Tradueix

04 d’agost 2019

¿Aún se puede hablar de Dios o ya no?

La publicación en España de «Los jinetes del Apocalipsis», la célebre conversación entre Dawkins, Hitchens, Dennet y Harris sobre el ateísmo coincide con un inopinado renacimiento de la religión.


por Manuel Ligero

Hace unas semanas el diario El País titulaba una entrevista con el genetista Ginés Morata con la siguiente frase: “Dios no nos ha creado a nosotros: los humanos hemos creado a Dios”. Merece la pena detenerse en el comentario del periodista Josep Ramoneda a cuenta de aquel texto: “Vivimos tiempos extraños en los que hay que subrayar lo obvio”. El tema, aunque obvio, sigue provocando encendidos debates.

Con el título Los jinetes del Apocalipsis, la editorial Arpa ha publicado la transcripción de la célebre conversación que mantuvieron en 2007 los cuatro intelectuales que forjaron el movimiento del Nuevo Ateísmo: Richard Dawkins, Daniel Dennett, Sam Harris y Christopher Hitchens (fallecido en 2011). Asistimos al debate informal de cuatro señores que, dando rienda suelta a su vasta erudición, pontifican sobre lo divino, lo humano y lo científico en el mejor estilo del profesor universitario: hinchándose como palomos. Pero la forma no debería perturbar el fondo del mensaje. Lo que dicen es verdad. Y en su descargo habrá que decir que a aquella reunión también estaba invitada una mujer, la somalí Ayaan Hirsi Ali –activista contra la mutilación genital femenina y guionista del polémico cortometraje Sumisión (2004)–, pero un viaje relámpago a Holanda, donde era diputada, lo impidió.


 ¿Qué ha conseguido, doce años después de aquel debate, el Nuevo Ateísmo? ¿Progresa o está en retirada a causa de la hipersensibilización de la sociedad? ¿Es más difícil criticar la religión hoy en día que, por ejemplo, hace dos décadas, cuando no existían ingentes hordas de ofendiditos armados con el altavoz que les brindan las redes sociales? “Desde el punto de vista intelectual o filosófico, no. Al contrario, es más fácil”, explica Albert Riba, presidente de Ateus de Catalunya. “Porque cada vez se ve con más claridad la falta de consistencia de los planteamientos religiosos”. A juicio de este veterano librepensador, la dificultad estriba no tanto en el revuelo tuitero como en “la estructura social, política y jurídica que se ha trabado a lo largo de muchos años para que no te apetezca hacer ningún tipo de protesta contra los privilegios de la Iglesia. Si lo haces, empiezan tus problemas”. Riba se refiere, en clave puramente española, al artículo 525 del Código Penal, que regula los delitos contra los sentimientos religiosos e impone una pena de ocho a doce meses. “Lo de los sentimientos vale para todo. Es un delito totalmente subjetivo. Tú puedes sentirte ofendido por el tono en el que te digo buenos días. ¿Cómo me puedo defender yo de eso?”, se pregunta.

CRITICAR DUELE

El principal reproche que se les hace a los cuatro jinetes es su insolencia a la hora de tocar un tema que es muy sensible para mucha gente: su fe. “Cuando alguien me acusa de ser grosero, fiero o terriblemente agresivo por algo, le pregunto si lo consideraría grosero si estuviera hablando de la industria farmacéutica o de los intereses petroleros. ¿Entonces me estaría extralimitando? Pues no”, arguye Daniel Dennett en la conversación.

La filósofa Marina Garcés acuñó una frase que encaja perfectamente en este asunto: “El consenso es la censura cuando todo se puede decir”. ¿Hay un consenso en torno a la religión? ¿Debemos evitar ese debate, consensuadamente, para no herir a los demás? Albert Riba sabe que “criticar las creencias de las personas religiosas es doloroso y hiere sus sentimientos” pero tanto él como su asociación se rigen por un precepto invariable: “Todas las personas son respetables y todas las ideas son criticables. Sin excepción”. Y así llegamos al punto más espinoso la cuestión: la confusión entre ateísmo e islamofobia. “No tienen nada que ver”, asegura. “La islamofobia es odiar el islam y a quienes lo practican. Los ateos somos críticos con el islam, claro que sí, lo mismo que con el cristianismo, el judaísmo o el budismo. Para nosotros, todas las religiones son montajes para tenernos dominados. Pero yo a usted, creyente, no le odio. Lo que ocurre, simplemente, es que lo que usted me cuenta es un cuento macabeo”.

Tras explicar las diferencias filosóficas entre el materialismo (que dice que solo hay una realidad: la tangible) y el dualismo (que dice que hay dos realidades, una tangible y otra intangible o espiritual), Riba juega su carta ganadora: “Deme pruebas, demuéstreme usted que existe esa realidad intangible o ese ente sobrenatural, y yo ya creeré. Pero si todo es una cuestión de fe, y esa fe se la da ese dios, pues entramos en un círculo vicioso”. Su argumento se parece mucho al del recordado Carl Sagan: “Es perfectamente posible imaginar que Dios —no un dios omnipotente o un dios omnisciente, sino un dios razonablemente competente—, podía haber dejado pruebas absolutamente claras sobre su existencia”.

UNA CUESTIÓN DE GÉNERO

“Nosotros somos defensores de la libertad de conciencia”, proclama Albert Riba. “Si alguien quiere creer en un dios, que crea, siempre y cuando cumpla dos requisitos: no me obligue a mí a creer en él y no perturbe al resto de ciudadanos”. La estadounidense Karen L. Garst, autora de varios libros sobre feminismo y ateísmo, coincide con el presidente de Ateus de Catalunya y pone especial énfasis en esa cualidad pública de la religión, en cómo afecta al funcionamiento de la sociedad. “Estoy muy preocupada por el protagonismo que la religión tiene hoy en la política de mi país. Se utiliza para casi todo, incluidas las nuevas leyes para restringir el derecho al aborto. Si la gente quiere ir a misa los domingos, pues que vaya. Pero que lo dejen ahí, que no lo saquen fuera”, explica Garst a La Marea.

Pero fuera está, y en el caso de España la religión se mueve por las aulas a toda velocidad. Según el último barómetro del CIS, en nuestro país hay un 70,4% de creyentes (el 67,5% son católicos), aunque de ellos, el 62,1% no asiste “casi nunca” a misa u otros oficios religiosos. Este escaso interés por la observancia religiosa contrasta con la importancia que va ganando el catolicismo en la educación. La educación concertada crece en 20.000 alumnos nuevos cada año. Estas escuelas reciben más de 6.000 millones de euros anuales de los fondos públicos. Seguramente no se trate de fábricas de beatos reaccionarios y creacionistas, pero cada niño y cada niña recibe allí su ración de dualismo, por utilizar la terminología de Riba. “Todos estamos influenciados por nuestra cultura”, asegura Garst. “Yo era luterana porque mis padres eran luteranos. E iba a la iglesia porque ellos iban a la iglesia. Mucha gente no sale nunca de esa burbuja”. Esta doctora en Filosofía explica a la perfección la importancia que el ámbito social tiene en la formación de la fe: “Yo crecí en una comunidad [Bismarck, en Dakota del Norte, donde su padre era diácono] en la que todas las personas que yo conocía iban a la iglesia. Era parte de la vida de todo el mundo. Y luego además fui a una universidad evangélica. Pero cuando salí de allí dejé de frecuentar la iglesia. Me resultaba muy raro ir si no conocía a nadie”.

En su evolución intelectual, ateísmo y feminismo han ido siempre unidos: “Creo que la religión ha sido muy dañina para las mujeres y que hoy aún se usa para mantenernos en nuestro sitio”. Ese sitio, identificado metafóricamente con la cocina, quedó representado en vivo y en directo en la misa que el papa Benedicto XVI dio en la Sagrada Familia, en Barcelona, en 2010: siete monjas limpiaban el altar y ponían los manteles bajo la atenta mirada de un montón de sacerdotes inmóviles. La escena aún le pone los pelos de punta a Albert Riba.

Hay que recordar que en España hay más de 170 establecimientos educativos segregados por sexos, la mayoría de ellos vinculados al Opus Dei, y que su financiación con dinero público fue blindada por el ministro José Ignacio Wert en su ley de 2013. “Vivir sin religión es especialmente importante para las mujeres porque la religión, durante milenios, se ha usado para negar la igualdad de derechos. Y las mujeres debemos cuestionarnos seriamente la religión si queremos que esos derechos sean extensivos a todas nosotras”, explica Garst.

Curtida como los ‘jinetes’ en esa tradición tan anglosajona del debate público, la autora no rehuye los ambientes hostiles —“no hay que malgastar tiempo hablando de esto con gente con la que ya estamos de acuerdo”, asegura— y opina que lo que no consiga con su activismo acabará ocurriendo, inevitablemente, con el paso del tiempo: “Las encuestas dicen que, a pesar de los esfuerzos de Trump, hay un número creciente de ‘no creyentes’ en Estados Unidos. Creo que cuando muramos los ‘baby boomers’ [los nacidos entre el fin de la II Guerra Mundial y los años sesenta] y los ‘millennials’ se hagan cargo de la situación, la cosa cambiará definitivamente”.

LA IZQUIERDA Y LA FE

El tema religioso posee, evidentemente, una vertiente política. En el caso de Albert Riba esta vinculación está muy clara: su asociación tiene su propio mártir, Francesc Ferrer i Guàrdia, pedagogo anarquista y librepensador ejecutado en 1909 tras los sucesos de la Semana Trágica. Hoy, su gran pena es que la izquierda se haya desentendido y haya dejado el tema del laicismo manos de la derecha, como ha ocurrido en Francia, donde los términos laico e islamófobo se han mezclado hasta formar un cóctel tóxico. Y para complicar más la cosa: en España son muchos los políticos de izquierdas que se declaran abiertamente creyentes. “Creo que, si exceptuamos a indeseables como José Bono, esa gente es buena y honrada –concede Riba–. Pero un izquierdista, alguien que crea, por ejemplo, en la igualdad entre hombres y mujeres, se contradice si acepta los dogmas de la Iglesia. Pero, efectivamente, en su fuero interno una persona puede ser una cosa y la contraria al mismo tiempo. Las personas somos así de raras”.

Lo que Riba se resiste a aceptar es la vinculación que a menudo se hace entre bondad y fe, sobre todo en el ámbito cristiano. Como dice Sam Harris, “la fe da malas razones para comportarse rectamente, aun habiendo buenas razones”. Lo que traducido al vehemente lenguaje de Riba vendría a ser así: “Hace unos días, en el Tribunal Supremo que lo estaba juzgando, Oriol Junqueras dijo lo siguiente: ‘Yo soy bueno porque soy católico’. A mí es que me indignan esas memeces. ¿Entonces yo soy malo por no ser católico?”.
En cualquier caso, no se puede negar la importante labor social que hace la Iglesia. Riba elogia, por ejemplo, el trabajo del pare Manel Pousa en Barcelona. Entre los ateos esa duda sobrevuela continuamente sus convicciones. A la larga, ¿estaremos haciendo algo malo?, se preguntan. De los 'cuatro jinetes', Daniel Dennett es quien representa la postura más conciliadora: “Personalmente, he conocido a individuos que, si una u otra organización religiosa no los hubiera aceptado sin juzgarlos, tendrían una vida muy solitaria [sobre este tema es muy recomendable ver El creyente, la espléndida película de Cédric Kahn]. No veo que el Estado esté desempeñando bien ese papel de socorro y confort, así que hasta que no encontremos organizaciones laicas que asuman esa humana tarea, no estoy a favor de prescindir de las iglesias”. Riba remata la controversia con un argumento difícilmente cuestionable: “¡Con el dinero que tiene la Iglesia católica yo también haría ese papel de socorro! ¡Y con la mitad! Estoy seguro de que yo haría muchas más cosas. Como mínimo no me montaría un ático de lujo como el de Rouco Varela”.

SI USTED ES CREYENTE, TAMBIÉN ES UN POCO ATEO

El escepticismo de los creyentes respecto a otras religiones es algo perfectamente normal y aceptado. Este es un matiz que no escapó a la perspicacia de ‘los cuatro jinetes’: “Todos los devotos vierten las mismas críticas que nosotros respecto al resto de religiones. Reniegan de los falsos milagros, de las falsas premisas y de las certezas de los demás. Detectan los abusos de confianza en la fe ajena, y los detectan con cierta facilidad. Todo cristiano sabe que es imposible que el Corán sea la voz perfecta del creador del universo, y que todo aquel que lo crea no se lo ha leído con mucho detenimiento”, explica Sam Harris en el coloquio.

26 de juny 2019

L'assignatura de Religió i l'accés a la Universitat

Eugenio Piñero / professor de filosofia i vicecoordinador de valència laica

... l'Església Catòlica pretén omplir les seves aules d'alumnes àvids de «déus» que compten per a l'accés a la Universitat...

Aquest interessant article (en castellà) el podeu trobar a:
https://www.levante-emv.com/opinion/2019/06/25/asignatura-religion-acceso-universidad/1893531.html

25 de maig 2019

Ser cristià i d’esquerres és racionalment poc probable

Per Albert Riba, President d’Ateus de Catalunya. www.ateus.org

És una pregunta interessant que es pot abordar des de les més diverses vessants. Tractaré de fer-ho el més senzill possible.

Per entendre'ns, primer cal explicar què entenem per «ser cristià» i què per «ser d’esquerres».

El cristianisme està format per una munió d’organitzacions diferents —moltes d’elles contradictòries— que durant la història s’han estomacat de valent (catòlics, protestants, ortodoxes...). Totes elles disposen d’uns dogmes ad hoc, però que son diferents segons els interessos del moment. Un dogma és una proposició que no pot ser qüestionada, donat que és una «veritat» revelada per un ésser superior (del qual no en tenim cap prova). A més, aquests dogmes tenen essencialment dues característiques: que són inversemblants, i que no es pot comprovar la seva veracitat. En qualsevol cas —i per molt que les proves indiquin el contrari— les religions mantenen que els seus dogmes són veritables i que qüestionar-se el tema és pecat; en alguns casos tan greu que mereix la pena de mort amb tortures incloses.

Als anys cinquanta del segle passat, l’avenç en les comunicacions i l’inici de la globalització, van fer replantejar la seva estratègia a totes les forces del planeta. El Vaticà no podia ignorar els senyals de canvi i començà l’anomenat «aggiornamento» a través del Concili Vaticà II. Un dels efectes de la tan italiana expressió «cal canviar-ho tot, perquè tot continuï igual», és l’aprovació per part de l'església del dret a la llibertat religiosa —donat que ja no podia mantenir els estats confessionals enlloc, excepte a Espanya— i l’extinció dels partits cristianodemòcrates, substituint l'estratègia per l’afiliació als grans partits (a l’estil de l’entrisme trostskista). Així neixen els «cristians pel socialisme», la «teologia de l’alliberament», el «cristiano-marxisme», etc

El fet és que al haver-hi persones que s’autodefineixen com a «cristians d’esquerres», es creen greus crisis ideològiques (volgudes o provocades?) dins dels partits de l’esquerra clàssica.

I què fan quan entren en contradicció les idees i els dogmes? Normalment la solució que troben és declarar que no pot haver-hi contradicció, i emparant-se en que el dogma és una veritat immutable i bona per definició, no pot estar en contradicció amb res que també sigui bo. Si la posició d’esquerres no quadra, el que cal fer és modificar-la de forma que quedi bé, ja que és la part variable (?) donat que no és un dogma.

Encara és més difícil esbrinar què és ser d’esquerres. D’entrada cal esmentar que la raó forma part de l'essència del progressisme d’esquerres —element contradictori amb els dogmes— en un món racional i racionalista en el que tot el que no és discutible i criticable no hi té cabuda. També l’igualitarisme i la democràcia assembleària son trets identitaris de les posicions d’esquerres. A les religions occidentals la jerarquia i l’autoritarisme son les normes habituals.

Avui veiem que als partits hereus de l’esquerra clàssica hi ha minories de bloqueig —de no més del 15%— que amenacen amb trencar el partit si no s’accepten els seus indiscutibles postulats de deixar que les religions segueixin mantenint la seva condició de privilegi; circumstància que —des del nostre punt de vista— és totalment contradictòria amb una posició d’esquerres. Tot i que alguns d’aquests ciutadans defensen sincerament i intel·lectualment la laïcitat.

Per tant, encara que —dit amb tot el respecte— sé que hi ha persones que —segurament de forma honesta— defensen la seva doble adscripció al cristianisme i a l’esquerra, a mi em sembla racionalment poc probable que de forma general això sigui possible.

Aquest article ha estat publicat aLa Directa”, el 14/05/2019

09 de maig 2019

Existeix Déu? Un cop d'ull als pensadors i arguments del segle XXI



Santiago Sánchez-Migallón, va publicar un interessant i recomanable treball (en castellà) sobre l'existència de déu.

Aquí us n'oferim la traducció dels primers paràgrafs. 
Si hi teniu interès, podeu clicar l'enllaç que trobareu al final per accedir a l'original.

Estem, afortunadament, en una època en la qual (almenys a Occident) declarar-se ateu ja no és un delicte que pogués portar-te a la presó o a alguna cosa pitjor. La conquesta de les llibertats de pensament, expressió i culte ha permès, no només la convivència pacífica de diferents credos (els diferents grups protestants i catòlics —l'Islam ja és un altre tema— ja no es massacren mútuament ), sinó que també l'opció per l'ateisme sigui tan respectable com qualsevol altra.

Això ha possibilitat quelcom força positiu: que els arguments ateus guanyin força i visibilitat, el que ha fet créixer el debat entorn del sentit i la veracitat de les religions.

A més, en els últims anys aquest combat dialèctic entre ateus i teistes s'ha intensificat, potser al principi a causa de la polèmica al voltant del creacionisme a Amèrica del Nord, després per l'activisme públic de figures atees de prestigi intel·lectual com el biòleg britànic Richard Dawkins (potser el més destacat ateu de l'actualitat, promotor de la famosa campanya dels autobusos ateus), els filòsofs Daniel Dennett, Sam Harris o Collin McGinn, o el desaparegut Christopher Hitchens; juntament amb "sortides de l'armari ateu" de notabilíssimes figures del món de la ciència com el Premi Nobel de física Steven Weinberg o el celebèrrim Stephen Hawking.

La resposta per part dels creients no es va fer esperar i, per aquest costat tenim com a figures destacades al teòleg de Harvard Richard Swinburne, a Alvin Plantinga, a l'original pastor anglicà Don Cupitt, o l'influent escriptor Dinesh D'Souza entre tants altres. De la mateixa manera, molts científics com, per exemple, el brillant genetista Francis Collins, han confessat les seves creences religioses intentant mostrar que ciència i religió no tenen per què ser enemigues.

Com a introducció a aquesta interessantíssima polèmica farem un recorregut pels principals arguments a favor i en contra de l'existència de Déu:

Per seguir llegint (en castellà), aneu a Magnet.
(Feu servir, si us plau, aquest blog Gaietà Ripoll per fer els vostres comentaris.)