Tradueix

26 de novembre 2018

Embolica que fa fort

Luis Argüello portaveu i secretari general de la «Conferencia Episcopal Española» ha començat el seu «secretariat» amb unes declaracions al·lucinants que han aixecat una forta polèmica: ha manifestat que els postulants d’una plaça de capellà han de ser «enterament homes, per tant, heterosexuals», el què mostra la seva LGTBIfòbia al assenyalar que els LGTBI només son mig  —o menys— homes. De les dones LGTBI no en sap o no contesta. I es va acabar d’embolicar en una comparació entre la transsexualitat i el secessionisme.

Argüello denuncia que en lleis recentment aprovades es legalitzés la transsexualitat, fent cas als desitjos i sentiments dels ciutadans i ciutadanes que volen canviar de sexe, reclamant que s’ha de seguir la «racionalitat» i no els sentiments. Fenomenal que apel·lin al raciocini aquells que —sense cap prova— creuen en: ànimes, déus, inferns, dimonis, eternitats, miracles, pecats, creacions, el càstig dels descendents pels delictes dels antecedents (pecat original), mares verges abans, durant i després del part, resurreccions, transsubstanciacions de pa en carn i vi en sang, conservant el gust, el tacte i les matèries originals, etc.

I va vincular el tema de la transsexualitat amb desig d'independència dels catalans: «Perquè avui no només és aquest assumpte; pensem en la situació política d'Espanya, en les nostres tensions com a poble, com nació i nacionalitats». Argüello va avisar que, fent això, els sentiments son la condició jurídica que fonamenten «la gran decisió del canvi de sexe o la decisió tan important de canviar de configuració de l'Estat». Embolica que fa fort!

Albert Riba
President de l'Associació Ateus de Catalunya

15 de novembre 2018

¿Quién es Manuel Valls?

Hemos recibido de la Libre Penseé francesa, organización que —como nosotros— pertenece a la Asociación Internacional del Libre Pensamiento, el comunicado que reproducimos a continuación por el que nos ponen en guardia ante el político francés, de ascendencia española, Manuel Valls, que ha difundido su candidatura a la alcaldía de Barcelona.
Dado que su candidatura aun no ha sido avalada por ningún partido hemos de pensar que ha recibido financiación de alguno de los poderes que desean que la alcaldía de Barcelona caiga en manos afines a sus intereses.
Conociendo a nuestros amigos de la Libre Penseé —que normalmente son muy discretos en sus opiniones— hemos de pensar en la gravedad del movimiento político del Sr. Valls. En nuestras apreciaciones, y con los conocimientos que tenemos de la política francesa, también pensamos que la candidatura de una persona que traiciona a sus amigos, persigue a sus contrincantes, miente respecto a sus posiciones políticas, ha fracasado en todos sus proyectos en Francia y ha hundido a sus compañeros de viaje, no nos la merecemos los barceloneses, los catalanes ni los españoles. Y más si hace gala de un laicismo del que carece absolutamente, estando dispuesto, como nuestro amigo Marx... Groucho Marx, a cambiar de principios (laicos), puesto que tiene otros.


La Libre Pensée Francesa se dirige a las asociaciones de ateos, de librepensadores, de laicistas y de humanistas en España
  1. Atención:

  1. ¡La llegada de Manuel Valls a Barcelona es una falsificación en términos de laicidad y republicanismo!

Los medios compitieron entre sí para anunciar la noticia: Manuel Valls será candidato a la alcaldía de Barcelona y renunciará a su cargo de diputado en Francia. Esta es una buena noticia para los franceses, porque se deshacen de él, pero es una triste noticia para los españoles y los catalanes, porque tendrán que cargar con él. Les pedimos disculpas por adelantado.
  1. ¿Quién es Manuel Valls?

Es el hombre de todas las negaciones y todos los perjurios. Lo que hizo durante las primarias presidenciales del Partido Socialista Francés demostró que no respetaba la palabra dada.
  1. Un político sin principios

El 29 de enero de 2017, después de una segunda vuelta entre más de dos millones de votantes, fue derrotado por Benoît Hamon (41,31% frente al 58,69%). A pesar de la regla establecida en las primarias, se negó a dar su apoyo a Benoit Hamon explicando que no estaba de acuerdo con sus propuestas. La Alta Autoridad de las primarias del PS denunció una «violación de la palabra dada» que «rompe gravemente el principio de lealtad y el mismo espíritu de las primarias».
El 29 de marzo de 2017, invitado por el canal BFM TV, hizo un llamamiento a dar apoyo a Emmanuel Macron en la primera ronda. El mismo día, en una entrevista en Obs (Le Nouvel Observateur), mostró su disposición para trabajar con François Fillon (el otro candidato de la derecha) en caso de victoria de este último, para «llegar a acuerdos con la derecha parlamentaria».
Después del pase de Emmanuel Macron a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, dijo: «debemos estar preparados para apoyar, para ayudar, para participar en la mayoría». Sin anunciar su salida del PS, exige la exclusión de partidarios de Benoît Hamon a cambio de no provocar una escisión política, «Aquellos que no comparten las mismas ideas, los que no están de acuerdo sobre el tema de Europa en economía, negocios, seguridad o laicidad, ¿pueden seguir estando en la misma familia política? Personalmente no lo creo. Así que ha llegado el momento definitivo de la clarificación».
  1. Un oportunista sin honor y sin límite a su derecha

A fuerza de estar en la estela de «los elefantes del Partido Socialista», dando codazos y echando fuera de la carretera los competidores que pudieran obstaculizar sus ambiciones, se convirtió en ministro. Su referencia es Clemenceau, el rompehuelgas. De ahí su pronunciada aversión en contra del sindicalismo obrero. Se vio claramente en el momento de la batalla contra la ley antisocial El Khomri (Ley de reforma laboral, no votada en la Asamblea Nacional que impuso por decreto ley), donde sus crisis de autoritarismo terminaron por perjudicar incluso a los suyos.
Como Clemenceau, una sola cosa le interesa: la represión contra todos los que no están de acuerdo con él. También se vio cuando apoyó las medidas represivas contra los independentistas en Cataluña.
En todo momento es víctima de una incapacidad permanente. General sin tropas, lleva incluso a otros a la derrota: Holande, El Khomri, Cambadélis. Su paso por la política está plagado de derrotas. Todo lo que toca queda afectado. Es el hombre de la derrota permanente.
A base de traiciones y golpes bajos, terminó siendo primer ministro del 31 de marzo de 2014 hasta el 6 de diciembre de 2016. Valls no paró de torpedear la posible candidatura de Francois Hollande a la reelección a la Presidencia de la República. Participó activamente en la decisión de no renovar la candidatura del presidente saliente. El camino le parecía abierto para su candidatura; afortunadamente, esta será un rotundo fracaso.
  1. Una falsificación permanente

Hay que engañar al pueblo llano. Así, cuando el traje le queda demasiado pequeño, encarga otro. Al igual que un político burgués de la Belle Époque, Manuel Valls se presenta como «laico puro y duro» ... Quiere romper «el conflicto árabe-musulmán» para complacer a un electorado xenófobo. Su credo es más que primario: la culpa es del islamismo, del Islam, por lo tanto, de los musulmanes. Todos culpables, todos responsables. Por otro lado, para la Iglesia Católica, tiene los ojos de Don Rodrigo de Vivar para Doña Jimena (frase francesa que indica la incapacidad que tenía el Cid Campeador para ver los defectos de su esposa. N. del T.). Incluso le dirá a Le Figaro (periódico de derecha clerical): «Si hubiera un problema de laicismo en Francia con la Iglesia Católica ya se sabría».
Y es ese Valls al que un conglomerado de políticos sin principios en Francia bautizó como «laico» con la esperanza de que fuera elegido Presidente de la República y que luego fuera generoso en privilegios para sus seguidores. Esta ambiciosa camarilla tenía en común una aversión descontrolada contra todos aquellos que les parecían «musulmanes». Pero todo esto terminó en un completo ridículo, con Valls salvando su asiento de diputado por los pelos. El equipo cayó al barranco, con su conductor llamando piadosamente a votar a Emmanuel Macron para tratar de hacer olvidar sus torpezas.
  1. Si eres partidario de la laicidad y de la República en España:
    ¡no cuentes con Manuel Valls!

Aquel que sus sicarios presentaron fraudulentamente en Francia como republicano secular: ¿se va a Barcelona ​​para manifestarse y actuar...
...contra la monarquía franquista y por la República?
...contra el Concordato Franquista y por la Separación de Iglesia y Estado?
Fácilmente podemos apostar a que se mantendrá callado sobre estas cuestiones porque, al igual que Blaise Pascal, dirá: «La verdad se halla en este lado de los Pirineos, el error más allá». Para ser elegido, en España dirá exactamente lo contrario. Al no tener ningún principio en política, cometerá la peor bajeza para intentar ser elegido y traicionar, una vez más, a todos. Hará en Barcelona ​​lo que hizo en Evry y París.
Compañeros españoles, estáis avisados. Nada bueno os puede ocurrir con alguien como él.
Tened la seguridad de nuestra plena y total solidaridad en la lucha por la laicidad, la República y la democracia.
  1. FÉDÉRATION NATIONALE DE LA LIBRE PENSÉE
    Miembro de l’Association Internationale de la Libre Pensée (AILP)
    10/12 rue des Fossés-Saint-Jacques - 75005 PARIS
    Tél.: 01 46 34 21 50 – Fax: 01 46 34 21 84
     
    https://www.fnlp.fr

05 de novembre 2018

El delicte de blasfèmia en el Codi Penal Espanyol

Observacions, motivació i propostes de l’Associació Ateus de Catalunya

El delicte de blasfèmia ha estat, històricament, una forma de repressió del lliure pensament i de la llibertat d'expressió. Les dissidències sobre el credo dominant, anomenades moltes vegades "heretgies", van poder així ser perseguides sota el títol de "blasfèmia".

La Inquisició catòlica va fer un gran ús d'aquesta figura, pretesament jurídica, per condemnar simplement als que pensaven de manera diferent i que d'una manera o altra criticaven alguns aspectes, o la totalitat, de la religió catòlica.

Avui veiem amb estupor que en països musulmans s'usa el delicte de blasfèmia per atemorir a les persones —com exemple, al Pakistan i a l’Iran—, o per crear violents enfrontaments polítics amb els països occidentals per tal d'impedir la conjunció harmònica de les persones immigrants en els països de destinació. El simple fet de reproduir una imatge de Mahoma, o de vegades només citar-lo, ja és considerat un delicte abominable.

La història recent d'Espanya ens ofereix casos emblemàtics de persones —com per exemple Ramírez de Haro, Leo Bassi, Javier Krahe, Rita Maestre, Dolors Miquel i Willy Toledo— que per les seves accions i/o expressions han estat portades a judici per un delicte d'ofensa als sentiments religiosos. Considerem inadmissible que el nostre Codi Penal permeti la possibilitat que es presentin denúncies d'aquest tipus, ja que podrien amagar l'intent de censurar la lliure expressió crítica de les idees.

Tot això ens porta a plantejar la necessitat de revisar, a la llum dels valors d'igualtat i llibertat aportats per la Il·lustració, els aspectes que ens afecten encara a Espanya en relació a aquest passat de moda "delicte de blasfèmia".

1r. El nostre argument s’inicia des d'una posició que qualsevol demòcrata comparteix: «Les persones han de ser respectades, les idees poden ser criticades». És a dir, les lleis han de defensar en la mateixa mesura a totes les persones, siguin religioses o no, però deuen, així mateix, defensar el dret a l'exercici de la reflexió, la crítica i la llibertat d'expressió sobre totes les idees, incloent les religioses, a les quals no hi ha cap motiu per a considerar de manera diferent.

2n. Encara que en l'ordenament jurídic espanyol ja no es parla del delicte de blasfèmia com a tal, entenem que sí que està recollit d'alguna manera amb diversos eufemismes en el Codi Penal vigent, Capítol IV, Secció 2, Articles 522-525.

Analitzant aquests articles es constaten diverses qüestions:
a) Es diferencia entre, d'una banda, persones, creients o no, i de l'altra, idees i col·lectius religiosos identificats de forma poc clara. Pensem que les idees, encara que de vegades es camuflin com col·lectius de persones, no poden ser defensades per la legislació penal, sinó per si mateixes a la llum del raciocini i de les idees bàsiques i acceptades de la Il·lustració.

b) En relació als drets de les persones no sempre s'assenyalen amb claredat la predominança dels drets sobre les idees, per això les persones no religioses vam quedar així discriminades quan el Codi Penal sembla que concedeixi un estatus superior de protecció a les idees religioses .

c) S'utilitza una terminologia subjecta a criteri subjectiu, el que en el camp del dret penal no és admissible. Així es parla «d'actes de profanació» i «sentiments religiosos» la qual cosa és totalment impossible de delimitar, ja que les persones religioses solen considerar que formen part del seu sentiment moltes idees i qüestions irracionals, que en molts casos s'ha demostrat la seva falsedat al llarg del temps i la història -com exemples convulsos, la història de la circulació de la sang i la negació del geocentrisme-; i més si considerem que en cas de necessitat gairebé qualsevol acte podria ser sentit com una profanació, com hem expressat anteriorment. Per això, considerem no admissibles en el vocabulari penal les expressions relacionades amb «profanar» i «sentiments».

d) Considerem que la paraula «creença» en la nostra tradició cultural està associada al sentit de «creença religiosa» i per això pot donar lloc a confusió en el text quan no a discriminació sobre les persones amb creences no religioses. Per això preferim l'ús de l'expressió, incloent tant de les idees religioses com de les no religioses, «opció de consciència».

Per aquestes raons pensem que s'haurien de modificar els articles 522-526 del vigent Codi Penal aprovat per la Llei Orgànica 10/1995, de 23 de novembre, del Codi Penal.

Proposta de modificació
de la Llei Orgànica 10/1995, del Codi Penal, de 23 de Novembre de 1995, presentada per l'Associació Ateus de Catalunya.
Nota: Queda subratllat en el text original de la llei la part a modificar o suprimir; i en cursiva i negreta la modificada al text proposat.

1a modificació: Secció segona.
"Dels delictes contra la llibertat de consciència, els sentiments religiosos i el respecte als difunts".

Text proposat:
"Dels delictes contra la llibertat de consciència i el respecte als difunts".

2a modificació: Article 522.
"Incorren en la pena de multa de quatre a deu mesos:
1. Els que per mitjà de violència, intimidació, força o qualsevol altre constrenyiment il·legítim impedeixin a un membre o membres d'una confessió religiosa practicar els actes propis de les creences que professin, o assistir-hi.
2. Els qui pels mateixos mitjans forcin a altri a practicar o concórrer a actes de culte o ritus, o a realitzar actes reveladors de professar o no professar una religió, o a mudar la que professin."

Text Proposat:
"Incorren en la pena de multa de quatre a deu mesos:
1. Els que per mitjà de violència, intimidació, força o qualsevol altre constrenyiment il·legítim impedeixin els actes, o assistir-hi, derivats de l'exercici de la llibertat de consciència.
2. Els qui pels mateixos mitjans forcin a altri a practicar o concórrer a actes, cultes o ritus, o a realitzar actes reveladors de la seva opció de consciència, o a mudar la que s’escollis"

3a modificació: Article 523.
"El qui amb violència, amenaça, tumult o vies de fet, impedeixi, interrompi o pertorbi els actes, funcions, cerimònies o manifestacions de les confessions religioses inscrites en el corresponent registre públic del Ministeri de Justícia i Interior, serà castigat amb la pena de presó de sis mesos a sis anys, si el fet s'ha comès en lloc destinat al culte, i amb la multa de quatre a deu mesos si es realitza en qualsevol altre lloc."

Text proposat:
"El qui amb violència, amenaça, tumult o vies de fet, impedeixi, interrompi o pertorbi els actes, funcions, cerimònies o manifestacions de les diferents opcions de consciència —sempre que les organitzacions estiguin inscrites en el corresponent registre públic—, serà castigat amb la pena de presó de sis mesos a sis anys, si el fet s'ha comès al local de l'organització destinat a celebrar-los, i amb la multa de quatre a deu mesos si es realitza en qualsevol altre lloc."

4a modificació: Article 524.
“El que en temple, lloc destinat al culte o en cerimònies religioses, executi actes de profanació en ofensa dels sentiments religiosos legalment tutelats, serà castigat amb la pena de presó de sis mesos a un any o multa de quatre a deu mesos."

Proposta:
Supressió total de l'article per fer referència exclusiva a un lloc concret de reunió i a l'ofensa dels sentiments religiosos.

5a modificació: Article 525.
«1. Incorren en la pena de multa de vuit a dotze mesos els que, per ofendre els sentiments dels membres d'una confessió religiosa, facin públicament, de paraula, per escrit o mitjançant qualsevol tipus de document, escarni dels seus dogmes, creences, ritus o cerimònies, o vexin, també públicament, a qui els professen o practiquen.
2. En les mateixa penes incorreran els que facin públicament escarni, de paraula o per escrit, dels qui no professen cap religió o creença."

Text Únic proposat:
"Incorren en la pena de multa de vuit a dotze mesos els que vexin públicament o facin escarni públic, de paraula o per escrit, dels que practiquin qualsevol opció de consciència."

6a modificació: Article 526.
"El qui, faltant al respecte degut a la memòria dels morts, violi els sepulcres o sepultures, profani un cadàver o les seves cendres o, amb ànim d'ultratge, destrueixi, alterés o danyi les urnes funeràries, panteons, làpides o nínxols, serà castigat amb la pena d'arrest de dotze a vint caps de setmana i multa de tres a sis mesos."

Text proposat:
"El qui, faltant al respecte degut a la memòria dels morts, violi els sepulcres o sepultures, tracti amb ignomínia un cadàver o les seves cendres o, amb ànim d'ultratge, destrueixi, alteri o danyi les urnes funeràries, panteons, làpides o nínxols, serà castigat amb la pena d'arrest de dotze a vint caps de setmana i multa de tres a sis mesos."



22 d’octubre 2018

¿La religión, un referente moral?


Pedro López López
Público


La Iglesia Católica, pero también las distintas confesiones existentes, plantean a menudo la necesidad de incluir en el sistema educativo una formación en sus valores, bajo el presupuesto de la superioridad de estos frente al laicismo imperante, cuyos valores, así como el propio concepto, denigran constantemente. Si del laicismo pasamos al ateísmo, los dignatarios y religiosos no es que denigren, es que demonizan directamente, invitando al odio de los creyentes. Así, por ejemplo, Amvrosios de Kalavrita, obispo griego de la iglesia ortodoxa, ante una oleada de incendios provocada el pasado mes de julio por la ola de calor, declaraba en su blog que “El ateo del primer ministro Alexis Tsipras atrae la ira de Dios”. Esto es claramente incitar al odio de los creyentes hacia los ateos, pues no faltan millones de incautos que se creen estos disparates; como es también incitar al odio comparar el aborto con el genocidio nazi (Juan Antonio Reig Plá, obispo de Alcalá de Henares) o decir que el hombre puede abusar de la mujer que aborta (Javier Martínez, arzobispo de Granada).

Sin llegar a este grado de odio, es frecuente el planteamiento por parte de los sectores religiosos de que el “remedio” al ateísmo es la formación religiosa, como si el ateísmo fuese una carencia del cerebro o alguna terrible enfermedad. Igualmente, son frecuentes en el discurso religioso ideas como que cuando falta el sentido religioso la persona se degrada o tonterías como que donde no hay fe aumentan los homicidios, el alcoholismo, los abortos y todas las plagas imaginables.

Si descartamos el aspecto litúrgico de las religiones, gran parte de sus principios morales son principios básicos que suscribe cualquier persona civilizada. Dejando de lado la moralina que se deriva de entender como pecaminosa toda conducta que no cabe en las estrechas mentes de las jerarquías religiosas, obsesionadas enfermizamente por el sexo, no hace falta ser creyente para entender que no hay que matar, mentir o robar, o que debemos tratar a los demás como uno mismo quiere ser tratado. Tampoco hace falta ser religioso para pensar profundamente en el significado de la vida, de las relaciones con los demás o de la justicia en un mundo profundamente desigual.

Arrogarse una superioridad moral sobre laicos, agnósticos y ateos, es una ilusión que seguramente ni se creen los jerarcas religiosos, pero que les proporciona buenos réditos ante sus masas de fieles. Dejémoslo claro: la visión religiosa de la sociedad y del mundo no aporta ninguna superioridad moral a las personas, que pueden ser tan virtuosas siendo ateas como siendo creyentes.

Por otro lado, si bien es cierto que las instituciones no suelen representar la pureza de las ideas y los valores, dado que toda institución es humana y por tanto corruptible, hace falta mucha desfachatez para que una institución como la Iglesia Católica se crea con derecho a imponer sus enseñanzas en el sistema educativo. Y es que sacerdotes y dignatarios son con muchísima frecuencia precisamente contraejemplos de virtudes morales. Veamos:

La pederastia ya no es una suma de casos más o menos inflada, es una auténtica epidemia que abochorna a los católicos; desde Estados Unidos a Irlanda o España, es difícil encontrar lugares donde sus representantes católicos no estén manchados por esta canallada. Hasta ahora, el tratamiento dado a esta infamia por el derecho canónico es irrisorio. El País del pasado domingo 14 de octubre informaba de un caso producido en La Bañeza (León) que dio lugar a un procedimiento eclesiástico contra el abusador que se resolvió con la sanción de ejercicios espirituales y privación del oficio de párroco por un período “no inferior a un año”. El fenómeno de los abusos no es algo exclusivo del catolicismo, por supuesto: no hace mucho nos enteramos de que el Dalai Lama, en otra órbita religiosa, reconocía saber desde los 90 casos de sacerdotes budistas abusadores sexuales, pero que había encubierto. Los abusadores son miles, pero los encubridores también, tanto en el caso de la religión católica como en otros. Desde luego, no hay que dejar al margen otros sectores religiosos, como el ISIS, grupo paramilitar de inspiración religiosa, y su utilización de esclavas sexuales.

Otra mancha inocultable es el apoyo que todas las dictaduras de derechas han obtenido de la Iglesia Católica. Desde el genocida Franco, al que la Iglesia Católica no ve inconveniente en inhumar en la catedral de Madrid, hasta los dictadores de numerosos países han tenido el apoyo o la connivencia de la jerarquía católica, incluyendo el silencio cómplice de la barbarie nazi. No en vano el Vaticano fue posible gracias al apoyo de la Iglesia a Mussolini.

Un capítulo infame es el de las numerosas tramas de robos de niños, empezando por la gigantesca red en España, posible en gran parte por la colaboración de monjas en clínicas y hospitales, que intervenían para engañar a las madres que sufrían los robos, como se está viendo cada vez más claramente gracias a numerosos testimonios. No es un fenómeno exclusivamente español, como vimos hace pocos años con la película Philomena, que denunciaba otra trama de robo de niños perpetrada por monjas en Irlanda.

La acusación de “materialista” a la sociedad y a las personas no creyentes por parte de sacerdotes y obispos es un clásico. Pero de cuando en cuando tenemos noticias que sorprenden por el grado de cinismo que suponen por parte de altos jerarcas religiosos. El pasado mes de agosto saltaba la noticia de que la Iglesia de California compraba una vivienda de 2,4 millones de dólares para un obispo retirado. Y todos recordaremos por estos pagos el “modesto” pisito que pasó a ocupar Rouco Varela a su retiro, con un valor de 1,2 millones de euros. Pero no les cuesta hablar de humildad, sobriedad, austeridad y tantas otras virtudes que debemos practicar los demás.

La vergüenza de las inmatriculaciones con su espectáculo de codicia insaciable se suma a esta lista. Con la connivencia de los sucesivos gobiernos, la Iglesia Católica se ha convertido en el mayor propietario inmobiliario después del Estado. ¿Para qué necesita una religión tener un imperio económico?, ¿es esto lo que predicaba Jesucristo, el personaje que inspira los sermones católicos?

Si de “poner la otra mejilla” hablamos -o hablan ellos, para decirlo con más propiedad-, es irritante el blindaje que proporciona el delito de blasfemia, según el cual, ofender los sentimientos religiosos debe ser castigado con el código penal. No disfrutamos de este privilegio los demás, que tenemos sentimientos tan altos y respetables como puedan tenerlos las personas religiosas. Por el contrario, no solo pretenden el privilegio de estar blindados contra el insulto o la ofensa, a diferencia de los demás, sino que persiguen con auténtica saña a sus ofensores (véase, por ejemplo, el caso de Willy Toledo o el que hace unos años protagonizó Javier Krahe). Y es que, afirmaba el político estadounidense del siglo XIX Robert Green Ingersoll, “el crimen llamado blasfemia fue inventado por los sacerdotes con el propósito de defender doctrinas que no se pueden sostener por sí mismas”.

Del “negocio” del final de la vida, también podrían decirse algunas cosas. Los chantajes a los presos políticos condenados a muerte en el franquismo eran miserables: si querían escribir a sus familiares en el último momento, se les obligaba a confesarse, por lo que muchos ateos tuvieron que pasar por el trago de morir “confortados espiritualmente por los santos sacramentos”. Del respeto a las creencias o falta de ellas han pasado siempre los religiosos más que olímpicamente, y tratándose de personas relevantes, han intentado la “conversión” con las artes más ruines que cabe imaginar. Al oler la muerte de una buena pieza de trofeo, acuden raudos sacerdotes e incluso dignatarios para “auxiliar espiritualmente” sin que nadie los requiera. Así lo hicieron con el escritor Luis Martín-Santos, con el filósofo Ortega y Gasset, con Jesús Monzón, el comunista que organizó la entrada por el Valle de Arán en 1944, o con Matilde Landa, un caso especialmente dramático y miserable por parte de las monjas que la presionaron hasta llevarla al suicidio. Son casos lejanos, pero no tengo noticia de que la práctica haya terminado. Sobre la especial atención a las herencias, remito a los lectores a una obra maestra de Blasco Ibáñez, La Araña Negra.

Pues bien, estas críticas, y otras que podrían hacerse, son compartidas por gran parte de las bases católicas, pero eso no impide que la Iglesia como institución se presente como víctima de una feroz persecución religiosa cuando se cuestionan lo que no son más que privilegios, y no derechos. Y uno de estos privilegios que no quiere soltar la Iglesia es el supuesto “derecho” a transmitir sus dogmas en el sistema educativo, obviando que este está para transmitir conocimientos contrastados y enseñar a los estudiantes a reflexionar para que puedan conformar autónomamente su propia conciencia moral; decía el pedagogo y filósofo británico Alfred Jules Ayer que “ninguna moral puede fundarse sobre la autoridad, ni siquiera aunque la autoridad fuera divina”. Precisamente la protección de la libertad de conciencia para que el individuo forme la suya autónomamente es el objetivo del laicismo.

En febrero de este mismo año Jesús Aparicio Bernal, un alto cargo del franquismo, adepto durante décadas al nacional-catolicismo, pero a estas alturas de la película ya de vuelta de todo, publicó el libro No te lo creas: la dudosa credibilidad de los dogmas de fe. En sus últimas palabras, dice en el libro:

No es posible, pues, creer que la religión católica es una religión verdadera cuando se basa en tal sinnúmero de falsedades. Sin embargo, la Iglesia ha intentado desde su origen imponer las creencias que ha declarado dogmáticas mediante toda clase de coacciones”. 

No me gusta citar a personajes que caen en las antípodas de mis parámetros ideológicos, pero creo que la fuerza de este testimonio, proveniente de alguien que ha compartido durante muchas décadas los dogmas católicos, lo hace necesario.

Por tanto, ni el código moral católico o de cualquier otra religión es superior a los códigos morales que pueden inspirar la conducta de los no creyentes y/o laicos, ni está justificada la pretensión abusiva de imponer en el sistema educativo dogmas y códigos morales particulares. Sin una sociedad y un sistema educativo laicos dudosamente se puede alcanzar una democracia de calidad.



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