿Tendría sentido decir: "No, esta persona fue tan mala, fue tan maligna, causó tanto daño, que no debemos darle la cura."?
¿Tiene sentido eso?
Imaginen negarle una cirugía a alguien con un tumor cerebral como castigo, cuando estás seguro de que el tumor cerebral fue la causa de su conducta violenta.
A mi parecer, esto no tiene ningún sentido, y eso revela que esta necesidad de venganza proviene de no ver las causas del comportamiento humano.
Cuando vemos las causas, si pudiéramos rastrearlas de un modo muy fino, esta noción de venganza y esta noción de que la gente se merece el castigo que le toque desaparecería.
Y esto me lleva finalmente a la religión, porque por supuesto la noción de la justicia de dios consiste enteramente en venganza; la gente se merece lo que les toca porque, de acuerdo a su libre albedrío, se están comportando mal.
Esta es la respuesta religiosa al problema de la maldad. Cuando uno pregunta: "¿Por qué un dios omnipotente y benevolente permitió que los nazis asesinaran millones?", la respuesta es: "Bueno, los seres humanos están dotados con el libre albedrío y por eso dios no puede controlar esa parte."
Obviamente esa no es una respuesta a todo el infierno que nace de otras causas, como los tsunamis y las enfermedades epidémicas.
Un dios omnipotente parecería responsable de estas cosas. Pero la respuesta religiosa al problema de la maldad humana es el libre albedrío.
El libre albedrío es lo que le da sentido a la idea del pecado, esta idea de que la gente puede —de manera consciente como la única causa de su comportamiento y creencia— alejarse de dios.
Yo debo ser la única causa necesaria de mi incredulidad. Esto no puede ser verdad.
No solo que esto no puede ser cierto, porque las creencias nacen de todas estas causas anteriores; yo no puedo ser la causa de mi incredulidad. Parece imposible describir un universo en el que podría ser cierto.
Y sin importar como movemos las variables del determinismo y la aleatoriedad, el libre albedrío no aparece. De ninguna mezcla de aleatoriedad y determinismo se obtiene el libre albedrío.
Irónicamente, uno de los miedos de los religiosos es que esta manera de ver el mundo nos deshumaniza, pero, por lo contrario, creo que nos humaniza.
¿Qué podría ser más deshumanizante que decir que la mayoría de la gente a través de la historia humana son responsables, de algún modo crucial, del hecho de que nacieron en el momento incorrecto con los padres incorrectos, les dieron las creencias incorrectas, la religión incorrecta, las influencias intelectuales incorrectas, y como resultado de eso, merecen ser castigados por toda la eternidad y que el dios que diseñó este aparato diabólico es bueno de algún modo?
Así que para concluir, quiero volver a la experiencia directa de la conciencia en el momento presente.
Generalmente se argumenta que el libre albedrío nos presenta este gran misterio. Tenemos esta fuerte sensación de libertad y aún así no sabemos como aplicarla en la realidad física.
Estoy argumentando que ese no es el caso. Creo que ese es un síntoma de nuestra confusión. La ilusión del libre albedrío, de acuerdo a mi visión, es en si misma una ilusión.
No hay ninguna ilusión de libre albedrío. Los pensamientos y las intenciones simplemente aparecen. ¿Qué más podrían hacer?
Algunos de ustedes pueden estar pensando que esto es deprimente, pero en realidad ver la vida de este modo es increíblemente liberador. Es verdad que quita algo de nuestra vida. Lo que nos quita es una visión egocéntrica de la vida. En realidad no estamos separados. Estamos enlazados entre si, estamos enlazados al mundo, estamos enlazados con nuestro pasado e historia. Y lo que hacemos realmente importa.
Debido a este lazo, debido a esta permeabilidad, debido al hecho de que no podemos ser el  verdadero centro de responsabilidad, eso es lo que hace que todo importe. Así que no puedes enorgullecerte de tus talentos, pero realmente importa que los uses. No puedes ser culpado por tus debilidades y tus fracasos, pero es importante que los corrijas.
El orgullo y la vergüenza no tienen mucho sentido a fin de cuentas, pero —de todos modos— no están tan lejos. Estas son emociones aisladas. Lo que sí tiene sentido son cosas como la compasión y el amor. Preocuparse por el bienestar es lo que tiene sentido.
Tratar de maximizar nuestro bienestar y el de los otros es lo que tiene sentido.
Aún hay una diferencia entre el sufrimiento y la felicidad. Y el amor consiste en querer que sean felices aquellos que amamos.
Todo eso sigue teniendo sentido sin libre albedrío.
Y, por supuesto, nada de lo que he dicho hace que la libertad social y política tenga menos valor.
Que te apunten con un arma en la cabeza es un problema que debe rectificarse sin importar de donde vengan las intenciones.
La libertad de hacer lo que uno quiere aún es apreciada.
Pero la idea de que nosotros —como seres conscientes— somos profundamente responsables por lo que queremos, debe ser revisada. No puede aplicarse a la realidad, ya sea objetiva o subjetiva.
Y si queremos guiarnos por la realidad en lugar de guiarnos por las vidas de fantasía de nuestros ancestros, debemos cambiar la manera en que nos vemos a nosotros mismos.
Muchas gracias.

dilluns, 10 de desembre de 2018

Monjas de piedra y Curas sin cura

Ismael Gento Fraiz, desde Venezuela

Monja de Convento, pálida y hábito de falda tobillera, la cofia oculta trenzas de novicia y canas de Madre Superiora, olorosas a incienso para no intranquilizar al aprendiz de diablo: Homo erectus.

Vida enclaustrada —desalojadas de primera fila— cerca del altar, pero guardar distancia, no tocar copones y patenas; algún santo varón lo mandó y punto. Escudo contra tentaciones luciferinas: Confesión, vida plana sin Carnaval, escapulario de talismán, rosarios... kyrie eleison y amén.

Monjas mansas, por entrega al Creador y sumisión de género; como disculpando la presencia, aspavientos ante el avanzador destape y desconocen el desenfreno... non nuptae  —no casadas— congregadas desde el año 348; desconcertante —óptica viril— su férreo control y apagado carnal.

Jardín del Edén... Byron: todo lo soporto menos la tentación. La provocadora manzanera con su apetecible desnudez, aseguró la continuidad de la sobrevivencia humana. El ser viviente más indefenso al nacer, resultó un complejo bicho social: Homo sapiens; vulnerable sí, pero su agudo intelecto aventajó al mundo animal, y aún frenado por mil temores y espejismos fantasmales, logró resaltar, se impuso a un entorno hostil y asumir la deuda de convertirlo: Edén Perdido.

Las Tablas de los 10 Mandamientos, recibidas por Moisés y todavía extraviadas —pecado mayor— “no desearás la mujer de tu prójimo” advertencia al hombre, el mensaje bíblico correspondía a la época y enfoque varonil. Para Ella, debieran incluir ahora: “no seducirás al marido de tu vecina”.

Sotana y el suplicio de abstinencia, flagelo existencial de inentendible utilidad, más el prodigio de fecundidad maternal, malograda y estéril por torpes ideas envejecidas y añejadas en monasterios empedrados con penitencias... Creencias muy diversas, más apegadas a sus orígenes naturales: los mormones practicaron la Poligamia, el matrimonio plural y el mundo árabe el Harén; ellos nos muestran la estructura civil y línea de deseo, opuestas diametralmente al celibato y el Matriarcado.

La Castidad, espolón de proa en doctrinas budistas y brahmánicas, cinco siglos antes que Cristo, creencias fálicas primitivas, eunucos medievales, ángeles asexuados en el Evangelio de Marcos, los raptores célibes de la tundra. Nirvana, liberación de la carne, ascetismo despojándose de las pasiones... todas al ser de raíz antinatural, tuercen el entendimiento, son freno a la vida, y presagian reacciones enfermizas. Imponen, a todas luces, abolir el arcaico celibato monacal.

Salomón ausente. Decidan los puritanos: Vaticano. Plaza de San Marcos. Repique de campanas y hoguera pública, que ardan los Curas pederastas hasta calcinar sus huesos. La Curia Cardenalicia y el Obispado que barran descalzos la ceniza humeante y eviten, al menos, la polución ambiental.

Mar de fondo. Monja joven, Catalina Bora, desposada por Lutero; se animan los fieles seguidores, desaprueban la confesión y la vergonzosa venta de indulgencias, raíz del dominio acaparador y el enriquecimiento eclesiástico. Buda desposa a la bella Gopa y procrean; sin duda, la prole propia es guía para orientar feligreses. En tormentosas disputas se intenta aprobar el aborto y la eutanasia... El descomplicar la existencia terrenal, pareciera ser la divisa enarbolada.

Francisco, sobrado de intenciones —pero demasiada carga para un solo cristiano—. La Curia Cardenalicia: No descarrilar la Historia, humo blanco de Habemus... si, pero sin alterar. Feligresía numerosa, habituada más a oír, que a escuchar los sermones, poco nuevo sabrá añadir.

dimecres, 5 de desembre de 2018

Religión y escuela


Reunión del Ministerio de Educación con la Iglesia católica, para reafirmar que la religión seguirá en la escuela


Francisco Delgado, desde Europa Laica, nos aporta este excelente análisis sobre las relaciones entre el estado español y la iglesia católica, especialmente en relación con la asignatura de religión en las escuelas.
Un buen tema para opinar y debatir en nuestro blog.

https://laicismo.org/reunion-del-ministerio-de-educacion-con-la-iglesia-catolica-para-reafirmar-que-la-religion-seguira-en-la-escuela/

dilluns, 26 de novembre de 2018

Embolica que fa fort

Luis Argüello portaveu i secretari general de la «Conferencia Episcopal Española» ha començat el seu «secretariat» amb unes declaracions al·lucinants que han aixecat una forta polèmica: ha manifestat que els postulants d’una plaça de capellà han de ser «enterament homes, per tant, heterosexuals», el què mostra la seva LGTBIfòbia al assenyalar que els LGTBI només son mig  —o menys— homes. De les dones LGTBI no en sap o no contesta. I es va acabar d’embolicar en una comparació entre la transsexualitat i el secessionisme.

Argüello denuncia que en lleis recentment aprovades es legalitzés la transsexualitat, fent cas als desitjos i sentiments dels ciutadans i ciutadanes que volen canviar de sexe, reclamant que s’ha de seguir la «racionalitat» i no els sentiments. Fenomenal que apel·lin al raciocini aquells que —sense cap prova— creuen en: ànimes, déus, inferns, dimonis, eternitats, miracles, pecats, creacions, el càstig dels descendents pels delictes dels antecedents (pecat original), mares verges abans, durant i després del part, resurreccions, transsubstanciacions de pa en carn i vi en sang, conservant el gust, el tacte i les matèries originals, etc.

I va vincular el tema de la transsexualitat amb desig d'independència dels catalans: «Perquè avui no només és aquest assumpte; pensem en la situació política d'Espanya, en les nostres tensions com a poble, com nació i nacionalitats». Argüello va avisar que, fent això, els sentiments son la condició jurídica que fonamenten «la gran decisió del canvi de sexe o la decisió tan important de canviar de configuració de l'Estat». Embolica que fa fort!

Albert Riba
President de l'Associació Ateus de Catalunya

dijous, 15 de novembre de 2018

¿Quién es Manuel Valls?

Hemos recibido de la Libre Penseé francesa, organización que —como nosotros— pertenece a la Asociación Internacional del Libre Pensamiento, el comunicado que reproducimos a continuación por el que nos ponen en guardia ante el político francés, de ascendencia española, Manuel Valls, que ha difundido su candidatura a la alcaldía de Barcelona.
Dado que su candidatura aun no ha sido avalada por ningún partido hemos de pensar que ha recibido financiación de alguno de los poderes que desean que la alcaldía de Barcelona caiga en manos afines a sus intereses.
Conociendo a nuestros amigos de la Libre Penseé —que normalmente son muy discretos en sus opiniones— hemos de pensar en la gravedad del movimiento político del Sr. Valls. En nuestras apreciaciones, y con los conocimientos que tenemos de la política francesa, también pensamos que la candidatura de una persona que traiciona a sus amigos, persigue a sus contrincantes, miente respecto a sus posiciones políticas, ha fracasado en todos sus proyectos en Francia y ha hundido a sus compañeros de viaje, no nos la merecemos los barceloneses, los catalanes ni los españoles. Y más si hace gala de un laicismo del que carece absolutamente, estando dispuesto, como nuestro amigo Marx... Groucho Marx, a cambiar de principios (laicos), puesto que tiene otros.


La Libre Pensée Francesa se dirige a las asociaciones de ateos, de librepensadores, de laicistas y de humanistas en España
  1. Atención:

  1. ¡La llegada de Manuel Valls a Barcelona es una falsificación en términos de laicidad y republicanismo!

Los medios compitieron entre sí para anunciar la noticia: Manuel Valls será candidato a la alcaldía de Barcelona y renunciará a su cargo de diputado en Francia. Esta es una buena noticia para los franceses, porque se deshacen de él, pero es una triste noticia para los españoles y los catalanes, porque tendrán que cargar con él. Les pedimos disculpas por adelantado.
  1. ¿Quién es Manuel Valls?

Es el hombre de todas las negaciones y todos los perjurios. Lo que hizo durante las primarias presidenciales del Partido Socialista Francés demostró que no respetaba la palabra dada.
  1. Un político sin principios

El 29 de enero de 2017, después de una segunda vuelta entre más de dos millones de votantes, fue derrotado por Benoît Hamon (41,31% frente al 58,69%). A pesar de la regla establecida en las primarias, se negó a dar su apoyo a Benoit Hamon explicando que no estaba de acuerdo con sus propuestas. La Alta Autoridad de las primarias del PS denunció una «violación de la palabra dada» que «rompe gravemente el principio de lealtad y el mismo espíritu de las primarias».
El 29 de marzo de 2017, invitado por el canal BFM TV, hizo un llamamiento a dar apoyo a Emmanuel Macron en la primera ronda. El mismo día, en una entrevista en Obs (Le Nouvel Observateur), mostró su disposición para trabajar con François Fillon (el otro candidato de la derecha) en caso de victoria de este último, para «llegar a acuerdos con la derecha parlamentaria».
Después del pase de Emmanuel Macron a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, dijo: «debemos estar preparados para apoyar, para ayudar, para participar en la mayoría». Sin anunciar su salida del PS, exige la exclusión de partidarios de Benoît Hamon a cambio de no provocar una escisión política, «Aquellos que no comparten las mismas ideas, los que no están de acuerdo sobre el tema de Europa en economía, negocios, seguridad o laicidad, ¿pueden seguir estando en la misma familia política? Personalmente no lo creo. Así que ha llegado el momento definitivo de la clarificación».
  1. Un oportunista sin honor y sin límite a su derecha

A fuerza de estar en la estela de «los elefantes del Partido Socialista», dando codazos y echando fuera de la carretera los competidores que pudieran obstaculizar sus ambiciones, se convirtió en ministro. Su referencia es Clemenceau, el rompehuelgas. De ahí su pronunciada aversión en contra del sindicalismo obrero. Se vio claramente en el momento de la batalla contra la ley antisocial El Khomri (Ley de reforma laboral, no votada en la Asamblea Nacional que impuso por decreto ley), donde sus crisis de autoritarismo terminaron por perjudicar incluso a los suyos.
Como Clemenceau, una sola cosa le interesa: la represión contra todos los que no están de acuerdo con él. También se vio cuando apoyó las medidas represivas contra los independentistas en Cataluña.
En todo momento es víctima de una incapacidad permanente. General sin tropas, lleva incluso a otros a la derrota: Holande, El Khomri, Cambadélis. Su paso por la política está plagado de derrotas. Todo lo que toca queda afectado. Es el hombre de la derrota permanente.
A base de traiciones y golpes bajos, terminó siendo primer ministro del 31 de marzo de 2014 hasta el 6 de diciembre de 2016. Valls no paró de torpedear la posible candidatura de Francois Hollande a la reelección a la Presidencia de la República. Participó activamente en la decisión de no renovar la candidatura del presidente saliente. El camino le parecía abierto para su candidatura; afortunadamente, esta será un rotundo fracaso.
  1. Una falsificación permanente

Hay que engañar al pueblo llano. Así, cuando el traje le queda demasiado pequeño, encarga otro. Al igual que un político burgués de la Belle Époque, Manuel Valls se presenta como «laico puro y duro» ... Quiere romper «el conflicto árabe-musulmán» para complacer a un electorado xenófobo. Su credo es más que primario: la culpa es del islamismo, del Islam, por lo tanto, de los musulmanes. Todos culpables, todos responsables. Por otro lado, para la Iglesia Católica, tiene los ojos de Don Rodrigo de Vivar para Doña Jimena (frase francesa que indica la incapacidad que tenía el Cid Campeador para ver los defectos de su esposa. N. del T.). Incluso le dirá a Le Figaro (periódico de derecha clerical): «Si hubiera un problema de laicismo en Francia con la Iglesia Católica ya se sabría».
Y es ese Valls al que un conglomerado de políticos sin principios en Francia bautizó como «laico» con la esperanza de que fuera elegido Presidente de la República y que luego fuera generoso en privilegios para sus seguidores. Esta ambiciosa camarilla tenía en común una aversión descontrolada contra todos aquellos que les parecían «musulmanes». Pero todo esto terminó en un completo ridículo, con Valls salvando su asiento de diputado por los pelos. El equipo cayó al barranco, con su conductor llamando piadosamente a votar a Emmanuel Macron para tratar de hacer olvidar sus torpezas.
  1. Si eres partidario de la laicidad y de la República en España:
    ¡no cuentes con Manuel Valls!

Aquel que sus sicarios presentaron fraudulentamente en Francia como republicano secular: ¿se va a Barcelona ​​para manifestarse y actuar...
...contra la monarquía franquista y por la República?
...contra el Concordato Franquista y por la Separación de Iglesia y Estado?
Fácilmente podemos apostar a que se mantendrá callado sobre estas cuestiones porque, al igual que Blaise Pascal, dirá: «La verdad se halla en este lado de los Pirineos, el error más allá». Para ser elegido, en España dirá exactamente lo contrario. Al no tener ningún principio en política, cometerá la peor bajeza para intentar ser elegido y traicionar, una vez más, a todos. Hará en Barcelona ​​lo que hizo en Evry y París.
Compañeros españoles, estáis avisados. Nada bueno os puede ocurrir con alguien como él.
Tened la seguridad de nuestra plena y total solidaridad en la lucha por la laicidad, la República y la democracia.
  1. FÉDÉRATION NATIONALE DE LA LIBRE PENSÉE
    Miembro de l’Association Internationale de la Libre Pensée (AILP)
    10/12 rue des Fossés-Saint-Jacques - 75005 PARIS
    Tél.: 01 46 34 21 50 – Fax: 01 46 34 21 84
     
    https://www.fnlp.fr

dilluns, 5 de novembre de 2018

El delicte de blasfèmia en el Codi Penal Espanyol

Observacions, motivació i propostes de l’Associació Ateus de Catalunya

El delicte de blasfèmia ha estat, històricament, una forma de repressió del lliure pensament i de la llibertat d'expressió. Les dissidències sobre el credo dominant, anomenades moltes vegades "heretgies", van poder així ser perseguides sota el títol de "blasfèmia".

La Inquisició catòlica va fer un gran ús d'aquesta figura, pretesament jurídica, per condemnar simplement als que pensaven de manera diferent i que d'una manera o altra criticaven alguns aspectes, o la totalitat, de la religió catòlica.

Avui veiem amb estupor que en països musulmans s'usa el delicte de blasfèmia per atemorir a les persones —com exemple, al Pakistan i a l’Iran—, o per crear violents enfrontaments polítics amb els països occidentals per tal d'impedir la conjunció harmònica de les persones immigrants en els països de destinació. El simple fet de reproduir una imatge de Mahoma, o de vegades només citar-lo, ja és considerat un delicte abominable.

La història recent d'Espanya ens ofereix casos emblemàtics de persones —com per exemple Ramírez de Haro, Leo Bassi, Javier Krahe, Rita Maestre, Dolors Miquel i Willy Toledo— que per les seves accions i/o expressions han estat portades a judici per un delicte d'ofensa als sentiments religiosos. Considerem inadmissible que el nostre Codi Penal permeti la possibilitat que es presentin denúncies d'aquest tipus, ja que podrien amagar l'intent de censurar la lliure expressió crítica de les idees.

Tot això ens porta a plantejar la necessitat de revisar, a la llum dels valors d'igualtat i llibertat aportats per la Il·lustració, els aspectes que ens afecten encara a Espanya en relació a aquest passat de moda "delicte de blasfèmia".

1r. El nostre argument s’inicia des d'una posició que qualsevol demòcrata comparteix: «Les persones han de ser respectades, les idees poden ser criticades». És a dir, les lleis han de defensar en la mateixa mesura a totes les persones, siguin religioses o no, però deuen, així mateix, defensar el dret a l'exercici de la reflexió, la crítica i la llibertat d'expressió sobre totes les idees, incloent les religioses, a les quals no hi ha cap motiu per a considerar de manera diferent.

2n. Encara que en l'ordenament jurídic espanyol ja no es parla del delicte de blasfèmia com a tal, entenem que sí que està recollit d'alguna manera amb diversos eufemismes en el Codi Penal vigent, Capítol IV, Secció 2, Articles 522-525.

Analitzant aquests articles es constaten diverses qüestions:
a) Es diferencia entre, d'una banda, persones, creients o no, i de l'altra, idees i col·lectius religiosos identificats de forma poc clara. Pensem que les idees, encara que de vegades es camuflin com col·lectius de persones, no poden ser defensades per la legislació penal, sinó per si mateixes a la llum del raciocini i de les idees bàsiques i acceptades de la Il·lustració.

b) En relació als drets de les persones no sempre s'assenyalen amb claredat la predominança dels drets sobre les idees, per això les persones no religioses vam quedar així discriminades quan el Codi Penal sembla que concedeixi un estatus superior de protecció a les idees religioses .

c) S'utilitza una terminologia subjecta a criteri subjectiu, el que en el camp del dret penal no és admissible. Així es parla «d'actes de profanació» i «sentiments religiosos» la qual cosa és totalment impossible de delimitar, ja que les persones religioses solen considerar que formen part del seu sentiment moltes idees i qüestions irracionals, que en molts casos s'ha demostrat la seva falsedat al llarg del temps i la història -com exemples convulsos, la història de la circulació de la sang i la negació del geocentrisme-; i més si considerem que en cas de necessitat gairebé qualsevol acte podria ser sentit com una profanació, com hem expressat anteriorment. Per això, considerem no admissibles en el vocabulari penal les expressions relacionades amb «profanar» i «sentiments».

d) Considerem que la paraula «creença» en la nostra tradició cultural està associada al sentit de «creença religiosa» i per això pot donar lloc a confusió en el text quan no a discriminació sobre les persones amb creences no religioses. Per això preferim l'ús de l'expressió, incloent tant de les idees religioses com de les no religioses, «opció de consciència».

Per aquestes raons pensem que s'haurien de modificar els articles 522-526 del vigent Codi Penal aprovat per la Llei Orgànica 10/1995, de 23 de novembre, del Codi Penal.

Proposta de modificació
de la Llei Orgànica 10/1995, del Codi Penal, de 23 de Novembre de 1995, presentada per l'Associació Ateus de Catalunya.
Nota: Queda subratllat en el text original de la llei la part a modificar o suprimir; i en cursiva i negreta la modificada al text proposat.

1a modificació: Secció segona.
"Dels delictes contra la llibertat de consciència, els sentiments religiosos i el respecte als difunts".

Text proposat:
"Dels delictes contra la llibertat de consciència i el respecte als difunts".

2a modificació: Article 522.
"Incorren en la pena de multa de quatre a deu mesos:
1. Els que per mitjà de violència, intimidació, força o qualsevol altre constrenyiment il·legítim impedeixin a un membre o membres d'una confessió religiosa practicar els actes propis de les creences que professin, o assistir-hi.
2. Els qui pels mateixos mitjans forcin a altri a practicar o concórrer a actes de culte o ritus, o a realitzar actes reveladors de professar o no professar una religió, o a mudar la que professin."

Text Proposat:
"Incorren en la pena de multa de quatre a deu mesos:
1. Els que per mitjà de violència, intimidació, força o qualsevol altre constrenyiment il·legítim impedeixin els actes, o assistir-hi, derivats de l'exercici de la llibertat de consciència.
2. Els qui pels mateixos mitjans forcin a altri a practicar o concórrer a actes, cultes o ritus, o a realitzar actes reveladors de la seva opció de consciència, o a mudar la que s’escollis"

3a modificació: Article 523.
"El qui amb violència, amenaça, tumult o vies de fet, impedeixi, interrompi o pertorbi els actes, funcions, cerimònies o manifestacions de les confessions religioses inscrites en el corresponent registre públic del Ministeri de Justícia i Interior, serà castigat amb la pena de presó de sis mesos a sis anys, si el fet s'ha comès en lloc destinat al culte, i amb la multa de quatre a deu mesos si es realitza en qualsevol altre lloc."

Text proposat:
"El qui amb violència, amenaça, tumult o vies de fet, impedeixi, interrompi o pertorbi els actes, funcions, cerimònies o manifestacions de les diferents opcions de consciència —sempre que les organitzacions estiguin inscrites en el corresponent registre públic—, serà castigat amb la pena de presó de sis mesos a sis anys, si el fet s'ha comès al local de l'organització destinat a celebrar-los, i amb la multa de quatre a deu mesos si es realitza en qualsevol altre lloc."

4a modificació: Article 524.
“El que en temple, lloc destinat al culte o en cerimònies religioses, executi actes de profanació en ofensa dels sentiments religiosos legalment tutelats, serà castigat amb la pena de presó de sis mesos a un any o multa de quatre a deu mesos."

Proposta:
Supressió total de l'article per fer referència exclusiva a un lloc concret de reunió i a l'ofensa dels sentiments religiosos.

5a modificació: Article 525.
«1. Incorren en la pena de multa de vuit a dotze mesos els que, per ofendre els sentiments dels membres d'una confessió religiosa, facin públicament, de paraula, per escrit o mitjançant qualsevol tipus de document, escarni dels seus dogmes, creences, ritus o cerimònies, o vexin, també públicament, a qui els professen o practiquen.
2. En les mateixa penes incorreran els que facin públicament escarni, de paraula o per escrit, dels qui no professen cap religió o creença."

Text Únic proposat:
"Incorren en la pena de multa de vuit a dotze mesos els que vexin públicament o facin escarni públic, de paraula o per escrit, dels que practiquin qualsevol opció de consciència."

6a modificació: Article 526.
"El qui, faltant al respecte degut a la memòria dels morts, violi els sepulcres o sepultures, profani un cadàver o les seves cendres o, amb ànim d'ultratge, destrueixi, alterés o danyi les urnes funeràries, panteons, làpides o nínxols, serà castigat amb la pena d'arrest de dotze a vint caps de setmana i multa de tres a sis mesos."

Text proposat:
"El qui, faltant al respecte degut a la memòria dels morts, violi els sepulcres o sepultures, tracti amb ignomínia un cadàver o les seves cendres o, amb ànim d'ultratge, destrueixi, alteri o danyi les urnes funeràries, panteons, làpides o nínxols, serà castigat amb la pena d'arrest de dotze a vint caps de setmana i multa de tres a sis mesos."



dilluns, 22 d’octubre de 2018

¿La religión, un referente moral?


Pedro López López
Público


La Iglesia Católica, pero también las distintas confesiones existentes, plantean a menudo la necesidad de incluir en el sistema educativo una formación en sus valores, bajo el presupuesto de la superioridad de estos frente al laicismo imperante, cuyos valores, así como el propio concepto, denigran constantemente. Si del laicismo pasamos al ateísmo, los dignatarios y religiosos no es que denigren, es que demonizan directamente, invitando al odio de los creyentes. Así, por ejemplo, Amvrosios de Kalavrita, obispo griego de la iglesia ortodoxa, ante una oleada de incendios provocada el pasado mes de julio por la ola de calor, declaraba en su blog que “El ateo del primer ministro Alexis Tsipras atrae la ira de Dios”. Esto es claramente incitar al odio de los creyentes hacia los ateos, pues no faltan millones de incautos que se creen estos disparates; como es también incitar al odio comparar el aborto con el genocidio nazi (Juan Antonio Reig Plá, obispo de Alcalá de Henares) o decir que el hombre puede abusar de la mujer que aborta (Javier Martínez, arzobispo de Granada).

Sin llegar a este grado de odio, es frecuente el planteamiento por parte de los sectores religiosos de que el “remedio” al ateísmo es la formación religiosa, como si el ateísmo fuese una carencia del cerebro o alguna terrible enfermedad. Igualmente, son frecuentes en el discurso religioso ideas como que cuando falta el sentido religioso la persona se degrada o tonterías como que donde no hay fe aumentan los homicidios, el alcoholismo, los abortos y todas las plagas imaginables.

Si descartamos el aspecto litúrgico de las religiones, gran parte de sus principios morales son principios básicos que suscribe cualquier persona civilizada. Dejando de lado la moralina que se deriva de entender como pecaminosa toda conducta que no cabe en las estrechas mentes de las jerarquías religiosas, obsesionadas enfermizamente por el sexo, no hace falta ser creyente para entender que no hay que matar, mentir o robar, o que debemos tratar a los demás como uno mismo quiere ser tratado. Tampoco hace falta ser religioso para pensar profundamente en el significado de la vida, de las relaciones con los demás o de la justicia en un mundo profundamente desigual.

Arrogarse una superioridad moral sobre laicos, agnósticos y ateos, es una ilusión que seguramente ni se creen los jerarcas religiosos, pero que les proporciona buenos réditos ante sus masas de fieles. Dejémoslo claro: la visión religiosa de la sociedad y del mundo no aporta ninguna superioridad moral a las personas, que pueden ser tan virtuosas siendo ateas como siendo creyentes.

Por otro lado, si bien es cierto que las instituciones no suelen representar la pureza de las ideas y los valores, dado que toda institución es humana y por tanto corruptible, hace falta mucha desfachatez para que una institución como la Iglesia Católica se crea con derecho a imponer sus enseñanzas en el sistema educativo. Y es que sacerdotes y dignatarios son con muchísima frecuencia precisamente contraejemplos de virtudes morales. Veamos:

La pederastia ya no es una suma de casos más o menos inflada, es una auténtica epidemia que abochorna a los católicos; desde Estados Unidos a Irlanda o España, es difícil encontrar lugares donde sus representantes católicos no estén manchados por esta canallada. Hasta ahora, el tratamiento dado a esta infamia por el derecho canónico es irrisorio. El País del pasado domingo 14 de octubre informaba de un caso producido en La Bañeza (León) que dio lugar a un procedimiento eclesiástico contra el abusador que se resolvió con la sanción de ejercicios espirituales y privación del oficio de párroco por un período “no inferior a un año”. El fenómeno de los abusos no es algo exclusivo del catolicismo, por supuesto: no hace mucho nos enteramos de que el Dalai Lama, en otra órbita religiosa, reconocía saber desde los 90 casos de sacerdotes budistas abusadores sexuales, pero que había encubierto. Los abusadores son miles, pero los encubridores también, tanto en el caso de la religión católica como en otros. Desde luego, no hay que dejar al margen otros sectores religiosos, como el ISIS, grupo paramilitar de inspiración religiosa, y su utilización de esclavas sexuales.

Otra mancha inocultable es el apoyo que todas las dictaduras de derechas han obtenido de la Iglesia Católica. Desde el genocida Franco, al que la Iglesia Católica no ve inconveniente en inhumar en la catedral de Madrid, hasta los dictadores de numerosos países han tenido el apoyo o la connivencia de la jerarquía católica, incluyendo el silencio cómplice de la barbarie nazi. No en vano el Vaticano fue posible gracias al apoyo de la Iglesia a Mussolini.

Un capítulo infame es el de las numerosas tramas de robos de niños, empezando por la gigantesca red en España, posible en gran parte por la colaboración de monjas en clínicas y hospitales, que intervenían para engañar a las madres que sufrían los robos, como se está viendo cada vez más claramente gracias a numerosos testimonios. No es un fenómeno exclusivamente español, como vimos hace pocos años con la película Philomena, que denunciaba otra trama de robo de niños perpetrada por monjas en Irlanda.

La acusación de “materialista” a la sociedad y a las personas no creyentes por parte de sacerdotes y obispos es un clásico. Pero de cuando en cuando tenemos noticias que sorprenden por el grado de cinismo que suponen por parte de altos jerarcas religiosos. El pasado mes de agosto saltaba la noticia de que la Iglesia de California compraba una vivienda de 2,4 millones de dólares para un obispo retirado. Y todos recordaremos por estos pagos el “modesto” pisito que pasó a ocupar Rouco Varela a su retiro, con un valor de 1,2 millones de euros. Pero no les cuesta hablar de humildad, sobriedad, austeridad y tantas otras virtudes que debemos practicar los demás.

La vergüenza de las inmatriculaciones con su espectáculo de codicia insaciable se suma a esta lista. Con la connivencia de los sucesivos gobiernos, la Iglesia Católica se ha convertido en el mayor propietario inmobiliario después del Estado. ¿Para qué necesita una religión tener un imperio económico?, ¿es esto lo que predicaba Jesucristo, el personaje que inspira los sermones católicos?

Si de “poner la otra mejilla” hablamos -o hablan ellos, para decirlo con más propiedad-, es irritante el blindaje que proporciona el delito de blasfemia, según el cual, ofender los sentimientos religiosos debe ser castigado con el código penal. No disfrutamos de este privilegio los demás, que tenemos sentimientos tan altos y respetables como puedan tenerlos las personas religiosas. Por el contrario, no solo pretenden el privilegio de estar blindados contra el insulto o la ofensa, a diferencia de los demás, sino que persiguen con auténtica saña a sus ofensores (véase, por ejemplo, el caso de Willy Toledo o el que hace unos años protagonizó Javier Krahe). Y es que, afirmaba el político estadounidense del siglo XIX Robert Green Ingersoll, “el crimen llamado blasfemia fue inventado por los sacerdotes con el propósito de defender doctrinas que no se pueden sostener por sí mismas”.

Del “negocio” del final de la vida, también podrían decirse algunas cosas. Los chantajes a los presos políticos condenados a muerte en el franquismo eran miserables: si querían escribir a sus familiares en el último momento, se les obligaba a confesarse, por lo que muchos ateos tuvieron que pasar por el trago de morir “confortados espiritualmente por los santos sacramentos”. Del respeto a las creencias o falta de ellas han pasado siempre los religiosos más que olímpicamente, y tratándose de personas relevantes, han intentado la “conversión” con las artes más ruines que cabe imaginar. Al oler la muerte de una buena pieza de trofeo, acuden raudos sacerdotes e incluso dignatarios para “auxiliar espiritualmente” sin que nadie los requiera. Así lo hicieron con el escritor Luis Martín-Santos, con el filósofo Ortega y Gasset, con Jesús Monzón, el comunista que organizó la entrada por el Valle de Arán en 1944, o con Matilde Landa, un caso especialmente dramático y miserable por parte de las monjas que la presionaron hasta llevarla al suicidio. Son casos lejanos, pero no tengo noticia de que la práctica haya terminado. Sobre la especial atención a las herencias, remito a los lectores a una obra maestra de Blasco Ibáñez, La Araña Negra.

Pues bien, estas críticas, y otras que podrían hacerse, son compartidas por gran parte de las bases católicas, pero eso no impide que la Iglesia como institución se presente como víctima de una feroz persecución religiosa cuando se cuestionan lo que no son más que privilegios, y no derechos. Y uno de estos privilegios que no quiere soltar la Iglesia es el supuesto “derecho” a transmitir sus dogmas en el sistema educativo, obviando que este está para transmitir conocimientos contrastados y enseñar a los estudiantes a reflexionar para que puedan conformar autónomamente su propia conciencia moral; decía el pedagogo y filósofo británico Alfred Jules Ayer que “ninguna moral puede fundarse sobre la autoridad, ni siquiera aunque la autoridad fuera divina”. Precisamente la protección de la libertad de conciencia para que el individuo forme la suya autónomamente es el objetivo del laicismo.

En febrero de este mismo año Jesús Aparicio Bernal, un alto cargo del franquismo, adepto durante décadas al nacionalcatolicismo, pero a estas alturas de la película ya de vuelta de todo, publicó el libro No te lo creas: la dudosa credibilidad de los dogmas de fe. En sus últimas palabras, dice en el libro “No es posible, pues, creer que la religión católica es una religión verdadera cuando se basa en tal sinnúmero de falsedades. Sin embargo, la Iglesia ha intentado desde su origen imponer las creencias que ha declarado dogmáticas mediante toda clase de coacciones”. No me gusta citar a personajes que caen en las antípodas de mis parámetros ideológicos, pero creo que la fuerza de este testimonio, proveniente de alguien que ha compartido durante muchas décadas los dogmas católicos, lo hace necesario.

Por tanto, ni el código moral católico o de cualquier otra religión es superior a los códigos morales que pueden inspirar la conducta de los no creyentes y/o laicos, ni está justificada la pretensión abusiva de imponer en el sistema educativo dogmas y códigos morales particulares. Sin una sociedad y un sistema educativo laicos dudosamente se puede alcanzar una democracia de calidad.



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