Translate

diumenge, 30 de setembre de 2018

El dia mundial de la blasfèmia

per Dani Rué

El dia 30 de setembre es va establir com a dia mundial del dret a la blasfèmia, coincidint amb l'aniversari de la publicació de dibuixos satírics de Mahoma en el diari Jyllands Posten de Dinamarca. Això va generar una gran indignació en el mon musulmà (actual màxim referent de la intolerància religiosa, distinció que fins no fa gaire ostentava el cristianisme) i va generar tota mena de intoleràncies que van desembocar en les cremes d'ambaixades occidentals.

També es dedica a Salmand Rusdie que porta dècades amagat degut a una fatwa del Ayatolà Jomeini condemnant-lo a mort tal i com mana el Corà.

Al estat espanyol en virtut del article 525 del codi penal que condemna «l'escarni» a la religió, Javier Krahe va ser jutjat al maig de 2012 per una cinta casolana de 54 segons realitzada feia 34 anys en la qual se li veia al costat d'uns amics cuinant un crucifix.

L'article 525 del Codi Penal d'Espanya contempla el delicte d'escarni prescrivint una pena de vuit a dotze mesos de multa a «els qui, per ofendre els sentiments dels membres d'una confessió religiosa, facin públicament, de paraula, per escrit o mitjançant qualsevol tipus de document, escarn dels seus dogmes, creences, ritus o cerimònies, o vexin, també públicament, a els qui els professen o practiquen». Això significa una repressió efectiva sobre el dret de lliure expressió. A l'estat espanyol es poden criticar i fer parodies i burles de tota mena d'institucions i personatges públics però no és permès fer escarni dels éssers imaginaris que viuen en ments obnubilades.

A la catòlica República d'Irlanda va aprovar la «Llei de difamació de 2009», que en part diu: «Una persona que publiqui o pronunciï blasfèmies serà culpable d'un delicte i podrà ser condemnada a una multa que no excedeixi de 25.000 €.»

Què és blasfèmia? Per descomptat, ningú sap el que és, tret que prengui en consideració el lloc i l'època on es trobi. El que és blasfèmia en un país podria ser una exhortació religiosa en un altre. És a dir, l'ofensa o no dels sentiments religiosos depèn més de qui se sent ofès que del ofensor. A l'Aràbia Saudí, el Iemen, Pakistan i d'altres països islàmics la blasfèmia i el ateisme es castiguen amb la pena de mort.

foto: dataurgente.com

El cristianisme, amb l'Església Catòlica Romana al capdavant, no va estar pas plegat de mans durant més de 15 segles fins fa uns dos-cents anys mal comptats. La inquisició va fer una bona «neteja» d'ateus i heretges mitjançant tortures i fogueres.

Segons el dret canònic la blasfèmia és tota paraula injuriosa a Déu, distingint-se per la seva gravetat entre la blasfèmia herètica de la no herètica i, per l'objecte de la mateixa, entre la blasfèmia directa, que és la proferida a Déu, de la indirecta, que és la proferida a la Mare de Déu, els sants, els Sagraments, etc. Així doncs la blasfèmia no es va dirigida contra els sentiments dels creients com sovint aquests es queixen sinó contra unes deïtats de les que no existeix ni la més mínima evidencia i que, a més, d'ideari que les suporta és objectivament pervers.

Per això avui, 30 de setembre de 2018, exerceixo el meu dret d'expressió, de crítica i de merescuda befa al sentiment religiós. El respecte a la intolerància i la hipocresia religiosa, per molt que es disfressi de bondadosa i tolerant, no fa més que donar ales al obscurantisme, la superstició, la irracionalitat i la repressió dels drets humans i obstaculitzar l'avenç del coneixement científic, del progrés social i el millorament de la nostra consciencia d'espècie. Tinc la ferma convicció intel·lectual que l'única forma de tractar les religions i el pensament màgic, al igual que les pseudociències i demés maguferies, és el públic escarni. Feliçment en aquest cas em coincideix el que penso que cal fer i el que em ve de gust fer.

Dani Rué

dimarts, 25 de setembre de 2018

Sobre el fundamentalismo religioso


El fundamentalismo religioso de las religiones del libro, no es un fenómeno de hoy; se remonta en su versión más moderna a principios de siglo pasado.

El artículo cuyo enlace adjunto, explica brevemente que significa la actitud fundamentalista en la religión, y lo concreta en el caso concreto de la Cuba actual. Como opera en Cuba, es todo una lección de donde sacar algunas reflexiones generales. Y este, es el interés que tiene, ya que, al margen de las condiciones concretas de todo tipo, que se dan en la Cuba actual, las formas de operar van más allá de lo que ocurre y ocurrió en el pasado no muy lejano en ese país.

Si somos capaces —y deberíamos serlo—, como pequeña tribu de ateos y librepensadores, de sacar conclusiones aunque provisionales, estas podrían ayudarnos a «elevar» nuestra mirada, al tratar ciertos temas, que tienen relación con las preocupaciones de nuestra supuesta o real militancia atea (dixit: Richard Dawkins).

Toni

¿Fundamentalismo religioso en Cuba? – La Tizza Cuba – Medium

dijous, 20 de setembre de 2018

El poder de la blasfemia

Cadenas para castigo inquisitorial
en Verona. / Pixabay
"Si hay algo eterno que podemos llamar aún España es precisamente esta combinación: la cárcel y la blasfemia"
por Santiago Alba Rico

Willy Toledo ha pasado una noche en la cárcel por blasfemar. Si hay algo eterno que podemos llamar aún España -y eso para todos, por muy ligeros o postmodernos que nos queramos- es precisamente esta combinación: la cárcel y la blasfemia.

Toledo se ha cagado en Dios, lo que es una estupidez; o lo parecía antes de que una asociación católica lo denunciase y un juez admitiese a trámite la denuncia. En España todo el mundo blasfema; todo el mundo ha blasfemado siempre, sobre todo los católicos y, cuando en España todo el mundo era católico, blasfemaban sólo los católicos. Ahora bien, cuando los católicos españoles se cagan en Dios no están pensando en Dios sino en la Iglesia. España -recuerda Villacañas en su libro sobre el poder político- ha sido un país extraño en el que la Iglesia ha regido durante siglos de modo inquisitorial los destinos de una población naturaliter cristiana, de manera que el anticlericalismo furibundo español, antes de adoptar formas ateas, era profundamente católico: pensemos, por ejemplo, en la quema de conventos de 1834, cuando los vecinos católicos de Lavapiés atribuyeron la epidemia de peste que asolaba la ciudad a un envenenamiento de las fuentes públicas por parte de las órdenes religiosas instaladas en Madrid.

Por lo demás, siempre he interpretado en este sentido un misterioso pasaje de los Episodios Nacionales en el que Galdós, en el marco de la primera guerra carlista, habla de la relación difícil del aspirante Don Carlos con su máximo general, Rafael Maroto, un hombre de cuyo fervoroso catolicismo nadie podía dudar. Pues bien, dice Galdós en las últimas páginas de su novela Vergara: “(Don Carlos) odiaba cordialmente a Maroto, no por mal militar, que no lo era, ni por desafecto a su causa, sino porque en cierta ocasión de apuro, atravesando la frontera de Portugal, había soltado D. Rafael en los regios oídos la interjección más común en bocas españolas, desacato que el meticuloso Rey no perdonó nunca”. ¿Qué “interjección” se le escapó al impulsivo y beato Maroto que su rey, tan necesitado de su ayuda, no le pudo perdonar? Sin duda una blasfemia; probablemente un “me cago en Dios”; y si su rey no se lo pudo perdonar no fue porque descubriese de pronto que su general era ateo, sino porque se percató de que era algo peor: un católico anticlerical y, por lo tanto, un carlista tibio (como quedó demostrado en el famoso “abrazo de Vergara” con Espartero en 1839).

Más allá de este caso sujeto a especulación, todos sabemos que los católicos blasfeman y se cagan en Dios no contra Dios sino contra la Iglesia, dentro de la cual muchos de ellos se han sentido siempre incómodos o engrilletados. En este sentido, uno de los graves errores de la Segunda República Española, y más en una situación de rebelión militar “católica”, fue la de obligar a los blasfemos católicos a elegir entre el ateísmo y la Iglesia, dentro de la cual los católicos al menos podían blasfemar. Es fuera de la Iglesia donde no se puede, como lo demuestra la denuncia contra Willy Toledo por parte de una asociación compuesta sin duda por católicos que blasfeman libremente, pero que no pueden aceptar el anticlericalismo consciente y premeditado de un ateo.

Muchos católicos se cagan en Dios por amor a Dios y rechazo de la Iglesia. Incluso muchos curas se cagan en Dios, porque esa expresión, junto a “me cago en la hostia”, se encuentra en la línea de salida -en la superficie- del rico repertorio blasfemo y palabroto del pueblo español plurinacional. Esas “interjecciones” están ahí, a disposición de todos, y salen del alma apenas una contrariedad, pequeña o grande, asalta nuestras vidas. Un católico blasfema, aunque no lo sepa, contra la Iglesia; y la Iglesia le perdona su anticlericalismo plebeyamente cristiano. Un cura blasfema, en cambio, para unirse más al Dios en el que cree firmemente (los que creen firmemente en él). O para interiorizar su misión como su representante y apropiarse -fervor rayano en la herejía- parte de su sustancia divina.

El “me cago en Dios” de un cura es como el “me cago en tu madre” de una madre que regaña al hijo que ha cortado los flecos del sillón o hecho trizas la vajilla. Al cura blasfemo (que es el bueno, el verdadero creyente) le sale del alma regañar a Dios con un “me cago en Dios” -pienso en algunos teólogos de la liberación ante flagrantes casos de injusticia- porque lo sienten suyo y así lo hacen más suyo, y se lo arrebatan un poco a los “malos” que invocan su nombre con solemnidad hipócrita y distancia humanamente despectiva.

No se puede escapar de España blasfemando. Todos blasfeman; todos blasfemamos. Lo que los católicos blasfemos no pueden quizás tolerar del “me cago en Dios” de Willy Toledo es precisamente que no le ha “salido del alma”; que le ha salido de la ideología, de la voluntad fría -diría Pavese- de añadir un clavo en la crucifixión de Cristo. Que no le haya salido del alma sino de la ideología vuelve en realidad más ingenua e infantil la blasfemia: una palabrota antigua, un poco obsoleta o pasada de moda, la autocomplacencia afirmativa y audaz de un niño en la fase oral que paladea el verbo más que el nombre y al que excita su propio coraje escatológico.

Ahora bien: ocurre que algunos católicos no ven aquí una niñería antigua, como la veo yo, ni un empobrecimiento ideológico; ven, del mismo modo que esos fanáticos musulmanes que atacan las pésimas e infantiles caricaturas del Charlie Hebdo, un ataque real a su Dios, al que creen absolutamente real, de manera que de pronto la blasfemia banal de Toledo, que pincha en nervio vivo, adquiere un sentido que en el contexto sociológico actual no tiene. Ese “sentido”, en todo caso, podía haberse quedado ahí, en una batalla en internet entre un niño valiente y un grupo de fanáticos musulmanes (quiero decir católicos) si no fuese porque, de manera inesperada, ha intervenido la justicia, y no precisamente, como sería de rigor, para defender al niño malhablado de los fanáticos ofendidos.

Porque es aquí donde interviene el otro rasgo típicamente “español”: la cárcel. Lo que da verdadero sentido, de manera retrospectiva, a la infantil blasfemia de Toledo (que se vuelve así grande, misteriosa y subversiva) es la cárcel. Es en este “sentido” adventicio, a contrapelo del contexto social, donde estamos ahora obligados a movernos todos, con independencia de lo que pensemos del twit de Toledo; blasfemar tiene el sentido que le ha conferido la persecución judicial y ya no podemos escapar a él, y no debemos hacerlo, en defensa precisamente del contexto social (que disolvería el sentido de la blasfemia) y, en consecuencia, de la libertad de expresión. Por alargar la cosa más allá de un “me cago en Dios” ideológico, podemos decir que Toledo, Hasel, Valtonyc, los independentistas catalanes encarcelados -y todo ello al margen de que nos gusten o no sus canciones o sus posiciones políticas- no habrían hecho nada si nada se hubiera hecho contra ellos. El “sentido” de sus actos, derivado del fanatismo religioso y de la persecución judicial, se habría perdido en el contexto social, como una chiquillada o una broma, si el Estado español fuese un poco más democrático -fuese realmente democrático.

Resulta que en España, el país más blasfemo y descarado del mundo, el más frívolo y más olvidadizo, tiene sentido blasfemar, además de sonido. Así que ahora, por culpa de unos fanáticos y una mala ley, estamos obligados a tomárnoslo en serio, ese sentido, hasta que se disuelva de nuevo -y desaparezca inaudible- en el repertorio palabrotero banal y en la banal rutina democrática.

dilluns, 10 de setembre de 2018

Estadístiques del CIS i d’altres

Albert Riba
President de l’Associació Ateus de Catalunya

Consultats els avenços de les estadístiques estatals del CIS dels darrers dos anys, trobem unes dades que no es corresponen amb el tractament que rebem els ateus i els no creients al nostre país.

A la pregunta de com es defineixen, els espanyols contesten que:

  • catòlics: 67-69%,
  • ateus i no creients: 25-27%,
  • creients en altres religions: 2,5-3%.

Veiem clar que la segona opció amb diferència som els no creients, i mentre que a religions molt minoritàries se’ls ofereixen acords amb l’estat, subvencions, privilegis escolars, espais als mitjans públics com TVE i TV3, etc., als ateus no se'ns reconeix ni es desenvolupa la llei de llibertat de consciència que determini quins són els nostres drets en paral·lel als d’altres opcions.

Respecte a la pràctica religiosa, una gran majoria de creients no són practicants. Entre el 73 i el 75% no van quasi mai —o com a màxim algun cop l’any— a cultes religiosos enfront d’entre el 24 i el 26% que hi van com a mínim algun cop al mes. Tenint en compte que el 3% de creients en altres religions són molt més complidors, els catòlics queden clarament per sota de la quarta part dels que compleixen amb l’obligació d’anar a missa. Si combinem els que es consideren catòlics amb els catòlics que no són practicants ens trobem que el 50% de les persones són el que es considera «creients sociològics», mentre que els autèntics catòlics serien només un 15/16%. Si les circumstàncies històriques, d’escolarització, etc. fossin diferents, segurament encara serien menys.

Encara podríem embolicar més la troca analitzant la influència de l’edat en els resultats i veuríem que com més grans més religiositat i com més joves molta menys.

Si es pogués disposar de les dades per autonomies, ens adonaríem de les grans diferències que hi ha. Disposem de dades de Catalunya, i si bé les preguntes i les alternatives de resposta no són homologables —cosa que dificulta l’anàlisi— s’hi poden veure les grans tendències que, si bé són similars en l’evolució amb les espanyoles, el resultat és diferent que a Catalunya.

Trobem una diferència en l'auto-definició d'un 10% menys de catòlics i un 10% més d’ateus i no creients. Això ens porta a pensar que a la resta de l’estat hi ha poques comunitats amb dades properes a les catalanes i moltes comunitats amb dades encara més proclius al catolicisme.

Si finalment analitzem les dades de Barcelona, on els que es consideren catòlics són un 47% i els no creients un 42%, tot amb l’element dinamitzador de l’edat, veiem que el «sorpasso» és un fet que començarà a donar-se aviat per localitats i territoris, però que costarà d’acabar.

dilluns, 3 de setembre de 2018

Carta al Sr. Jorge Bergoglio

El Sr Jorge Bergoglio no creu que existeixin els ateus
Llegides als mitjans les seves paraules, ens hem apressat a trametre una carta exposant la nostra indignació

Al Sr. Jorge Mario Bergoglio, cap de l'església catòlica
Ciutat del Vaticà

«Ningú ha demostrat encara l’existència d’algú que no cregui en déu».

Segons els mitjans de comunicació, el Sr. Bergoglio va pronunciar aquesta frase fa uns mesos, i dit amb tot els respectes, és un compendi d’arrogància o d'ignorància.

És clar que per arribar on ha arribat no pot ser un ignorant, pel que dedueixo que és una persona arrogant, que es considera per sobre dels demés, i que ells no veuran les fal·làcies i trampes del seu raonament. Tot molt propi d’un agustinià de la cleda dels «SJ», molt llestos, però creient-se més llestos que els demés.

No fa falta demostrar que jo existeixo i que soc ateu, ningú pot dubtar-ho si jo faig una afirmació contundent, o potser puc posar en dubte que vostè sigui creient? De fet ningú ha demostrat que algú sigui creient, excepte si acceptem com a demostratives les autoafirmacions.
La seva asseveració «La por, com la fe, es pot negar encara que es tingui» es pot alinear amb una coneguda frase militar «El valor, com la fe, es pot afirmar encara que no es tingui».
En les seves paraules «Per tant, si un ateu diu que és ateu, mentre que afirma la seva pròpia condició està afirmant la seva existència. I afirmar l'existència és també afirmar l'existència de qui dóna l'ésser, que és déu», permeti'm la brometa, ¿el meu pare i la meva mare eren déu?. Vostè intenta afirmar, sense demostrar-ho, que déu dona el ser. Fins avui les ciències no han trobat cap rastre de veracitat en aquesta afirmació, mes aviat han anat demostrant que els processos naturals no necessiten la hipòtesi de déu.

Reconec el meu alineament amb el reconeixement universal a la llibertat de consciència, de pensament i d’expressió. Cal que, des de una posició d’humilitat, admeti el mateix valor ético-moral i de coneixements, als que pensem diferent de vostè, i a les nostres idees.
Penso que no pot afirmar de forma impune que som mentiders.

Salutacions cordials

Albert Riba
President d’Ateus de Catalunya