Tradueix

10 de desembre 2020

És necessari ofendre la religió amb la raó.

per Dani Rué.

Ja no em passa gaire sovint, perquè darrerament interactuo molt poc. Però un o dos cops l’any (avui tocava), algú em pregunta desafiant: ¿per què, si ets «tan ateu», —com si d’ateu se’n pogués ser molt o poc— et passes la vida parlant de religió?

Parlar de la religió és important. Deia Nietszche que la religió és el pitjor càncer de la humanitat. És la gran mentida que ha marcat l'esdevenir dels éssers humans, col·lectivament i individualment; que ha frenat i frena les llibertats i els drets de les persones; que anorrea les facultats cognitives impedint o dificultant el contacte amb la realitat; que priva el desenvolupament del pensament crític-escèptic i l’intent de donar respostes racionals als interrogants que planteja aquest univers i tot el que conté; que manté persones adultes en estat permanent de credulitat infantil; que ha imposat la tortura, el genocidi i els vetos de tota mena; que va acabar amb 1.000 anys de coneixement al segle IV cremant la biblioteca d'Alexandria; que ha cremat a científics i homes savis per revelar dades incompatibles amb els seus absurds dogmes de l’edat del bronze; que ha cremat i torturat durant segles a molts éssers humans; que ha sotmès a les dones, perseguit els homosexuals i exterminat els ateus; que ha encoratjat l'odi al diferent, el menyspreu als animals i a la naturalesa, el menyspreu a tot aquell que no es quadriculés dins la seva teranyina; que ha creat, inspirat, emparat, justificat i solapat totes i cadascuna de les dictadures feixistes que en el món han existit, antigues i modernes; que ha acabat amb democràcies; que parla de caritat mentre actua amb una immensa avarícia; que s'ha oposat a la ciència, al coneixement i al progrés material, social i intel·lectual; que ha rentat i renta cervells contínuament; que ha inventat els més vils instruments de tortura, etc. etc. etc., la llista seria interminable.

L'historiador alemany Karlheinz Deschner va publicar la seva obra magna en 10 toms: Història criminal del cristianisme, parlant dels seus crims i dels danys infringits a la humanitat amb profusió de dades i cites. Caldria afegir-hi els crims de les altres religions abrahàmiques: Islam i judaisme amb totes les seves sectes.

«La religió ho empudega tot». Christopher Hitchens.

«Amb religió o sense, sempre hi haurà persones bones fent coses bones i persones dolentes fent coses dolentes. Però per tal que les persones bones es posin a fer coses dolentes es necessita una religió». Steven Weinberg.

«Religió: control mental, maldat i confusió. Malversació de temps, diners, esforços i sentiments». Richard Dawkins.

«Les causes tradicionals de la creença; la fe, la revelació, el dogma, l’autoritat, el carisma, la saviesa convencional, l'anàlisi hermenèutic dels textos i el resplendor de la certesa subjectiva són generadores d’error i haurien de ser descartades com a fonts de coneixement». Steven Pinker.

Com no parlar de religió?

30 de novembre 2020

No hay esperanza para los desposeídos

J. Agustín Franco Martínez.

La esperanza que ofrecen las religiones es un insulto a la inteligencia. Una falsa promesa de futuro y de paraíso sin tener que pedir permiso. Si acaso lo que más se aproxima a una idea cabal de esperanza pueda ser la filosofía budista de la reencarnación (si tal cosa fuera posible), porque al menos contempla otra oportunidad, otras oportunidades, sin prejuicios definitivos. Aunque su camino a la iluminación sea más una huida de toda esperanza y una apuesta segura a la desesperación.

La esperanza que administran las religiones a lo sumo es una esperanza clasista, excluyente e intolerante. Solo admite al club de sus elegidos. No permite el acceso a quienes realmente la necesitan. Y no soporta la discrepancia ni la desobediencia. Las religiones venden una esperanza vana, hueca, apta para sumisos e indecisos. No es esperanza para desposeídos.

Porque si algo tienen los desposeídos es decisión para arrojarse a la deriva e insumisión para doblegar y saltarse las leyes injustas y esquivas. Algunos pensarán que a la fuerza, craso error, ¡por favor, no les quitemos su mérito!, porque lo único que harían «a la fuerza» sería morirse y, en cambio, se resisten, abrazando hasta la última gota de probabilidad para alcanzar el paraíso en vida.

Los últimos no tienen el respeto de quienes lideran las religiones. Tampoco tienen voz propia. Les han suplantado sus deseos y aspiraciones por cuentos infantiles, fantasmas angelicales y laberintos teológicos sin salida ni eco.

La teoría de la relatividad de Einstein es un juego de palabras insensato e ilógico al lado de la retórica religiosa sobre la esperanza y sus promesas, sus paraísos y bienaventuranzas. Sin embargo, es más fácil viajar a la velocidad de la luz que encontrar consuelo en el carácter sedentario y sedante de la esperanza basada en la fe.

Con frecuencia, llegado el momento de la tribulación y la desesperación, las religiones muestran de qué miserable pasta está hecha su retórica esperancista. Ojalá nunca la necesites, amigo, porque descubrirás con desilusión el engaño, el gran fraude. Piensa por ti mismo. No les dejes tu corazón porque se lo comerán vivo. No les dejes tu mente porque te la borrarán por completo. No les creas ni una palabra, es pura cosmética gramatical. Un truco de magia. No hay gracia ni amor ni paraíso. Su (falsa) esperanza se baña en un mar de desgracias que no conocen, aunque les lleguen hasta el cuello, hasta el mismísimo alzacuellos. No tienen autoridad moral para hablar de esperanza. Su esperanza es un abismo de odio misógino, por mucho que tengan a dios siempre en los labios y sus palabras te sepan a miel. Y en fin su esperanza es un canto a la claudicación y al infierno en vida, ideal para el sostenimiento del goce y disfrute de los malvados.

Su lamento por la falta de vocaciones es el síntoma evidente del fracaso de su retórica esperancista. Su desprecio por las esperanzas mundanas es la clave para medir su esquelética ideología sobre la esperanza. Su sermón de odio y represión contra el cuerpo y los placeres sexuales es la marca indeleble de su falsa esperanza.

En plena noche a nadie se le ocurriría pedirle al ciego que le señale por dónde sale el sol. En alta mar a nadie se le ocurriría pedirle al náufrago que le señale por dónde se avista tierra. Por ello no les pidáis a los clérigos ni a los creyentes que os señalen por dónde está la esperanza, os enviarán por el camino equivocado a sabiendas. En su fuero interno lo saben: ¡No hay nada que esperar!, salvo lo que cada uno mismo espere, y esa espera se construye, no es pasiva, no es contemplativa. Contemplar el desastre no es espiritual ni ninguna muestra de fe. Si llega el desastre es porque antes no se construyó la esperanza. Los principales destructores de esperanza son los teólogos, las religiones y sus sagrados administradores. En el desierto de la nada tienen su coto privado de caza, de caza de almas.

En las religiones no hay esperanza para los desposeídos. Su esperanza (la de las religiones) es la contraley necesaria para afianzar los intereses que la ley ya garantiza a los poderosos. La ley les garantiza la propiedad de sus bienes, aunque les sobre para vivir varias vidas. Y la contraley religiosa les garantiza el perdón añadido de los desheredados, para que no les corroa la envidia. La ley les garantiza la inmunidad por sus fechorías. Y la contraley de la fe les asegura por añadidura el silencio cómplice y comprensivo de las víctimas. La ley les premia con escaños por sus ansias de poder. Y la contraley divina les protege doblemente con la adoración y la subyugación de los súbditos.

No hay esperanza para los desposeídos. En la increencia hay más riqueza y libertad y compasión que en las religiones. En el ateísmo la esperanza no se juzga por lo que creas o dejes de creer, sino por lo que construiste con ella y por ella. Es decir: si llegados al abismo tuviste la precaución de construir un puente; si llegados a la soledad tuviste la valentía de ser un ejemplo de fiel compañía; si llegados al infierno tuviste la osadía y el arrojo de escapar y enseñarle la salida a otros.

Uno se sabe en brazos de la esperanza cuando se siente en casa, en casa, cuando sabe que hay quien le Cuida, quien le Ama, quien le Sueña, quien le Acompaña. Y ese tipo de esperanza es muy profana, muy de carne y hueso, muy humana, no es etérea, no es divina, no es un sarpullido de poético misticismo. Quien le comprende, quien le abraza, quien le sigue hasta el fin del mundo, quien le adivina el pensamiento. Quien le corrige, quien le acepta, quien le sana, quien le acaricia. Quien… Quien… ¿Quién?

Proclamar hoy la noche oscura del alma no es más que abrir la veda para la caza de los espíritus disidentes, para arrebatarles la única esperanza verdadera que tienen los desposeídos: la capacidad de construir un mundo mejor para los que vendrán detrás. 

13 de novembre 2020

Inmatriculaciones y desidia política

por Alicia Alcalde Villares.

Hace escasos días recibíamos la noticia de que el listado de los bienes inmatriculados por la Iglesia Católica en nuestro país, entre los años 1998 y 2015, había sido remitido a la mesa del Congreso. Tras dos años de obrar en poder del Gobierno de España, finalmente se iba a poner a disposición de los representantes de la soberanía nacional e iba a ser posible su público conocimiento.

La noticia ha resultado ser falsa. El Gobierno de Rajoy, en 2018, cumplía con el mandato aprobado por el Congreso a instancias del PSOE y obtenía una lista parcial (faltan todos los bienes inmatriculados entre 1978 y 1998) de dichos bienes. Dos años después, el propio PSOE, junto con los demás partidos de la coalición de Gobierno, parecen considerar que la ciudadanía española aún no es merecedora de conocer el alcance del expolio monumental perpetrado por los Obispos españoles. Expolio efectuado al amparo de una ley franquista, adecuadamente amañada por el, en su día, Presidente Aznar y con la colaboración inestimable de los Registradores de la Propiedad y que ha supuesto una usurpación al dominio público y privado de unos 40.000 bienes, cifra reconocida en su día por el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Fernando Giménez Barriocanal. De esta manera llegamos a lo que es una anomalía en toda Europa y es que una organización privada y en última instancia un Estado extranjero se conviertan en los mayores poseedores de patrimonio por delante del propio Estado español.

El Gobierno de Aragón, tampoco considera que la ciudadanía aragonesa tenga derecho a conocer cuales son los bienes de sus pueblos, parroquias, diócesis, barrios y pedanías, que los Obispos han inscrito a nombre de la Iglesia.

Desde abril de 2018, el Gobierno de Aragón cuenta con el listado del número de bienes inmatriculados por los obispos en cada diócesis aragonesa entre 1998 y 2015, que asciende a 2.023. Este listado se pudo obtener tras la aprobación de una Proposición no de Ley efectuada en su día por Podemos. Falta por requerir a los Registradores el listado con el contingente de los bienes inmatriculados entre 1978 y 1998 y que puede ser un número incluso superior. Téngase en cuenta, a modo de ejemplo, el fervor inmatriculador sufrido por el Arzobispo Elías Yanez en su archidiócesis de Zaragoza durante los años 80, que no dejó prácticamente ningún bien sin inmatricular, e incluso inmatriculó alguno que ya lo estaba. Además de parcial, dicho listado es meramente numérico, queda por conocer la información registral de dichos bienes, para poder saber exactamente de qué bienes se trata y ejercer las acciones necesarias para su reversión al dominio público.

Pues bien, en la primavera de 2019, la asociación MHUEL recibió alentadoras palabras del Sr. Gimeno, el entonces Consejero de Economía y Hacienda del Gobierno de Aragón en el sentido de que se iba a recabar a los Registros esta informacón.

Palabras alentadoras que las inmediatas elecciones diluyeron en el olvido y que su sucesor en el cargo el Sr. Pérez Anadón se muestra extraordinariamente remiso a recordar. Por cuatro veces se le ha solicitado que se reúna con la asociación para tratar de este asunto y otras tantas ha dado la callada por respuesta.

¿Cuál puede ser el interés del Gobierno de España y el de Aragón para escamotear a la ciudadanía una información de tal importancia y envergadura?

¿Puede ser que en las negociaciones con el Vaticano que está manteniendo el Gobierno, estos bienes —o al menos algunos de ellos— se estén utilizando como moneda de cambio?¿A este cambalache se refería el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez en su discurso de investidura cuando decía que establecería un nuevo marco de relación con la Iglesia Católica que garantizara la laicidad del Estado.?

Un Gobierno que tiene el Laicismo como un principio esencial de su programa no puede por más tiempo mantener este escándalo monumental oculto. Es hora ya de que la izquierda de este país —cuando llega al Gobierno— deje de tratar a la Jerarquía católica con un temor reverencial absolutamente impropio de los representantes democráticamente elegidos de un Estado de Derecho.

28 d’octubre 2020

Ser massa vell és una putada

No ho dic per experiència pròpia, perquè encara no en sóc, tot i que ja estic sobrepassant l’edat adulta. Tinc 60 anys i he començat a viure’n alguns símptomes, en fase incipient.

Pèrdua d’agilitat mental, menys paper social i familiar, faltes de memòria, menys força física i psicològica, problemes d’erecció, falta de desig, una certa depressió, malenconia, debilitat emocional, fases de cansament, irritabilitat, poca il·lusió i motivació... però també, menys necessitat de sentir-me responsable, gust per no fer res, satisfacció per un paisatge, un passeig, una lectura, una trobada, felicitat per simplement estar amb la meva companya, amb els meus fills; també, pensar que he cobert una part important del meu cicle vital, no només entès en el sentit físic si no també en el social, familiar... no perquè no pugui seguir estant o fent coses, però ja no des d’una posició o lloc de principal responsabilitat, o des d’un paper més necessari.

He entrat a l’edat d’estar, però qui ha de fer, en essència, son els altres; puc ajudar, però només si em necessiten; vull tenir estimació, amor, carinyo, amistat, sí, però sense ser una càrrega, sense haver-los d’exigir o tenir desesperació per aconseguir-los.

I per això penso que ser massa vell, és una putada. Per un mateix, principalment, però també pels altres.

Si entenc la vida com un cicle amb principi i final, no em puc fer trampa entenent molt bé el naixement, l’infantesa, la joventut, la fase adulta i, en canvi, no reconèixer els indicis que et preparen pel final i no acceptar-lo.

Tothom “sap” que es morirà, però poques persones hi pensen com un fet cert, amb les conseqüències que se’n deriven. I ja no dic, com un fet acceptable.

Ningú resistiria de cop, que la pèrdua d’agilitat mental esdevingui demència senil; que un menor paper familiar es converteixi en ser una càrrega constant pels més pròxims; que el declivi físic, el cansament, comporti la manca d’independència, de privacitat, de capacitat de decisió, de dignitat... pels actes més senzills, com complir les necessitats fisiològiques essencials, o sortir a passejar, o no poder fer-se ni el menjar; o l’anar-se tancant cada cop més en el reduït mon propi de les malalties i els dolors, de la solitud... en la mateixa mida que deixen de preocupar-te els problemes i vida dels teus.

La primera qüestió, el primer repte, és la dificultat de saber o decidir quant ha finalitzat (o ha de finalitzar) el teu cicle vital, de manera que, sense renunciar a envellir, no arribis als extrems de manca d’independència i de autonomia i dignitat personal que mai volies arribar, i ja no estiguis en situació efectiva de decidir-ho.

No és incompatible la satisfacció pel què has viscut, com ho has viscut, el què has fet en el conjunt de la teva vida, amb la necessitat pràctica de controlar-ne el final, de poder abandonar el mon amb independència, amb dignitat, amb autonomia, amb amor, amb companyerisme, i amb enteniment propi i una certa capacitat intel·lectual.

La societat actual, absolutament contaminada amb el fet religiós i els diversos interessos econòmics i de poder, converteix el fet inevitable de la mort, de morir, que hauria de ser assumit i acceptat com normal i natural, en la pèrdua d’una batalla impossible, batalla en la que cal que la persona arribi al límit físic.

Això passa per qüestions d’ordre religiós que imposen la indisponibilitat de la pròpia vida; per qüestions d’interessos econòmics de farmacèutiques, sistema sanitari, residències...; i per qüestions ideològiques, ja que el tractament donat a la mort, i a la vellesa, ha estat sempre un pilar per reforçar les diferents opcions de poder a les societats de qualsevol època.

Cal que arribi al límit físic, no importa que el mental, psicològic, estigui tant deteriorat que aquella persona ja no és la que sempre ha sigut.

I el límit físic arriba a aberracions d’autèntic acarnissament terapèutic en molts hospitals amb persones que tenen malalties terminals, incurables, i d’abandonament assistencial i situacions que podrien qualificar-se de tortura, en la solitud de residències de gent gran.

Per portar la gent al límit físic convé alimentar la por a la mort. Pervertir tot el què suposa relació humana i estimació, amb l’idea que mentre el cos viu i respira, aquella mare, germà, fill, company, encara no se’n ha anat.

I en aquesta perversió hi col·laborem tots. El malalt, el vell, aferrant-se a la vida sense cap sentit, no volent morir; i els que l’estimen, retenint-lo viu més enllà de tota lògica, de qualsevol justificació, de qualsevol mida... o delegant / permetent que altres ho facin i decideixin per nosaltres: sistema sanitari, metge de torn, residència, fanatisme religiós, obcecació familiar...

El cicle de la vida, sigui humana, animal o vegetal, és sempre el mateix: naixement, infància o desenvolupament primari, joventut, fase adulta, envelliment i mort.

Mantenir la vida a nivell físic més enllà de qualsevol raonament lògic, tal i com s’imposa majoritàriament a la societat actual, és el mateix que mantenir un ram de flors que era preciós, olorós, agradable, a sobre la taula del menjador quant ja s’ha marcit, és lleig, fa pudor i s’està podrint. És com mantenir amb vida el nostre estimat gos, que ja no corre, no es pot moure, que arrossega les cames i jeu a terra tombat durant dies amb la mirada trista de no entendre què l’hi està passant.

Per evitar, d’entrada, veure’s atropellat per les formes d’actuació imperants, caldria tenir algunes coses clares, establertes, acordades primer amb un mateix, i després dins l’entorn pròxim, familiar.

Per que el més fàcil és no qüestionar, és deixar-se portar, no enfrontar-se... sempre tindrem justificacions...

Tothom sap que si et cases per l’església, no tens cap dels problemes que has d’afrontar si et cases pel civil o, encara més, si t’ajuntes segons el teu criteri. No calen papers especials, registres complicats, justificants laborals específics... És la fórmula, el casament, que la societat legal i oficial accepta i promou, i el casament catòlic, el que té més facilitats.

Per això, son molts els qui ni es qüestionen que hi hagi altra forma de fer, que casar-se per l’església catòlica.

Amb els enterraments passa igual. A quants hem assistit de companyes i companys, que no eren precisament catòlics ni religiosos, però on la cerimònia ha estat presidida per una creu i un capellà, tothom resant, aixecant-se i asseient-se a ritme de benediccions, parenostres i aigües beneites... i el capellà explicant la vida del mort en termes religiosos totalment fora de lloc. És la fórmula que més accepta i promou la societat legal i oficial, i l’enterrament catòlic, el que té més facilitats... i t’evita enfrontaments familiars amb tiets carques, o tensar les convencions socials.

És el camí més fàcil, per això son immensa majoria els qui ni es qüestionen que hi hagi altra forma d’enterrar que la catòlica.

Amb la mort i, tant més, amb el fer-se vell, passa exactament igual. Son temes en els que abandonem el raonament lògic, l’esperit crític, l’esforç per avançar, que apliquem a les altres qüestions importants de la nostra vida. Temes en els que alienem la nostra capacitat de decisió, ja sigui pròpia o cara a un familiar, en professionals, en convencions socials... que ens porten a un escenari al·lucinant, però “normalitzat” com a “inevitable”, que mai hauríem volgut ni acceptat per nosaltres, ni pels que estimem.

Com en totes les situacions on hi ha entreteixides qüestions de tradició, de superstició o religió, temes tabú... amb una organització social o sanitària que té protocols establerts i dinàmiques pròpies, és fàcil moure’s en una indefinició que comporta, inevitablement, ser engolits per les pràctiques imperants, rendir-nos a la “normalitat” en moments de forta càrrega emocional on qualsevol decisió “diferent” té grans, enormes, resistències en contra (socials, familiars, emocionals, legals, religioses, professionals, econòmiques, ..., inclús mentals i ideològiques pròpies).

Convé, per tant, arribar a aquests escenaris complexes, amb les dues o tres qüestions importants analitzades, preparades i decidides, de forma que no malmetin un final que hauria de ser digne, intensament emocional, enriquidor i, per què no? encara que trist, també satisfactori.

Si al llarg de la vida hem intentat, no sense esforç ni dificultats, que la nostra existència fos autònoma, joiosa i solidària, ¿com podem fer que la nostra vellesa, i la nostra mort, siguin reflex del mateix criteri?

I no al contrari, com succeeix majoritàriament, on les normes, les religions i convencions socials, els “convenciments” no qüestionats, ens porten cap a aquesta “normalitat” tant anormal.

Ramon.