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16 d’agost 2021

El Cura Ateo

Por el Dr. John D. Eigenauer

[Una versión de este artículo apareció en inglés en la revista American Atheist].

Foto: Wikipedia
En junio de 1729, tres copias de un manuscrito se descubrieron en Étrépigny, una aldea en el noreste de Francia. El hallazgo consistía en unas 600 páginas escritas en letra apenas legible. Al descifrarla, las autoridades reconocieron lo peligrosa que era: la declaración más radical del ateísmo que jamás se había visto. A pesar de la fuerza de su acritud, la coherencia de sus argumentos y la profundidad de sus acusaciones, no fue escrito por un gran autor como Voltaire, d’Holbach, o Diderot. De hecho, el autor fue un humilde cura de la misma aldea: Jean Meslier.

El libro comienza gentilmente, dirigiéndose a “Mis queridos amigos,” o sea, a los feligreses que Meslier había servido fielmente toda su vida. Les pide disculpas por haberles escondido sus verdaderas creencias. Enseguida explica que vivió una mentira para apaciguar los deseos de sus padres que fuera sacerdote. Pero, les confiesa, él nunca creyó. De hecho, considera la religión —toda religión, no sólo la católica— cómo la raíz de todo mal, toda injusticia y todo abuso conocido en el mundo. Meslier expresa este sentimiento tan fuerte mediante las palabras de uno de sus feligreses que supuestamente le dijo que las maldades del mundo nunca se acabarían hasta que el último rey fuera estrangulado con las entrañas del último sacerdote. ¡Esto aparece en las primeras páginas!

La religión, explica Meslier, no es sino una manera de controlar la humanidad, una invención humana, creada y empleada por los ricos y poderosos del mundo para aprovecharse de los desafortunados. Consta de “los trucos y estratagemas de los charlatanes” que se aprovechan de la ignorancia de la gente para subyugarla y robarle. El sistema entero, insiste él, está basado enteramente en la fe ciega, lo cual es contrario a la razón y felicidad humana. Para Meslier, es obvio que la religión es mentira porque Dios mismo, si existiera, habría establecido leyes claras para guiar la humanidad hacia la felicidad. Pero lo que vemos a través de la historia es pura confusión, contradicciones, y violencia.

Meslier les ruega a sus lectores que lean bien las escrituras mismas para verificar lo que él dice. Les explica que los mismos autores del Nuevo Testamento discrepan sobre los hechos más básicos de la vida de Jesús: predicó seis semanas según unos y tres años según otros. Mateo y Lucas no se acuerdan sobre la ascendencia de Jesús. ¿Es que Jesús pasó cuarenta días en el desierto como dicen tres de los evangelistas, o es que fue a Galilea como cuenta Juan? Estas contradicciones y muchas más, escribe Meslier, testifican el hecho de que las escrituras son puros mitos.

Meslier rechaza todo milagro porque no cuadra con la imagen de un ser todo poderoso. ¿Convertir una vara en una serpiente? Magia ridícula. ¿Dividir el Mar Rojo para dejar pasar a los israelitas y ahogar a los egipcios? Parece que Dios no ama a todos sus hijos. ¿Consolar a una sirviente mientras miles se mueren de hambre? Ningún ser humano sería tan indiferente. Es más, todos los milagros mencionados en las escrituras tienen su paralela pagana. Por ejemplo, escribe él, la historia de Abraham e Isaac es igual que el mito de Metella y Metellus. Y el cuento de que Jesús murió para expiar los pecados del mundo es el más absurdo de todos, sin evidencia y contra toda razón.

Meslier ataca la eucaristía (mera harina y masa), los sacrificios (productos de un dios sanguinario), la creación del mundo (lo cual se explica por causas naturales), las vidas opulentas de las autoridades de la iglesia, la absurdidad de toda superstición, la ridiculez de un dios a la vez escondido y vindicativo, las barbaridades que se encuentran en las escrituras, la vanidad de la salvación, la estupidez de la fe, y cada idea que no sea fundada en la razón.

Pero también ofrece esperanza a la humanidad. Expone el primer esquema de pseudo-comunismo en que todos viven como iguales, comparten los bienes de la tierra, y toman juntos decisiones basadas en la razón y la igualdad. Él imagina un mundo en que los abusos creados por la religión son derrotados por un deseo común por la verdad y la justicia. Predice que llegará el momento en que la gente no aguantará más sometimiento mental y físico y que romperá las cadenas de la tiranía de la religión para establecer una sociedad que emplea la razón para lograr la igualdad y la abundancia para todos.

Copias del manuscrito llegaron a París y se vendieron a un precio enorme. Voltaire simula que nunca vio una, pero luego produjo una edición en la que Meslier aparenta ser deísta, no ateo. Así de escandaloso fue el documento. La Memoria contra la religión de Meslier es una obra realmente extraordinaria. En ella se unen un materialismo completo, una crítica profunda de la Biblia, un racionalismo penetrante, y una lógica implacable contra la religión cuyo fin es una felicidad mayor para la humanidad, librada de las cadenas de la fe y la opresión. Sus ideas siguen siendo válidas hoy en día y sus argumentos siguen siendo potentes.

Unos links sobre Meslier:

Jean Meslier en Wikipedia.es

Memoria contra la religión (edición completa en español).

Memòries D'un Capellà Que No Creia En Déu (edición abreviada en catalán).

Memoir of the Thoughts and Sentiments of Jean Meslier (edición en inglés).

Existen varias ediciones en francés. Esta edición contiene extractos de la Memoria contra la religión con comentarios por Serge Deruette, eminente estudiante de Meslier.

03 de juliol 2021

Las cosas claras

Ángel Santos Vaquero
Doctor en Historia

La palabra laicidad provoca en la sociedad más conservadora y especialmente en la Iglesia católica y su jerarquía una reacción virulenta y agresiva, en algunos casos quizás debido a la ignorancia de lo que quiere significar este término y en otros con toda intencionalidad creados para soliviantar a sus seguidores, como hacía fray Vicente Ferrer con sus predicaciones incendiarias para arrastrar a las masas a la cristianización forzosa de las sinagogas, lo que es muy peligroso, pues aquella vehemencia producía un efecto colateral, la matanza de judíos.

La jerarquía de la Iglesia católica y sus seguidores se enervan y sacan las uñas cada vez que alguien, bien por escrito o de manera oral, pronuncia la palabra “laico”, “laicismo” o “laicidad”. Piensan, o por lo menos así lo quieren aparentar, que viene a significar un ataque contra sus dogmas, creencias o doctrina, que lo que pretende el laico es eclipsar la religión, barrer la Iglesia, destruir templos, hacer desaparecer todo vestigio religioso. Y nada más lejos de la intención de un laico. Lo que pretende éste es sólo la separación de Iglesia-Estado, que no se den injerencias de la primera ni de las jerarquías eclesiásticas en los asuntos que son propios del segundo, ni de este en las cuestiones internas de aquella, que ambas instituciones actúen con completa libertad, respetándose mutuamente, que sean independientes y autónomos en sí mismos aunque en muchas ocasiones haya que establecer relaciones o encuentros y llegar a acuerdos para dilucidar cuestiones temporales, pues se acepta que las espirituales son de dominio exclusivo de esa Iglesia y sus adeptos, privadamente.

Es necesario hacer comprender a la jerarquía eclesiástica que su dogma, su moral, su manera de ver la vida, no es compartida por toda la sociedad, que ésta es plural y diversa y que no puede dictaminar el comportamiento y la forma de pensar de todos los ciudadanos. Es necesario que asimile, (cosa que, a pesar de hallarnos en el siglo XXI todavía no ha conseguido), que ya no estamos en los tiempos en que se consideraba que el pensamiento y las normas de vida debían ser uniformes y que aquellos que no pensasen igual habían de callar y someterse al dictado de la moral católica (que no cristiana), imperante. Los laicos no pretendemos atacar a la Iglesia en sus dogmas y culto, sino que ésta respete las decisiones que tome el poder civil –dado que no todos los individuos que componen la sociedad pertenecen a su credo, no hay uniformidad y menos obligatoria–. Eso era en otros tiempos, que quizás la Iglesia añora. La Iglesia parece desconocer o no quiere darse por enterada, que existe una “Declaración de Derechos Universales” por arte de las Naciones Unidas, entre los que se encuentran “el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión o de cualquiera convicción”.

La jerarquía de la Iglesia debe respetar la libertad de los que no pertenezcan a su grey, pues, ¿cómo puede solicitar para sí libertad y respeto, si ella no respeta a los demás? Muy probablemente es que se halla todavía imbuida de su situación de predominio en épocas pasadas y de que sus normas y exigencias eran de obligado cumplimiento para toda la sociedad, y pobre de aquel que osase ir contra ellas públicamente, era apartado socialmente como un apestado. La creencia religiosa es algo íntimo, privado, personal y sólo las leyes de convivencia y de justicia pueden resultar obligatorias para toda aquella persona que pretenda pertenecer a una comunidad.

Las leyes sociales que un estado laico o aconfesional promulga, como las del aborto, casamientos entre homosexuales, del divorcio, de la eutanasia ..., no obligan a nadie. No son impuestas, por ello debe respetarse el que cada uno las acoja o rechace y actúe según su propia conciencia individual. Muy bien que la Iglesia católica adoctrine y dirija la vida espiritual de sus feligreses, que ejerza el legítimo derecho a exponer su opinión –aunque ella nunca permitió que nadie la emitiera en nuestro país cuando era la única religión permitida–. Ahora que en España nos dimos una constitución como ciudadanos libres, en la que caben todas las ideas políticas y religiosas que respeten dicha ley máxima, sí se le concede ese derecho, pero no el de pretender imponer su moral a toda la sociedad, sino respetar las ideas de los que no piensan como ella. Y tampoco el de tergiversar y crear una confusión intencionada, manipulando la información, como la de decir que aprobar las leyes del aborto y, actualmente, de la eutanasia, es introducir en España la posibilidad de asesinar impunemente, o que la pretensión de los que desean que la religión salga de los colegios públicos es sinónimo de intentar hacerla desaparecer, de que es un ataque a la Iglesia. No es así, sólo deseamos que cada ciudadano/a pueda actuar con plena libertad en su vida privada, decidir libremente, según las circunstancias que le rodean, en aquello que sólo a él o ella compete, sin imposiciones externas, así como también deseamos que la escuela pública sea aconfesional, que no se adoctrine en ella (pues eso es lo que se hace en las clases de religión), a los alumnos, que la familia que desee que sus hijos sean educados en la doctrina católica lo haga libremente, pero fuera del horario lectivo y del currículo de los colegios públicos, es decir, de los mantenidos con dinero público, que los padres o tutores se impliquen y preocupen personalmente. Si procuran a sus hijos unas clases extraescolares de cualquier materia y los llevan o envían a academias apropiadas al caso, que hagan lo mismo con las clases de religión; pero es mucho más cómoda la situación actual para la Iglesia y para las familias, además de evitarse conflictos con los chavales. En los colegios públicos sólo debe darse una asignatura común a todos los alumnos: “La Historia de las religiones”, sin adoctrinamiento alguno, sino como un hecho cultural perteneciente a la historia de la humanidad. En una sociedad laica, la escuela pública debe ser aconfesional, respetuosa con el pluralismo ideológico y con la libertad de conciencia, además de promover los valores humanos de convivencia entre todos, sin discriminación por sexo, raza o religión.

30 de novembre 2020

No hay esperanza para los desposeídos

J. Agustín Franco Martínez.

La esperanza que ofrecen las religiones es un insulto a la inteligencia. Una falsa promesa de futuro y de paraíso sin tener que pedir permiso. Si acaso lo que más se aproxima a una idea cabal de esperanza pueda ser la filosofía budista de la reencarnación (si tal cosa fuera posible), porque al menos contempla otra oportunidad, otras oportunidades, sin prejuicios definitivos. Aunque su camino a la iluminación sea más una huida de toda esperanza y una apuesta segura a la desesperación.

La esperanza que administran las religiones a lo sumo es una esperanza clasista, excluyente e intolerante. Solo admite al club de sus elegidos. No permite el acceso a quienes realmente la necesitan. Y no soporta la discrepancia ni la desobediencia. Las religiones venden una esperanza vana, hueca, apta para sumisos e indecisos. No es esperanza para desposeídos.

Porque si algo tienen los desposeídos es decisión para arrojarse a la deriva e insumisión para doblegar y saltarse las leyes injustas y esquivas. Algunos pensarán que a la fuerza, craso error, ¡por favor, no les quitemos su mérito!, porque lo único que harían «a la fuerza» sería morirse y, en cambio, se resisten, abrazando hasta la última gota de probabilidad para alcanzar el paraíso en vida.

Los últimos no tienen el respeto de quienes lideran las religiones. Tampoco tienen voz propia. Les han suplantado sus deseos y aspiraciones por cuentos infantiles, fantasmas angelicales y laberintos teológicos sin salida ni eco.

La teoría de la relatividad de Einstein es un juego de palabras insensato e ilógico al lado de la retórica religiosa sobre la esperanza y sus promesas, sus paraísos y bienaventuranzas. Sin embargo, es más fácil viajar a la velocidad de la luz que encontrar consuelo en el carácter sedentario y sedante de la esperanza basada en la fe.

Con frecuencia, llegado el momento de la tribulación y la desesperación, las religiones muestran de qué miserable pasta está hecha su retórica esperancista. Ojalá nunca la necesites, amigo, porque descubrirás con desilusión el engaño, el gran fraude. Piensa por ti mismo. No les dejes tu corazón porque se lo comerán vivo. No les dejes tu mente porque te la borrarán por completo. No les creas ni una palabra, es pura cosmética gramatical. Un truco de magia. No hay gracia ni amor ni paraíso. Su (falsa) esperanza se baña en un mar de desgracias que no conocen, aunque les lleguen hasta el cuello, hasta el mismísimo alzacuellos. No tienen autoridad moral para hablar de esperanza. Su esperanza es un abismo de odio misógino, por mucho que tengan a dios siempre en los labios y sus palabras te sepan a miel. Y en fin su esperanza es un canto a la claudicación y al infierno en vida, ideal para el sostenimiento del goce y disfrute de los malvados.

Su lamento por la falta de vocaciones es el síntoma evidente del fracaso de su retórica esperancista. Su desprecio por las esperanzas mundanas es la clave para medir su esquelética ideología sobre la esperanza. Su sermón de odio y represión contra el cuerpo y los placeres sexuales es la marca indeleble de su falsa esperanza.

En plena noche a nadie se le ocurriría pedirle al ciego que le señale por dónde sale el sol. En alta mar a nadie se le ocurriría pedirle al náufrago que le señale por dónde se avista tierra. Por ello no les pidáis a los clérigos ni a los creyentes que os señalen por dónde está la esperanza, os enviarán por el camino equivocado a sabiendas. En su fuero interno lo saben: ¡No hay nada que esperar!, salvo lo que cada uno mismo espere, y esa espera se construye, no es pasiva, no es contemplativa. Contemplar el desastre no es espiritual ni ninguna muestra de fe. Si llega el desastre es porque antes no se construyó la esperanza. Los principales destructores de esperanza son los teólogos, las religiones y sus sagrados administradores. En el desierto de la nada tienen su coto privado de caza, de caza de almas.

En las religiones no hay esperanza para los desposeídos. Su esperanza (la de las religiones) es la contraley necesaria para afianzar los intereses que la ley ya garantiza a los poderosos. La ley les garantiza la propiedad de sus bienes, aunque les sobre para vivir varias vidas. Y la contraley religiosa les garantiza el perdón añadido de los desheredados, para que no les corroa la envidia. La ley les garantiza la inmunidad por sus fechorías. Y la contraley de la fe les asegura por añadidura el silencio cómplice y comprensivo de las víctimas. La ley les premia con escaños por sus ansias de poder. Y la contraley divina les protege doblemente con la adoración y la subyugación de los súbditos.

No hay esperanza para los desposeídos. En la increencia hay más riqueza y libertad y compasión que en las religiones. En el ateísmo la esperanza no se juzga por lo que creas o dejes de creer, sino por lo que construiste con ella y por ella. Es decir: si llegados al abismo tuviste la precaución de construir un puente; si llegados a la soledad tuviste la valentía de ser un ejemplo de fiel compañía; si llegados al infierno tuviste la osadía y el arrojo de escapar y enseñarle la salida a otros.

Uno se sabe en brazos de la esperanza cuando se siente en casa, en casa, cuando sabe que hay quien le Cuida, quien le Ama, quien le Sueña, quien le Acompaña. Y ese tipo de esperanza es muy profana, muy de carne y hueso, muy humana, no es etérea, no es divina, no es un sarpullido de poético misticismo. Quien le comprende, quien le abraza, quien le sigue hasta el fin del mundo, quien le adivina el pensamiento. Quien le corrige, quien le acepta, quien le sana, quien le acaricia. Quien… Quien… ¿Quién?

Proclamar hoy la noche oscura del alma no es más que abrir la veda para la caza de los espíritus disidentes, para arrebatarles la única esperanza verdadera que tienen los desposeídos: la capacidad de construir un mundo mejor para los que vendrán detrás. 

19 d’agost 2020

"El ateo", documental

“El ateo” es un documental, “realizado de puertas adentro de su propia casa”, dirigido por la cineasta marplatense Daniela Reboiras (2020) y protagonizado por Fernando Esteban Lozada.

Esteban Lozada, activista y referente del  librepensamiento en América Latina, es el creador de Ateos Mar del Plata, e integrante de H.I.J.O.S. (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) Mar del Plata y de la Coalición argentina por un Estado laico.  Autor del documental Los Monstruos no existen, actualmente coordina y dirige un programa radiofónico “La voz del erizo”, un programa de Ateos y Ateas Mar del Plata

El documental tuvo su preestreno en Facebook este pasado domingo vía Activismo Audiovisual, ahora se puede ver en Youtube:

“Este documental realizado durante la primera etapa de la cuarentena, invita a reflexionar acerca de cómo nuestro sentido común y nuestra estructura de pensamiento están fuertemente atravesadas por la enorme influencia que han tenido las religiones monoteístas en nuestra cultura occidental. Entender estos mecanismos de dominación que sostienen este sistema perverso y destructivo es necesario para dejar de reproducirlo y tomar decisiones que nos lleven hacia una vida más emancipada”.

Una entrevista a la directora Daniela Reboiras y a Fernando Lozada en La Capital, Mar del Plata, (“Documental marplatense propone emancipar el pensamiento de la religión”), publicada antes de su preestreno, nos pone en antecedentes del origen y finalidad del documental:

“Lozada se considera un activista que cuestiona el rol de las iglesias y de las religiones en nuestras sociedades contemporáneas.

Este filme, nacido de las muchas charlas que mantiene con su compañera y cineasta, refleja esas mismas inquietudes.

“Mi aporte tiene que ver con pensar en cómo se ha metido la religión cristiana en el sentido común, en nuestra forma de ver el mundo, más allá de lo religioso que uno lo ve de una manera más obvia”, contó Lozada a LA CAPITAL.

Lo que no es tan obvio ni tan directo, dijo, es cómo el pensamiento religioso monoteísta subyace detrás de la visión del mundo actual. “La idea del documental es mostrar cómo la religión se ha metido adentro de nuestras cabezas y cómo se refleja en nuestras vidas y en las instituciones, como en el Estado”, agregó”...

Documental

 Fuente: Fernando Esteban LozadaActivismo Audiovisual  (Facebook), 8 de agosto de 2020

 

11 de juny 2020

Llibres

Hem rebut noticia d'un llibre interessant que podeu llegir gratuïtament a la xarxa:

"La Iglesia católica: maldad extrema disfrazada de amor al prójimo"
Autor: Francisco Bandarán

Resumen: El libro presenta un análisis de la Iglesia basado en una revisión crítica de sus propios textos doctrinales y de su evolución histórica. Se demuestra que el dios de los cristianos es un absurdo, pues sus atributos son un sinsentido lleno de contradicciones. La lectura de la biblia sorprende a cualquier lector razonable por su crueldad, y por la puerilidad de las explicaciones de cuestiones que hoy son científicamente bien conocidas. Para evitar el bochorno que provoca su lectura, la Iglesia niega a veces el sentido literal de la biblia, interpretándola a su conveniencia.

La historia de la Iglesia está plagada de torturas, guerras asesinatos y delincuencia. En nombre de dios se han permitido todo lo peor que puede surgir del ser humano. En la parte final, se defiende el ateísmo como resultado del triunfo de la razón y del sentido común sobre el dogma fundamentalista de las religiones. Finalmente, se defiende el estado laico, combatiendo los privilegios a las confesiones religiosas.

El llibre es pot descarregar o llegir directament a la direcció d'internet:
http://calameo.download/001483768598a6a48560b

30 de maig 2020

Sigmund Freud y la Religión

por Ángel Villazón

· Sigmund Freud
(wikipedia.org) ·
La época en la que vivió Sigmund Freud, autor de la teoría psicosexual, era habitual una fuerte represión del deseo sexual, sobretodo femenino. Hizo ver al psicoanalista que existía una fuerte relación entre la neurosis y la represión sexual, por lo que era posible entender la naturaleza y la variedad de la enfermedad, al conocer la historia sexual de un paciente. La represión, fue el primer mecanismo que Freud descubrió y que hace referencia a que la mente borra eventos y pensamientos que serían dolorosos si se mantuvieran en el nivel consciente.

El autor de la “Teoría de la interpretación de los sueños” menciona que todos los sueños representan la realización de un deseo por parte del soñador, incluso las pesadillas. Según su teoría, la "censura" de los sueños produce una distorsión de su contenido. Así que lo que puede parecer un conjunto de imágenes soñadas sin sentido, a través del análisis y de su método "descifrador", realmente puede ser un conjunto de ideas coherentes.

El psicoanálisis trata las enfermedades mentales y el estudio del comportamiento de los seres humanos basándose en el análisis de los conflictos sexuales inconscientes que se originan en la niñez. Desarrolló un mapa de la mente en el que describió las características de la estructura y el funcionamiento de esta. En la mente inconsciente descansan muchos de nuestros impulsos y deseos primitivos que están mediados por la preconciencia. Descubrió que algunos de estos eventos y deseos causaban tanto miedo y dolor a sus pacientes, que permanecían guardados en el oscuro subconsciente, afectando a la conducta de manera negativa, proceso que llamó “represión”.

Posteriormente Freud desarrolló un modelo de la mente que estaba compuesto por el ELLO, el YO y el SUPER-YO, y lo llamó el “aparato psíquico”, que no son áreas físicas, sino conceptualizaciones hipotéticas de funciones mentales importantes.

Se exponen los principales elementos de dicha teoría, por el alcance que tienen.

El ELLO opera en el nivel inconsciente. responde al principio del placer y está compuesto por dos tipos de instintos biológicos o impulsos a los que llamó Eros y Thanatos. El Eros, o instinto de vida, ayuda a los individuos a sobrevivir. El Thanatos o instinto de muerte, constituye una serie de fuerzas destructivas que están presentes en todos los seres vivos.

El YO se desarrolla durante la infancia y su objetivo es satisfacer las demandas del ELLO dentro de la aceptación social. En contraste con el ELLO, el YO sigue el principio de realidad y opera en el consciente y el subconsciente.

El SUPER-YO es el responsable de asegurar que se siguen unos estándares morales, por lo que actúa con el principio de moralidad y nos motiva a actuar con un comportamiento socialmente aceptable y responsable.

En su análisis de los sueños distinguió entre el contenido manifiesto o lo que se recuerda del sueño, y el contenido latente o el significado simbólico del sueño, lo que intenta decir, y el segundo contenido que se manifiesta a través del lenguaje de los sueños.

Dejando a Sigmund Freud, por un instante, y desde un punto de vista teórico, moral y ética significan cosas diferentes. La moral se encarga de determinar que conductas son adecuadas y cuáles no lo son en un contexto determinado. Mientras que la ética se refiere a los principios generales que son beneficiosos para todos los hombres. La moral trata de aplicar las normas determinadas por la ética, a un gran número de situaciones concretas según el caso. No son iguales. Son conceptos diferentes.

Las religiones han tenido un gran peso en el establecimiento de códigos morales, de conductas sociales, a lo largo de la historia. En el mundo occidental, el judaísmo y el cristianismo han determinado una buena parte de las normas sociales actuales, mientras que en Asia lo han hecho sobre todo el budismo y el confucionismo. Si vamos mas más atrás en la historia, nos encontramos con que el hombre lleva millones de años sobre la tierra, y las normas sociales que tenían han sido muy diferentes. Grupos de indios y tribus de indígenas que tuvieron sus propias costumbres y religiones.

La sociedad cambia, las normas cambian, las religiones cambian. La moral cambia. No son absolutas.

Volviendo a Freud, este tuvo un interesante intercambio epistolar con médicos destacados, científicos, escritores y filósofos de varios de países que lo admiraron por sus investigaciones y se sintieron impelidos a comunicarse con él.

En estas cartas, muchas de las acusaciones que se hacían a Freud no son más que moralistas, es decir cambiantes, como lo son muchos aspectos de las religiones que son cambiante y ha habido muchas en la historia.

Una vez hecha y comprendida esta distinción pasamos a analizar el Estudio de “Freud y la Religión” siguiendo sus cartas.

No era fácil atacar los tabúes sexuales y religiosos de aquellos tiempos y menos desde una perspectiva atea como la del profesor vienés. Freud escribe en una carta con respecto a la sexualidad, “ No me preocupa la cuestión del simbolismo sexual que Usted excluye. Pues el sicoanálisis crea muy pocos conceptos nuevos en ese terreno, tomando ideas muy bien terminadas por el transcurso de los años que se apoyan con toda clase de pruebas”. A lo largo de muchos años quedaron refutadas muchas críticas que se le hicieron y se le hacen por sus investigaciones sobre la sexualidad y sus efectos en la mente humana.

Freud expone, en otra carta, no sin mucha ironía sobre el instinto sexual “ el éxito del sicoanálisis depende de la conjunción de dos resultados: La canalización de la satisfacción y el dominio de la sublimación del terco instinto, como es muy frecuente solo se logra lo primero, ello se debe al material: personas que vienen padeciendo gravemente durante largo tiempo que no espera ninguna alivio moral del médico, conformando un material mediocre. Personas con conflictos religiosos que están dispuestos a la forma más fácil de lucha que es la sublimación. Los sacerdotes tienen la suerte de llevarlos hasta Dios”.

El psicoanálisis, continuaba, no es ni religiosos ni lo contrario, sino que se constituye como un instrumento neutral del que puede servirse todo el mundo siempre que ese utilice para liberar al que sufre.

Respecto a la posibilidad de la sublimación hacia la religión dice : “Lo hermoso de la religión no pertenece al sicoanálisis. ¿Por qué no fue uno de tantos piadosos quien fundó el psicoanálisis? Por qué fue necesario esperar a un judío totalmente ateo?”

En otra comunicación el profesor vienés expresa que “La ruptura violenta no en el pensamiento analítico, sino en el científico, cuando se trata de Dios y de Cristo, es una de las inconsecuencias de la vida. Cuando se dice “tus pecados te son perdonados, levántate y anda”, hay muchas otras contrarias por su tiempo, psicológicamente imposibles e inútiles para la vida. Si el enfermo hubiera dicho “Como sabes que mis pecados me han sido perdonados?”, la respuesta hubiera sido “yo el hijo de Dios te los perdono”, imagínese que Sigmund Freud le dijera, “yo el profesor ordinario Sigmund Freud te los perdono”.

Freud no hizo el psicoanálisis para la cura de almas. Así como el protestantismo eliminó la diferencia entre legos y sacerdotes, también la cura de almas debe de ser secularizada y privada de toda influencia clerical.

El concepto científico del mundo y el religioso es incompatible. A la ciencia no le importa la conducta humana de Cristo, ni Confucio, ni Buda. A la ciencia no le importa la moral.

A Albert Einstein le decía “su lucha para que no conteste a su carta es vana pues lo contento que me ha dejado saber la modificación de sus juicios o al menos el pequeño avance logrado en tal dirección. Naturalmente siempre he sabido que me admiraba solo por cortesía y que hay muy pocas de mis afirmaciones que le convenzan”. “ Sin embargo me he preguntado con frecuencia que es lo que hay de admirable en ellas si no son verdad, es decir si no tienen un alto grado de verdad. No cree Usted que me habrían tratado mejor si mis doctrinas hubieran incorporado un porcentaje más alto de error y de locura”.

Freud —que defendió el librepensamiento— dijo que la educación libertada de las doctrinas religiosas no cambiará notablemente la esencia psicológica del hombre. La labor científica puede llegar a penetrar en la realidad del mundo, permitiendo poder ampliar nuestro poder y dar un sentido de equilibrio a nuestra vida.

Para terminar Freud decía que lo que quería era explorar, resolver incógnitas, descubrir una parte de la verdad. Ello pudo haber causado dolor a muchos y beneficiado a unos cuantos sin que ni una cosa ni otra parezca achacable a culpas o méritos de mi parte.

04 d’agost 2019

¿Aún se puede hablar de Dios o ya no?

La publicación en España de «Los jinetes del Apocalipsis», la célebre conversación entre Dawkins, Hitchens, Dennet y Harris sobre el ateísmo coincide con un inopinado renacimiento de la religión.


por Manuel Ligero

Hace unas semanas el diario El País titulaba una entrevista con el genetista Ginés Morata con la siguiente frase: “Dios no nos ha creado a nosotros: los humanos hemos creado a Dios”. Merece la pena detenerse en el comentario del periodista Josep Ramoneda a cuenta de aquel texto: “Vivimos tiempos extraños en los que hay que subrayar lo obvio”. El tema, aunque obvio, sigue provocando encendidos debates.

Con el título Los jinetes del Apocalipsis, la editorial Arpa ha publicado la transcripción de la célebre conversación que mantuvieron en 2007 los cuatro intelectuales que forjaron el movimiento del Nuevo Ateísmo: Richard Dawkins, Daniel Dennett, Sam Harris y Christopher Hitchens (fallecido en 2011). Asistimos al debate informal de cuatro señores que, dando rienda suelta a su vasta erudición, pontifican sobre lo divino, lo humano y lo científico en el mejor estilo del profesor universitario: hinchándose como palomos. Pero la forma no debería perturbar el fondo del mensaje. Lo que dicen es verdad. Y en su descargo habrá que decir que a aquella reunión también estaba invitada una mujer, la somalí Ayaan Hirsi Ali –activista contra la mutilación genital femenina y guionista del polémico cortometraje Sumisión (2004)–, pero un viaje relámpago a Holanda, donde era diputada, lo impidió.


 ¿Qué ha conseguido, doce años después de aquel debate, el Nuevo Ateísmo? ¿Progresa o está en retirada a causa de la hipersensibilización de la sociedad? ¿Es más difícil criticar la religión hoy en día que, por ejemplo, hace dos décadas, cuando no existían ingentes hordas de ofendiditos armados con el altavoz que les brindan las redes sociales? “Desde el punto de vista intelectual o filosófico, no. Al contrario, es más fácil”, explica Albert Riba, presidente de Ateus de Catalunya. “Porque cada vez se ve con más claridad la falta de consistencia de los planteamientos religiosos”. A juicio de este veterano librepensador, la dificultad estriba no tanto en el revuelo tuitero como en “la estructura social, política y jurídica que se ha trabado a lo largo de muchos años para que no te apetezca hacer ningún tipo de protesta contra los privilegios de la Iglesia. Si lo haces, empiezan tus problemas”. Riba se refiere, en clave puramente española, al artículo 525 del Código Penal, que regula los delitos contra los sentimientos religiosos e impone una pena de ocho a doce meses. “Lo de los sentimientos vale para todo. Es un delito totalmente subjetivo. Tú puedes sentirte ofendido por el tono en el que te digo buenos días. ¿Cómo me puedo defender yo de eso?”, se pregunta.

CRITICAR DUELE

El principal reproche que se les hace a los cuatro jinetes es su insolencia a la hora de tocar un tema que es muy sensible para mucha gente: su fe. “Cuando alguien me acusa de ser grosero, fiero o terriblemente agresivo por algo, le pregunto si lo consideraría grosero si estuviera hablando de la industria farmacéutica o de los intereses petroleros. ¿Entonces me estaría extralimitando? Pues no”, arguye Daniel Dennett en la conversación.

La filósofa Marina Garcés acuñó una frase que encaja perfectamente en este asunto: “El consenso es la censura cuando todo se puede decir”. ¿Hay un consenso en torno a la religión? ¿Debemos evitar ese debate, consensuadamente, para no herir a los demás? Albert Riba sabe que “criticar las creencias de las personas religiosas es doloroso y hiere sus sentimientos” pero tanto él como su asociación se rigen por un precepto invariable: “Todas las personas son respetables y todas las ideas son criticables. Sin excepción”. Y así llegamos al punto más espinoso la cuestión: la confusión entre ateísmo e islamofobia. “No tienen nada que ver”, asegura. “La islamofobia es odiar el islam y a quienes lo practican. Los ateos somos críticos con el islam, claro que sí, lo mismo que con el cristianismo, el judaísmo o el budismo. Para nosotros, todas las religiones son montajes para tenernos dominados. Pero yo a usted, creyente, no le odio. Lo que ocurre, simplemente, es que lo que usted me cuenta es un cuento macabeo”.

Tras explicar las diferencias filosóficas entre el materialismo (que dice que solo hay una realidad: la tangible) y el dualismo (que dice que hay dos realidades, una tangible y otra intangible o espiritual), Riba juega su carta ganadora: “Deme pruebas, demuéstreme usted que existe esa realidad intangible o ese ente sobrenatural, y yo ya creeré. Pero si todo es una cuestión de fe, y esa fe se la da ese dios, pues entramos en un círculo vicioso”. Su argumento se parece mucho al del recordado Carl Sagan: “Es perfectamente posible imaginar que Dios —no un dios omnipotente o un dios omnisciente, sino un dios razonablemente competente—, podía haber dejado pruebas absolutamente claras sobre su existencia”.

UNA CUESTIÓN DE GÉNERO

“Nosotros somos defensores de la libertad de conciencia”, proclama Albert Riba. “Si alguien quiere creer en un dios, que crea, siempre y cuando cumpla dos requisitos: no me obligue a mí a creer en él y no perturbe al resto de ciudadanos”. La estadounidense Karen L. Garst, autora de varios libros sobre feminismo y ateísmo, coincide con el presidente de Ateus de Catalunya y pone especial énfasis en esa cualidad pública de la religión, en cómo afecta al funcionamiento de la sociedad. “Estoy muy preocupada por el protagonismo que la religión tiene hoy en la política de mi país. Se utiliza para casi todo, incluidas las nuevas leyes para restringir el derecho al aborto. Si la gente quiere ir a misa los domingos, pues que vaya. Pero que lo dejen ahí, que no lo saquen fuera”, explica Garst a La Marea.

Pero fuera está, y en el caso de España la religión se mueve por las aulas a toda velocidad. Según el último barómetro del CIS, en nuestro país hay un 70,4% de creyentes (el 67,5% son católicos), aunque de ellos, el 62,1% no asiste “casi nunca” a misa u otros oficios religiosos. Este escaso interés por la observancia religiosa contrasta con la importancia que va ganando el catolicismo en la educación. La educación concertada crece en 20.000 alumnos nuevos cada año. Estas escuelas reciben más de 6.000 millones de euros anuales de los fondos públicos. Seguramente no se trate de fábricas de beatos reaccionarios y creacionistas, pero cada niño y cada niña recibe allí su ración de dualismo, por utilizar la terminología de Riba. “Todos estamos influenciados por nuestra cultura”, asegura Garst. “Yo era luterana porque mis padres eran luteranos. E iba a la iglesia porque ellos iban a la iglesia. Mucha gente no sale nunca de esa burbuja”. Esta doctora en Filosofía explica a la perfección la importancia que el ámbito social tiene en la formación de la fe: “Yo crecí en una comunidad [Bismarck, en Dakota del Norte, donde su padre era diácono] en la que todas las personas que yo conocía iban a la iglesia. Era parte de la vida de todo el mundo. Y luego además fui a una universidad evangélica. Pero cuando salí de allí dejé de frecuentar la iglesia. Me resultaba muy raro ir si no conocía a nadie”.

En su evolución intelectual, ateísmo y feminismo han ido siempre unidos: “Creo que la religión ha sido muy dañina para las mujeres y que hoy aún se usa para mantenernos en nuestro sitio”. Ese sitio, identificado metafóricamente con la cocina, quedó representado en vivo y en directo en la misa que el papa Benedicto XVI dio en la Sagrada Familia, en Barcelona, en 2010: siete monjas limpiaban el altar y ponían los manteles bajo la atenta mirada de un montón de sacerdotes inmóviles. La escena aún le pone los pelos de punta a Albert Riba.

Hay que recordar que en España hay más de 170 establecimientos educativos segregados por sexos, la mayoría de ellos vinculados al Opus Dei, y que su financiación con dinero público fue blindada por el ministro José Ignacio Wert en su ley de 2013. “Vivir sin religión es especialmente importante para las mujeres porque la religión, durante milenios, se ha usado para negar la igualdad de derechos. Y las mujeres debemos cuestionarnos seriamente la religión si queremos que esos derechos sean extensivos a todas nosotras”, explica Garst.

Curtida como los ‘jinetes’ en esa tradición tan anglosajona del debate público, la autora no rehuye los ambientes hostiles —“no hay que malgastar tiempo hablando de esto con gente con la que ya estamos de acuerdo”, asegura— y opina que lo que no consiga con su activismo acabará ocurriendo, inevitablemente, con el paso del tiempo: “Las encuestas dicen que, a pesar de los esfuerzos de Trump, hay un número creciente de ‘no creyentes’ en Estados Unidos. Creo que cuando muramos los ‘baby boomers’ [los nacidos entre el fin de la II Guerra Mundial y los años sesenta] y los ‘millennials’ se hagan cargo de la situación, la cosa cambiará definitivamente”.

LA IZQUIERDA Y LA FE

El tema religioso posee, evidentemente, una vertiente política. En el caso de Albert Riba esta vinculación está muy clara: su asociación tiene su propio mártir, Francesc Ferrer i Guàrdia, pedagogo anarquista y librepensador ejecutado en 1909 tras los sucesos de la Semana Trágica. Hoy, su gran pena es que la izquierda se haya desentendido y haya dejado el tema del laicismo manos de la derecha, como ha ocurrido en Francia, donde los términos laico e islamófobo se han mezclado hasta formar un cóctel tóxico. Y para complicar más la cosa: en España son muchos los políticos de izquierdas que se declaran abiertamente creyentes. “Creo que, si exceptuamos a indeseables como José Bono, esa gente es buena y honrada –concede Riba–. Pero un izquierdista, alguien que crea, por ejemplo, en la igualdad entre hombres y mujeres, se contradice si acepta los dogmas de la Iglesia. Pero, efectivamente, en su fuero interno una persona puede ser una cosa y la contraria al mismo tiempo. Las personas somos así de raras”.

Lo que Riba se resiste a aceptar es la vinculación que a menudo se hace entre bondad y fe, sobre todo en el ámbito cristiano. Como dice Sam Harris, “la fe da malas razones para comportarse rectamente, aun habiendo buenas razones”. Lo que traducido al vehemente lenguaje de Riba vendría a ser así: “Hace unos días, en el Tribunal Supremo que lo estaba juzgando, Oriol Junqueras dijo lo siguiente: ‘Yo soy bueno porque soy católico’. A mí es que me indignan esas memeces. ¿Entonces yo soy malo por no ser católico?”.
En cualquier caso, no se puede negar la importante labor social que hace la Iglesia. Riba elogia, por ejemplo, el trabajo del pare Manel Pousa en Barcelona. Entre los ateos esa duda sobrevuela continuamente sus convicciones. A la larga, ¿estaremos haciendo algo malo?, se preguntan. De los 'cuatro jinetes', Daniel Dennett es quien representa la postura más conciliadora: “Personalmente, he conocido a individuos que, si una u otra organización religiosa no los hubiera aceptado sin juzgarlos, tendrían una vida muy solitaria [sobre este tema es muy recomendable ver El creyente, la espléndida película de Cédric Kahn]. No veo que el Estado esté desempeñando bien ese papel de socorro y confort, así que hasta que no encontremos organizaciones laicas que asuman esa humana tarea, no estoy a favor de prescindir de las iglesias”. Riba remata la controversia con un argumento difícilmente cuestionable: “¡Con el dinero que tiene la Iglesia católica yo también haría ese papel de socorro! ¡Y con la mitad! Estoy seguro de que yo haría muchas más cosas. Como mínimo no me montaría un ático de lujo como el de Rouco Varela”.

SI USTED ES CREYENTE, TAMBIÉN ES UN POCO ATEO

El escepticismo de los creyentes respecto a otras religiones es algo perfectamente normal y aceptado. Este es un matiz que no escapó a la perspicacia de ‘los cuatro jinetes’: “Todos los devotos vierten las mismas críticas que nosotros respecto al resto de religiones. Reniegan de los falsos milagros, de las falsas premisas y de las certezas de los demás. Detectan los abusos de confianza en la fe ajena, y los detectan con cierta facilidad. Todo cristiano sabe que es imposible que el Corán sea la voz perfecta del creador del universo, y que todo aquel que lo crea no se lo ha leído con mucho detenimiento”, explica Sam Harris en el coloquio.

09 de maig 2019

Existeix Déu? Un cop d'ull als pensadors i arguments del segle XXI



Santiago Sánchez-Migallón, va publicar un interessant i recomanable treball (en castellà) sobre l'existència de déu.

Aquí us n'oferim la traducció dels primers paràgrafs. 
Si hi teniu interès, podeu clicar l'enllaç que trobareu al final per accedir a l'original.

Estem, afortunadament, en una època en la qual (almenys a Occident) declarar-se ateu ja no és un delicte que pogués portar-te a la presó o a alguna cosa pitjor. La conquesta de les llibertats de pensament, expressió i culte ha permès, no només la convivència pacífica de diferents credos (els diferents grups protestants i catòlics —l'Islam ja és un altre tema— ja no es massacren mútuament ), sinó que també l'opció per l'ateisme sigui tan respectable com qualsevol altra.

Això ha possibilitat quelcom força positiu: que els arguments ateus guanyin força i visibilitat, el que ha fet créixer el debat entorn del sentit i la veracitat de les religions.

A més, en els últims anys aquest combat dialèctic entre ateus i teistes s'ha intensificat, potser al principi a causa de la polèmica al voltant del creacionisme a Amèrica del Nord, després per l'activisme públic de figures atees de prestigi intel·lectual com el biòleg britànic Richard Dawkins (potser el més destacat ateu de l'actualitat, promotor de la famosa campanya dels autobusos ateus), els filòsofs Daniel Dennett, Sam Harris o Collin McGinn, o el desaparegut Christopher Hitchens; juntament amb "sortides de l'armari ateu" de notabilíssimes figures del món de la ciència com el Premi Nobel de física Steven Weinberg o el celebèrrim Stephen Hawking.

La resposta per part dels creients no es va fer esperar i, per aquest costat tenim com a figures destacades al teòleg de Harvard Richard Swinburne, a Alvin Plantinga, a l'original pastor anglicà Don Cupitt, o l'influent escriptor Dinesh D'Souza entre tants altres. De la mateixa manera, molts científics com, per exemple, el brillant genetista Francis Collins, han confessat les seves creences religioses intentant mostrar que ciència i religió no tenen per què ser enemigues.

Com a introducció a aquesta interessantíssima polèmica farem un recorregut pels principals arguments a favor i en contra de l'existència de Déu:

Per seguir llegint (en castellà), aneu a Magnet.
(Feu servir, si us plau, aquest blog Gaietà Ripoll per fer els vostres comentaris.)